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Momento clave de la diplomacia mexicana

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

No se puede asegurar que, en la exacerbación de la crisis política en Venezuela, México no tiene vela en ese entierro.

La tiene -y la ha asumido-, por una razón fundamental: El rescate de la diplomacia soberana, sometida a Washington en los recientes cinco sexenios, está siendo puesta a prueba.

Con independencia de la nueva crisis migratoria centroamericana, en la que México juega un papel central bajo el imperativo humanitario, las consecuencias de la sistemática embestida de la Casa Blanca en contra del gobierno bolivariano activan una serie de detonantes que, de entrada, divide al mundo occidental entre regímenes que apoyan la presidencia de Nicolás Maduro y los gobiernos alineados con la Casa Blanca, que sonsaca y pretende legitimar las tentativas de golpe de Estado.

El espacio de la Organización de Estados Americanos (0EA), ha sido desnaturalizado, subvertido y rebasado por el uruguayo Luis Almagro.

Por la fuerza de los hechos, la ONU es la instancia última para hacer valer los principios de No intervención y solución pacífica de los conflictos, cuya observancia le dieron a México el Premio Nobel de la Paz.

No fue casual, ni gratuito, ese galardón: La histórica gestión diplomática de México se expresó sin vacilaciones en la defensa de la soberanía de Cuba en los años sesenta.

Acto en defensa propia, si lo hay, México fue movido por experiencias objetivas, como víctima del acoso injerencista, armado no pocos casos, de Washington, durante dos siglos.

¿Qué resultó del bloqueo económico maquinado por los Estados Unidos contra la revolución cubana?

Combatientes por la libertad, degradados a gente indeseable

Dos datos, nomás, para ilustrar el drama: 1) El Departamento de Estado abrió sin condiciones territorio estadunidense a la inmigración habanera, y 2) En los ochenta, se presentó la crisis de los marielitos, así denominada por el puerto de origen de la migración.

En ambos casos, Washington acogió la inmigración, dándole a los transterrados el estatuto de combatientes por la libertad y por la democracia. Su punto de acogida fue Miami, Florida.

No puede haber peor tragedia: Al correr de los años, la Agencia Antinarcóticos (DEA) concluyó que los niños de la calle, en edad adulta, se convirtieron en gente de malas intenciones reclutada por los cárteles de la droga.

Era el dictamen que necesitaba la Casa Blanca para, con Barack Obama como inquilino, diera fin a la política de pies secos, pies mojados.

Donald Trump atajó la reorientación del tratamiento a esa inmigración específica: Ante la ONU, quien tipifica a los mexicanos nmigrantes como malos hombres, en cambio abogó por los cubanos, en quienes ve hombres buenos, buenas personas.

Ahora, el pirómano anaranjado presenta su mejor rostro a los inmigrantes venezolanos de la nueva hora. Para él, son también combatientes por la democracia.

México, emplazado por Washington a ser Tercer País Seguro

La huida de venezolanos, con alta escolaridad, no empezó en la era bolivariana. La tendencia viene desde antes.

En el ciclo, más de 420 mil nativos en Venezuela adultos ya habían logrado papeles de residencia. Las solicitudes de asilo se incrementaron recientemente, cuando Washington empezó a aplicar acciones de bloqueo económico contra el régimen venezolano.

Ahora se habla de la diáspora venezolana. Es aquí donde ubicamos el papel de la diplomacia soberana de México.

Durante la gestión de Enrique Peña Nieto y su canciller, Luis Videgaray -a más de su cómplice aliento a la oposición golpista venezolana-, se adhirió a la intención de la Casa Blanca de convertir a México en Tercer país seguro en materia de migración.

Obviamente, contra la inmigración centroamericana, la de cientos de miles de víctimas de la crisis económica y de la represión político-policiaca. No es accidental que la fuente de ese éxodo sea Honduras, donde en 2018 se perpetró la usurpación del poder presidencial.

Asignatura crucial de la nueva administración mexicana, la diplomacia es clave. No hace falta ser experto, para saber que la Política Exterior es espejo de la Política Interior. En encrucijadas históricas, la brújula insustituible, es la congruencia. Vale.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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