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Me han robado mi niñez y mis sueños

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Acaso se encuentre a otros oradores hablar con la misma intensa pasión por México y su futuro. Por nuestra parte, nos quedamos con este llamado a la conciencia nacional: Nuestros hijos tienen todo el derecho a un suelo productivo, al aire limpio, al agua pura.

Hace 25 años, lo dijo también de otra manera: El futuro no nos pertenece; lo tomamos prestado de las nuevas generaciones. Fue Luis Donaldo Colosio quien habló así al emprender su sendero hacia Los Pinos. Él sí, que murió en el intento. Fue asesinado, para decirlo con más propiedad.

Un cuarto de siglo después, en México no hay agua pura ni aire limpio. El suelo es envenenado por las trasnacionales de los transgénicos, de la industria extractiva; por los devastadores de bosques y selvas, de ríos y los mares.

A aquella voz sofocada del sonorense, le responde hoy una audaz, triste e indignada a la vez, chica sueca: Me han robado mi niñez y mis sueños con palabras huecas.

Yo debiera estar en la escuela: Pero estoy aquí. Estamos en riesgo de extinción masiva y ustedes sólo hablan de cuentos de hadas sobre el crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?

Greta Tunberg, la chica sueca, habló en la máxima tribuna de la ONU, ahora ocupada en la Cumbre de Acción Climática. ¿Fue, de veras, escuchada por la audiencia, portadora de la prepotencia y omnipotencia políticas y económicas planetarias?

Lo dudamos. Si, como lo dejó dicho un ministro religioso en México, el neoliberalismo no tiene madre, ¿cómo esperar que se haga cargo de sus hijos?

Sólo la humanidad puede salvar a la humanidad

Greta habló en Nueva York, sede de la ONU: Desde Mónaco, con horas de diferencia, se habló también: No pregunten cómo, sino cuándo. La suerte está echada: El deshielo de la Antártida Occidental hará desaparecer Nueva York, Hong Kong, Shanghái… Lo mismo vale para otros continentes.

En la ONU se habla contra la guerra, contra la hambruna. Se denuncian todos los días crisis humanitarias y lo que pueda ponerse en la cartelera de hoy.

Greta hizo lo suyo. Pero recordamos a don José Ortega y Gasset: Hablar a las almas viejas no tiene sentido; es perder el tiempo. Vemos, sin embargo, que la voz de Greta se reproduce en millones de gargantas jóvenes en todas las capitales del mundo que claman por la Madre Tierra: Un grito en defensa propia.

De la periferia al centro algo puede ocurrir. Quizá con el hundimiento de Nueva York también termine por hundirse el búnker de la ONU. Para lo que sirve ahora, quizá nadie lo lamentará: Sólo la humanidad puede salvar a la humanidad. Es a lo que convoca la niña que no puede ir en paz a su escuela.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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