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Opinión

Modelo intocable: Socializar pérdidas; privatizar ganancias

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

Coloquémonos en el siguiente piso: Hacia 2000, la Organización de Naciones Unidas (ONU) auspició un profundo y alertador estudio multidisciplinario en el que se concluyó que, durante los 17 años anteriores, 120 países sufrieron, en diverso grado y medida, crisis bancarias que alteraron incluso expectativas macroeconómicas de aquellos Estados.

Con Argentina y Chile, en América Latina apareció México en 1994, año del error de diciembre, ya cuando el sistema de banca y crédito había sido privatizado durante los cuatro años anteriores. En los anales quedó escrito que, después de aquel choque, se confirmó el método por el cual se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias.

Las pérdidas fueron convertidas de deuda contingente a deuda pública, obviamente con cargo a los contribuyentes y de la sociedad en general, al través de las correas de trasmisión del Fondo Bancario de Protección al Ahorro-Instituto de Protección al Ahorro Bancario, que absorbieron las quiebras de los banqueros privados.

Desregulación y concentración por los capitales extranjeros

Acelerados los mecanismos de desregulación y abierta plenamente entonces la banca a la inversión extranjera, las instituciones pasaron a control de los capitales foráneos. No se adoptaron acciones cautelares para prevenir nuevas crisis y el vendaval tocó de nuevo puertos mexicanos en 2008-2009.

Al menos desde el ejercicio fiscal de 2015, los principales bancos privados, a diferencia la banca de desarrollo, han venido reportando en sus estados de cuentas progresivos indicadores de ganancias, que no se reflejan en la oferta de crédito a los sectores productivos. Los clientes predilectos, por fiables, son el gobierno federal y los gobiernos de los estados, que emiten papeles de deuda a granel.

Restricción de crédito a pequeñas y medianas empresas

A finales de 2019, la calificadora Moody´s pronosticó que la contracción del crédito en 2020 sería de 2.7 por ciento, con impactos negativos sobre las medianas y pequeñas empresas, y el consumo. Por supuesto, las calificadoras prevenían el disparo de la cartera vencida.

Históricamente, durante el periodo neoliberal, el sector productivo más excluido del crédito comercial, es el del campo y especialmente la economía social rural, en 2020 castigada adicionalmente con restricciones presupuestales en el gasto federal.

Nos viene a tema el asunto porque acaba de concluir la 78 Convención Nacional Bancaria. Del análisis de conclusiones, algunos publicistas domésticos, que la giran de expertos, se gratifican asegurando que las 11 reformas “trasformadoras” del peñismo le dieron a México un crecimiento dinámico y sostenible.

Los sinodales que nos hunden ahora aparecen redentoress

Apoyan esos analistas su desbordado optimismo en sinodales como Los agentes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Reserva Federal de los Estados Unidos.

Con independencia de que esos emisarios no merecen la confianza de los mexicanos, por obvias razones, ahora mismo están buscando y aplicando políticas de contingencia para librar a sus metrópolis del tsunami que azota a la economía mundial.

Lo que de Acapulco quedó en el aíre, es qué compromisos reales asumieron los banqueros para acudir en auxilio de las pequeñas y medianas empresas y, en especial, del socialmente postrado campo mexicano.

En la noche de los tiempos se perdió aquel eslogan de Bancomer: El campo también es nuestro campo. Ni a quién encomendarse: Esta es la peluda realidad no atendida a fondo por los grandes banqueros que con la brisa marina recargan pilas para remontar este año bisiesto.

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