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Nadie tiene derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Ese mensaje fue dirigido a soberanos y vasallos por el bate veracruzano Salvador Díaz Mirón, casi un siglo después de que Morelos propuso moderar la opulencia y la miseria para liberar a los mexicanos de la ignorancia y de la servidumbre.

A finales del siglo XIX, periodo de madurez del controvertido Díaz Mirón, la Iglesia católica en Europa pasaba de la resistencia a las primeras expresiones socialistas, alentadas por jóvenes religiosos, de la confrontación con el liberalismo y al combate contra el comunismo.

Toda propiedad es un robo

Teólogos europeos, convocados por la Santa Sede, se ocuparon de diseñar una Nueva Doctrina Social Cristiana, cuyo producto fue presentado al papa León XIII, quien lo publicó en forma de encíclica: La Rerum Novarum.

El objeto de los trabajos de análisis previos fue plantear la cuestión social y específicamente la Cuestión Obrera. No se esquiva el sustantivo proletariado.

En lo que podríamos denominar exposición de motivos de los estudios preliminares, se citan algunos sermones de sacerdotes que recogen la denuncia: Toda propiedad es un robo.

En el texto de la encíclica se matizan esos duros conceptos, pero al reconocer la propiedad privada, se advierten los compromisos de la clase propietaria con la clase trabajadora y se concede que el Estado debe ser tutelar de la Justicia Social.

Si mal no recordamos, en su primera visita a México en 1979, Juan Pablo II estableció que, sobre toda empresa grava una hipoteca social.

A principios del siglo XX, a tono con la encíclica de León XIII, algunas corrientes de avanzada del clero mexicano impulsaron movimientos seglares para adaptar la nueva doctrina social católica al mandato pontificio. Fueron las células madres del primer Partido Católico Nacional.

Los empresarios estamos para tomar bienes que Dios nos ha dado

El poema de Díaz Mirón nos sirve para situarnos en Veracruz y, abriendo el arco, en los estados del Golfo de México, no sin hacer una breve consideración.

En la pasada década de los ochenta, cuando el empresariado mexicano se abrió al activismo político-electoral, desde una central patronal escuchamos esta convicción: Los empresarios estamos para tomar los bienes que Dios nos ha dado.

Pusimos atención desde entonces a la irrupción de los hombres del poder económico en estados del noroeste mexicano, perorando incesantemente sobre democracia. Incluso convocando a la resistencia civil contra el Estado mexicano.

Reporteando in situ, caímos en cuenta que aquellos sedicentes combatientes “por la democracia”, no tenían más fin que el asalto al poder, por el poder mismo.

En cierto modo, ese discurso nos parecía una reproducción del perfil de los generales del Grupo Sonora que, en la década de los veinte, a partir del asesinato de Venustiano Carranza, dirimieron sus conflictos con descargas de plomo contra sus adversarios, para hacerse del poder presidencial.

En busca de la democracia sustancial: La económica

En el litoral del Golfo de México, otras fueron las tendencias ideológicas, bregando por la democracia sustancial, la económica.

De Veracruz tratamos al general Heriberto Jara. Contable en sus mocedades en la industria textil y lector de los hermanos Flores Magón, se puso de lado de los obreros en la sangrientamente aplastada Huelga de Río Blanco. Se incorporó al movimiento revolucionario.

Vale una fecha: El 5 de enero de 1915, en Veracruz, Carranza había promulgado la primera ley nacional agraria del siglo. Para entonces, en 1913, el general coahuilense Lucio Blanco había expropiado en Tamaulipas la hacienda Los Borregos y consumado el reparto de tierra, en acto acompañado, entre otros, por los generales Francisco J. Múgica y el propio Jara.

Al llegar como interino a la gubernatura de su estado en 1916, Jara acometió una amplia política social, remolcada por la ejecución de la ley agraria.

Como Múgica, Jara fue notable diputado al Congreso Constituyente de Querétaro. Congruente con sus inquietudes y reclamos juveniles participó en los debates de los artículos 27 (sobre la tierra y la propiedad de la Nación) y 123 (sobre el Trabajo), en la nueva Carta fundamental de los mexicanos-

El general Adalberto Tejada fue también gobernador de Veracruz. Su gestión tuvo como prioridades la educación rural y una activa política agraria.

Salvador Alvarado desafía a la Casta Divina

Aunque sinaloense él, el general Salvador Alvarado incorporó a Yucatán a la Revolución. Como gobernador, conocedor de la Guerra de Castas del siglo XIX, enfrentó a los hacendados henequeneros, jefaturados por Olegario Molina Solís.

Fue Alvarado el que identificó al grupo de plutócratas yucatecos como Casta Divina. Se creían predestinados a vivir y enriquecerse a costa de la esclavitud de los mayas.

De aquella vertiente doctrinaria surgió Felipe Carrillo Puerto, El socialista de los ojos verdes.

Educación universal y voto a la mujer

A esa corriente perteneció el general Tomás Garrido Canabal. Al llegar a la gubernatura de Tabasco, puso el acento en la educación universal, satisfizo las demandas agrarias y reconoció el voto a la mujer.

Estamos ya en 2019, primer año de la Nueva era. Ha de perdonar el lector este ejercicio memorioso cargado de nostalgia. Hacemos votos porque se despejen los nubarrones que ensombrecen el paisaje de la Patria: 70 millones de parias se lo merecen. Es cuanto.

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