Voces del Periodista Diario
Mouris Salloum Opinión

Mató seis mujeres; quiere mucho a sus mascotas

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Si, como informa la conseja popular, cada cabeza es un mundo, ¿es posible que la autoridad policial o ministerial pueda colocar un gendarme a que vigile la masa craneana de cada individuo en México? Requeriríamos por lo cinco millones de guardias nacionales. Quién sabe si resulten pocas.

Coloquémonos en un cuadrante, no necesariamente imaginario: Si el vecino es un experto en Krav Maga, el adiestramiento más letal que imparte el Ejército israelí, y ese sujeto ama a sus mascotas, pero odia a las mujeres, ¿cómo imaginar que de ese instinto pasará a la acción directa?

Anticipan algunas narrativas cinematográfica o televisiva: El contenido de esta serie es ficticio, cualquier semejanza con la vida real es mera coincidencia.

La callada por respuesta a la angustia familiar

No es mera coincidencia lo que señalamos en el párrafo anterior cuando se trata de la galopante criminalidad en el estado de México, como resultado de la complicidad y la impunidad que inspira a ciertas personas a imitar acciones delincuenciales no castigadas: El secuestro, el homicidio, asaltos domiciliarios o en el transporte público, etcétera; todos tipificados como delitos de alto impacto.

Si vale la acotación, se trata de un fenómeno que se observa en la mayoría de los estados de la República. Si se menciona a aquella entidad, es porque aparece en los primeros sitios -en algunos tipos penales el primero- de la geografía nacional. 

En la colonia Santín, del municipio de Toluca, capital del estado, el otoño pasado se dio un macabro suceso, cuya hebra inspiradora del hilo conductor se localizó en el municipio de Ecatepec, del mismo estado, que se lleva las palmas nacionales en tan peligrosas asignaturas.

Un mortificado padre acude a la Fiscalía General del Estado a reportar que su joven hija ha desparecido. En esa dependencia se da la callada por respuesta.

El asesino serial del Valle de Toluca (Edomex)

Pasados los días, acaso por denuncias vecinales, en determinado domicilio del barrio antes nombrado, se halla el cuerpo de una mujer que después es identificada, así como la identidad de su victimario.

Antes que inmediatamente, la autoridad imprimé sus boletines y, por supuesto, ofrece la recompensa a quien dé información sobre su paradero.

Los forenses asisten a la escena del crimen: No es uno, son tres los cadáveres localizados, algunos con señales de tortura y estrangulamiento. No son una ni tres las víctimas, ya se llega a seis. Todas, mujeres. Conclusión: Estamos frente al caso de un asesino serial.

El asesino serial no se amedrenta: Usa las redes sociales y, sorpresa, el primer material que hace circular son los boletines de los fiscales que, en vez de investigar, esperan que alguien responda a la oferta de la recompensa. El buscado, pues, se pitorrea de sus cazadores.

Finalmente, el homicida es capturado cuando ya los nombres de las víctimas recorren los cinco continentes. Vestido de jaula, el feroz sujeto hace una súplica a los ministeriales a cambio de detallarles motivos y procedimientos de sus crímenes: Por favor, si pueden rescatar y traerme a mis mascotas (para que lo acompañen y mitiguen su cautiverio).

Las pruebas no son aptas ni suficientes; usted perdone

Interesa saber en qué va el juicio del caso mexiquense, pero ya nos enteraremos. Lo que sigue es que, en la Ciudad de México, un tocayo del asesino serial (el nombre ya es del dominio público), por su alto grado de violencia, se convirtió en líder del cartel Unión Tepito.

Se le abrió carpeta por, entre otros delitos, secuestro. Orden de aprehensión cumplida; lo liberan. Segunda orden de aprehensión, ejecutada por elementos de la Armada de México.

Una jueza federal dicta de nuevo su liberación. Argumenta que las pruebas aportadas por los fiscales, no son aptas ni suficientes.

(Para empezar, la autoridad mintió para atribuirse la captura del presunto implicado, aunque, en un video, se identificó a sus verdaderos captores. Ay, las faltas al debido proceso.)

Poner un gendarme en el cerebro de cada mexicano, es misión imposible. Podría empezarse, en cambio, por contratar auditores que monitoreen la conducta de los procuradores y administradores de justicia. Siempre se puede andar, dando el primer paso, pero en firme. Vale.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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