Voces del Periodista Diario
Opinión Rodolfo Ondarza Rovira

Navidad en tiempos de pandemia.

Por Rodolfo Ondarza*

Se piensa que el tlatoani Moctezuma, hizo llevar la flor de nochebuena a los jardines de su palacio en la gran Tenochtitlán desde el sur de México, quizás de regiones cercanas a Taxco, Guerrero.
De origen mexicano, es llamada en náhuatl cuetlaxochitl que significa “flor color de fuego, de pétalos de cuero, o flor que se marchita”. Era asociada simbólicamente con el este por los nahuas, asimismo, con la sangre, el sol, el fuego, la juventud, la pureza, la fertilidad.
Existen unas 300 variedades de la Euphoria pulcherrima, como se le conoce científicamente a la cuetlaxochitl.

Exquisita flor que a la nuestros ancestros prehispánicos encontraron diversos usos medicinales que van desde el alivio de cólicos menstruales hasta molestias del tracto respiratorio y malestares de cuadros gripales, y cuyo empleo se extendió por los médicos de la época colonial.
Tenía esta flor también usos como colorante para cueros y textiles.

Esta magnífica flor poseía aspectos simbólicos relacionados con la sexualidad femenina, también era asociada con aspectos místicos, por ejemplo, se le empleaba en fiestas dedicadas a Huitzilopochtli, dios de la guerra asociado al sol; y simbolizaba la pureza y la nueva vida que ganaban los guerreros muertos en batalla, los guerreros convertidos en colibríes regresaban a libar las mieles de esta flor.
El colibrí, a su vez, era el nahual protector de los guerreros mexicas, y símbolo de la masculinidad; esta extraordinaria ave libando la flor es una expresión metafórica para el acto sexual en el mundo prehispánico.

Los misioneros franciscanos aprovecharon su anterior uso ritual y adornaron procesiones e iglesias con ella, siendo uno de los instrumentos para la conversión de los pueblos originarios.
Hemos asociado la flor de nochebuena desde entonces con la Navidad, aquí, lo mismo en el Vaticano, y en el resto del mundo a partir del siglo XIX. Así la cuetlaxochitl dejó los altares de dioses y diosas prehispánicos para convertirse en la Flor de la Navidad.

En la fiesta de la Navidad se celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret. La Nochebuena es la celebración cristiana de la noche en que nació Jesús.

Jesús predicó la paz, el amor y la bondad, el perdón, la igualdad, la justicia, el ser autocríticos, honestos y no mentir, comportarnos con humildad, a no ser codiciosos, a alejarnos de la violencia, enseña sobre la solidaridad y la empatía, sobre la ayuda al prójimo que es nuestro hermano, a trabajar y ver por el bienestar común, de ser generosos y sobre el ser tolerantes, habla también de la transformación personal, y por ende, social.

Debemos entonces ser enemigos del monopolio, del robo y del saqueo, del engaño, de la corrupción y de la impunidad, de la opresión, del narcisismo patológico, de todo aquello que atente contra los derechos humanos.

Se trata de valores universales, que trascienden tiempos y culturas, por lo que estos mismos principios éticos y morales los vemos en otras religiones.
Esta es el verdadero significado de la celebración de la Navidad.
Esta celebración se trata entonces de un momento para meditar, para reflexionar, para encontrar y reconocer nuestros errores, para reparar y rectificar, para crecer, desarrollarnos y unirnos.

La Navidad en tiempos de pandemia debería hacernos detener no sólo para pensar en la muerte, sino para valorar el milagro de la vida, de nuestra propia vida y la de los demás, de las formas en que podemos crecer y desarrollarnos como seres humanos y como sociedad.

Necesitamos pensar, analizar, reflexionar. México y su pueblo lo necesita. Es la base para gozar de libertades y de justicia social y dar el justo valor al esfuerzo, a la disciplina, al talento y a la meritocracia, al conocimiento, a la sabiduría. Es momento de aprovechar las oportunidades, de avanzar, de ser creativos.

Estos tiempos de pandemia son tiempos de resiliencia máxima, que nos llevarán a la victoria.

¡Que la flor de Nochebuena haga resurgir en nosotros su total sincretismo! Por un lado la pureza, la bravura y el coraje, y por el otro, la resurrección o el nacimiento de los valores que predicó Jesús de Nazaret.
Que la flor de Nochebuena sea el símbolo de una nueva vida que pronto nos llegará.

Les deseo de todo corazón una Gran y Feliz Navidad, que traiga consuelo a quienes han perdido guerreras y guerreros queridos en esta pandemia, y que a todas y a todos que les ilumine su camino, que les proporcione mucha fuerza para conquistar el presente y el futuro, que tengan siempre la solidaridad que requerimos unos de otros, que sea la inspiración para la lucha contra la injusticia, que sea punto de quiebre para que consigan obtener libertades, satisfacción y felicidad.

Pero sobre todo les deseo salud plena, física, mental y social.

Feliz Navidad y que tengan un esplendoroso y exitoso recorrido solar este próximo AÑO NUEVO.

Reciban por favor un muy fuerte y triple abrazo fraternal y solidario.

*Rodolfo Ondarza. Neurocirujano. Activista en defensa de derechos humanos. Presidente de la Comisión de Salud durante la VI Legislatura de la ALDF. @DrOndarza

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