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Mouris Salloum Opinión

México, patria de promisión y dignidad

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Hoy se invocan razones humanitarias para darle acogida al derrocado presidente boliviano Evo Morales. Una explicación diplomática válida.

Son, sin embargo, las razones históricas las que acreditan desde el siglo XIX la disposición del Estado mexicano de dar protección a perseguidos por hordas golpistas, sin hacer distinción de sus calidades jerárquicas; sean políticas, culturales o socioeconómicas.

Por supuesto, el escudo es el Derecho Internacional. Más allá de formalismos jurídicos, está en nuestra doctrina constitucional la educación de nuestro pueblo para la solidaridad internacional, fundada en los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos, evitando privilegios de razas, de religión o de preferencias políticas e ideológicas.

No es concesión gratuita a México el Premio Nobel de la Paz

En determinados momentos, se ha pretendido olvidar que México ha hecho aportaciones al Derecho Internacional, contenidas en las doctrinas Carranza o Estrada o en la Carta de Derechos y Deberes de los Estados, que le han merecido a nuestro país el Premio Nobel de la Paz.

La Doctrina Carranza, se instituyó como respuesta a la invasión de México por tropas estadunidenses en 1914. La Doctrina Estrada, dos décadas después, fue la propuesta de México contra la pretensión imperial de gobiernos extranjeros, de certificar la legalidad y la legitimidad de regímenes internos de los Estados nacionales.

No cabe, en esas nobles jurisprudencias, sandeces como el cerril exabrupto, comes y te vas, que burla no sólo la elemental cortesía diplomática, sino el principio de libre elección política e ideológica, derivado de la autodeterminación de los pueblos.

Por elección propia, México, la casa de todos

Aún durante la dictadura porfirista y el primer periodo revolucionario, la política de asilo fue el rasgo distintivo de nuestra diplomacia soberana.

Ese ejercicio soberano del Estado mexicano, se agigantó en los años treinta, cuando se dio refugio a víctimas de los regímenes totalitarios europeos.

Durante la década de los setenta, el beneficio se otorgó a ciudadanos chilenos, argentinos y uruguayos, que huían de los feroces gorilatos latinoamericanos. En los ochenta, se acogió a familias enteras centroamericanas, la mayoría indígenas, requeridas de refugio contra la guerra desencadenada por el gobierno de los Estados Unidos en la región.

Los que encontraron en México plataforma de liberación

Hablamos, pues, de congruencia histórica. Se ha mencionado en estas horas los casos de Giusseppe Garibaldi, después unificador de Italia; de José Martí, el que conocía las entrañas del monstruo y precursor de la liberación de Cuba; de Víctor Haya de la Torre, gestor de la democracia peruana.

Bien se pudo nombrar a César Augusto Sandino, el General de los hombres libres; a Fidel Castro o a Ernesto Che Guevara, que en México recargaron energía para conservar su voluntad emancipadora.

No se puede hace abstracción de un fenómeno reactivo a la recepción de Evo Morales: La explosión de xenofobia de algunos segmentos sociales mexicanos que, desde el periodo del exilio chileno, liberan sus instintos más primitivos en resistencia a la noble hospitalidad del Estado mexicano a los perseguidos por la barbarie militar. Casualmente, algunos de esos procaces, se dicen militantes del partido que postula el humanismo político. Suele ocurrir.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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