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México en la mira del nazifascismo

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Al modo del nativismo gringo: América para los americanos, en algunas ciudades fronterizas del norte, con motivo del fenómeno migratorio, se escucha de nuevo: México para los mexicanos.

El pasado 20 de julio se cumplieron 96 años del asesinato de Francisco Villa, en Parral, Chihuahua. Gobernando en México Álvaro Obregón, el general Nicolás Rodríguez Carrasco, compañero de armas de Villa, hizo aprestos militares para la toma de la península de Baja California desde los Estados Unidos.

Pasarían ocho años para que Rodríguez Carrasco, repatriado a México, se incorporara al pro-fascista Comité Pro-Raza, fundado en 1931 por José Ángel Espinoza en el interior del incipiente Partido Nacional Revolucionario (PNR, abuelo del PRI).

Camisas verdes: Camisas Doradas, clones del fascismo europeo

En el propio PNR, Rodríguez Carrasco formó la primera célula camisas verdes, devenida más tarde Camisas Doradas, en alusión a Los dorados de Villa.

De acuerdo con estudiosos de las tipologías político-sociales, Camisas doradas se insertaría en los modelos del fascismo europeo. Para 1931, Benito Mussolini ya había sido reconocido como primer ministro del Reino de Italia por El Vaticano; firmantes ambos de Los Tratados de Letrán.

Es hacia 1934 cuando el mismo Rodríguez Carrasco funda Acción Revolucionaria Mexicanista (ARM), de la que se declara jefe. Lo acompaña una legión de militares norteños que reniegan contra los grupos triunfantes en el movimiento armado, también norteños.

El pretendido caudillo confiesa paladinamente que, como organización formada por ex soldados, se siente estrechamente ligada a la Legión Americana, a La Cruz de Fuego (de ex combatientes franceses) y a los Cascos de Acero alemanes.

Adolfo Hitler, el paradigma de los renegados de la Revolución

Hitler, dice Rodríguez Carrasco, “un insignificante ex soldado de la guerra mundial, pero hombre de una clarísima visión y un insospechable amor a su patria, abarcó de una sola ojeada el magno peligro judaico, maduró sus planes, y cuando se encontró dueño de Alemania, afrontó bravamente la situación, y expulsó sin misericordia, en un acto genial y audaz, a todos los judíos residentes en el Reich”.

La ARM exhibe su declaración de “principios”: Nacionalista para empezar. Para serlo: Anticomunista. Los apellidos son, antisemita y anti-extranjeros.

Los judíos y los chinos, en la mentalidad del jefe de la ARM, son portadores de las pesadillas de México: Los judíos monopolizan todo el comercio en pequeño en el país. Vienen de todos lados y los mexicanos no pueden hacer frente a su competencia.

Abren pequeños talleres y fábricas donde las condiciones higiénicas son malas y explotan a los mexicanos con bajos salarios y largas jornadas. Introducen mercancías de contrabando, no pagan impuestos. Hacen negocios entre ellos y nunca gastan el dinero que extraen de los mexicanos. Es necesario expulsar a los judíos para poder reconstruir nuestro comercio nacional en pequeño.

(Respecto de los chinos, en ese periodo, en los estados de Sonora, Sinaloa y Baja California, se desencadenaría una persecución caracterizada como operación despojo contra los asiáticos.)

Orden contra desorden: nacionalismo contra comunismo

Las proclamas de la ARM sostienen que solamente “dos problemas” tiene México: El orden contra el desorden y el nacionalismo contra el comunismo.

(Una obligada acotación: Orden es respuesta a la anarquía. Anarquía es sinónimo de desgobierno. Su contrario es el sinarquismo. En México, la Unión Nacional Sinarquista, para sus tareas de divulgación, empleó publicaciones bajo el logo Orden.)

Los Tratados de Letrán se firmaron en febrero de 1929. Casualmente, el 31 de diciembre del mismo año, el Censo de Extranjeros de la mesa III de la oficina de Gobernación del Departamento del Distrito Federal fichó el nombre del señor ingeniero español Francisco Cayón y Cos.

