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Milicias de Marte suenan tambores de guerra

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Entre el ruido y la furia que saludan en México el naciente 2019 con eso del huachicoleo, siempre queda humor para remover la memoria sobre las operaciones maquinadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) del gobierno de los Estados Unidos, para desestabilizar y en algunos casos derrocar regímenes incómodos e indeseables para Washington.

En una latente retrospectiva, encontramos el paro camionero iniciado a escala nacional en Chile el 9 de octubre de 1972 hasta el 9 de noviembre, con el que cobró estado la conspiración contra el gobierno de la Unidad Popular, presidido por el doctor Salvador Allende.

Ese paro lo ejecutó el sindicato de transportistas liderado por León Vilarín, si bien formó parte del libreto preparado por el grupo paramilitar Patria y Libertad.

Obviamente, la paralización del transporte de carga colapsó el abasto comercial y empezó a fracturar la economía nacional.

La CIA había dispuesto de ocho millones de dólares para iniciar la estrategia de desestabilización. Dos millones fueron a parar a las cuentas bancarias de Vilarín. Otra parte a la tesorería del diario El Mercurio.

El 11 de septiembre de 1973 sonó la hora trágica: El doctor Allende fue asesinado por Augusto Pinochet y sentó sus reales la Junta Militar.

Durante el primer mandato de Ronald Reagan, la CIA, con algunos agentes de El Pentágono, fueron encargados de la Operación Irán-Contra para tumbar al primer gobierno sandinista de Nicaragua.

La CIA diseñó y distribuyó por millones entre los combatientes por la libertad volantes de un manual para ejecutar tácticas de boicot a las actividades comerciales, industriales y bancarias y sabotear los sistemas de servicios públicos, incluyendo los educativos y recreativos.

Los sandinistas armados frenaron el complot con la solidaridad de otros gobiernos latinoamericanos.

En Venezuela, Washington fiel a su espejo diario

Al arribo de Hugo Chávez al gobierno bolivariano de Venezuela, Washington, fiel a su espejo diario, inició su plan de acción para derrocarlo. Ha continuado la ofensiva contra Nicolás Maduro.

Siguiendo el modelo asestado a Cuba, la Casa Blanca, los departamentos de Estado y del Tesoro tramaron el bloqueo económico contra Venezuela.

Algunos medios de comunicación domésticos y de los Estados Unidos, sobre todo los televisivos, empezaron a publicar reportajes describiendo “la hambruna” que estaba matando al pueblo venezolano, “víctima del totalitarismo comunista”.

Desde el siglo pasado, sometida a algunos gobiernos dictatoriales, la población padecía rezagos históricos en materia de desarrollo socioeconómico.

Ahí está, señores, la gran “crisis humanitaria”

La propaganda opositora no se hacía cargo, para nada, de ese expediente. Ponía el gran angular en las filas de “angustiadas amas de casa” que no podían llevar el pan a sus hogares. Veían ahí la gran crisis humanitaria.

En 2015, la británica BBC desplegó un equipo periodístico a Caracas para dar testimonio de la escasez de productos y artículos de primera necesidad (alimentos y medicinas, especialmente), y de” la agonía por hambre de sus habitantes”.

Concluyó esa cadena, entre otras cosas, que, en los hogares más ricos o más pobres podían verse aquellos productos “en las neveras, en las alacenas y en los platos de comida”.

El bloqueo económico estadunidense contra Venezuela se extendió: Ahora el tema de los medios norteamericanos y proestadunidenses fueron las caravanas de migrantes hacia países vecinos en busca de alimentación.

Ya merito la OEA completa las firmas para el Golpe

Hasta hace unas horas, la Agencia de colonias de Washington, la Organización de los Estados Americanos (OEA), buscaba desesperadamente el número de firmas requerido para derrocar al gobierno bolivariano. Maduro resiste… hasta ahora.

En América Latina, la historia se produce una vez como tragedia; se reproduce como farsa. El director de escena hoy es Donald Trump. En las carteleras de su carpa tiene el nombre de México. Aquí sobran los que compran derecho de apartado. Y las galerías vociferan: ¡Queremos sangre!

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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