Como lo consignamos antes, el Comité Pro-Raza estaba activo desde 1931. Ese año terminaba su periodo como gobernador de San Luis Potosí, el general Saturnino Cedillo.

Para 1933, previo a las elecciones presidenciales de 1934, cuando apareció la Asociación Revolucionaria Mexicanista, los grupos de ultraderecha volvían a levantar la cabeza. Con el triunfo del general Lázaro Cárdenas, la bitachera se aceleró.

Cárdenas incorporó al general Cedillo como secretario de Agricultura. Éste catalizaba ya las simpatías de militares resentidos, articulados por la Unión Nacional de Veteranos de la Revolución (UNVR), a quienes el potosino había favorecido con una política de colonización agraria.

Virtuoso entramado de partidos anticardenistas

La UNVR se dio su propio partido, el Nacionalista Mexicano, con la intención de ponerlo al servicio del ex candidato presidencial derrotado en 1930, el ex secretario de Educación José Vasconcelos o, como opción, de don Luis Cabrera, diputado a la XXVI Legislatura federal, que advirtió a Madero sobre su falta de energía revolucionaria, y para entonces ya renegado de la Revolución.

El Nacionalista Mexicano se identificó en objetivos con el Partido Demócrata Constitucionalista. Los terceros en la escena fueron el Partido Social Demócrata, la Confederación de Partidos Independientes y la Clase Patronal. Se coló luego la Confederación de la Clase Media.

Arrimaría su sardina a ese fogón el Partido Cívico Nacional Femenino, convocado por la señora Luz F. viuda de Perches.

Claras las máscaras: Nacionalistas, demócratas, constitucionalistas, independientes, cívicos

Era una especie TUCCAR (Todos Unidos Contra Cárdenas). Ya estaba en circulación una supuesta cartilla del comunista. En ella se imputa al gobierno de Cárdenas de bolchevismo.

La Asociación Española Anticomunista y Antijudía

Mencionamos en párrafos anteriores a Francisco Cayón y Cos. Para noviembre de 1936 ya lo vemos como alma de la Asociación Española Anti-Comunista y Anti-judía, que tiene réplicas en la Falange poblana, la falange México, Acción Cívica Nacionalista y las Juventudes Nacionalistas, etcétera.

Con esa representación, don Francisco, en marzo de 1937 se dirigió a su paisano y tocayo Francisco Franco, nada menos que como jefe del Estado Nacionalista Español:

Le escribe: La clase media, abogados, médicos, ingenieros, comerciantes e industriales, los mismos empleados públicos y hasta ex militares son partidarios decididos de V.E., cuyo nombre corre de boca en boca con cariño sentido y altísimos elogios, como una esperanza que ha de convertirse en breve, en risueña y positiva realidad.

No puede dejar Cayón y Cos de presentar” con especial honor” a la Unión de Veteranos de la Revolución, en que figuran muchos generales y ex oficiales del Ejército, que cuenta con miles de asociados. Ésta acogió con beneplácito a la nuestra (La Española Anticomunista y Antijudía).

Con los favoritos de Alfonso XIII y Pío XI

En otro envío, de abril de 1938, y con el mismo fin, Cayón y Cos se dirigió al cardenal y arzobispo de Sevilla, Pedro Segura y Sáez, favorito del también cardenal José María y Cos, promovido éste a su vez por Alfonso XIII y el papa Pío XI, el que pactó con Mussolini Los Tratados de Letrán.

El motivo de las cartas de Cayón y Cos fue pedir apoyo económico para financiar la actividad propagandística contra El bolchevique mexicano Cárdenas del Río.

Ya, desde Nueva York, un tal FB Bustamante remitía artículos periodísticos a México, favoreciendo la causa franquista, que se repartían en la Península de Yucatán y eran lectura obligada en el Monterrey Foering Club, de la capital de Nuevo León.

En la Ciudad de México, en la Colonia Roma, ya funcionaba uno de los primeros clubes nazis de alemanes radicados en la capital, disfrazados de “casas café”. La estación de radio El Buen Tono describía el alemán como el mejor sistema de gobierno.

Se gestaba, pues, La rebelión cedillista, que amerita capítulo aparte. Es cuanto. 

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