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Neoliberalismo: A largo plazo, todos muertos

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Una confesión, nomás para abrir boca: Del Colegio de Harvard tomé cursos de economía; para nada me sirvieron. Franklin D. Roosevelt.

Una advertencia: Antes de presentar su Teoría General del empleo, el interés y el dinero en 1936, John Maynard Keynes predijo en algunos de sus muchos escritos que las sanciones económicas impuestas a Alemania después la Primera Guerra Mundial, la quebrarían y su quiebra acarrearía graves consecuencias para Europa.

Sólo unas líneas keynesianas: Si se aumenta la renta, aumenta el consumo de bienes y servicios que, a su vez, incrementa la renta nacional. En eso se condensa la defensa del gasto público; esto es, de la intervención del Estado en la economía.

Los tecnócratas mexicanos prefirieron a Milton Friedman

Roosevelt basó el éxito del Nuevo trato en el gasto público. Sus resultados impactaron en el plano social. En el económico se observaron después de la Segunda Guerra Mundial.

Décadas después, un pugnaz detractor de Keynes fue Milton Friedman, reputado entre los padres del neoliberalismo y creador de la Escuela de Chicago.

“Causalmente”, la primera generación de tecnócratas neoliberales mexicanos fue modificada, mental e ideológicamente, en la Universidad de Harvard, pero optaron por Friedman. Todos con el mercado: Menos Estado, más “sociedad”.

Keynes sentenció: Con el modelo económico clásico, a lo largo, todos muertos.

Esa nuestra propensión al ejercicio memorioso. Continuamos.

Más empleo, mejor pagado: Más mercado interno y desarrollo

Formados en la Facultad de Economía de la UNAM en el modelo de la Economía Política, los que se incorporaron a la Administración Pública fueron de corte keynesiano.

Indujeron esos economistas, como estrategia, el gasto público: Monumentales obras de infraestructura igual a más empleo con mejor salario, más mercado interno, más crecimiento, pero, sobre todo, más desarrollo. El producto interno per cápita creció por encima del Producto Interno Bruto.

Los primeros ideólogos del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) no confrontaron radicalmente esa tendencia, si bien empezaron a cuestionar la eficiencia y la eficacia en su operación, por sospechas ciertas de corrupción.

Empresarios: Todos contra el Desarrollo Compartido

Los del poder económico cultivaron resabios contra don Adolfo López Mateos a causa de la mexicanización de la industria eléctrica, pero se tiraron a fondo contra el desarrollo compartido de Luis Echeverría.

Aun antes de que Ronald Reagan y Margaret Thatcher proclamaran la Revolución conservadora -placenta del neoliberalismo- al arrancar la década de los ochenta, el empresariado mexicano pugnaba por echar abajo el Estado interventor (obviamente, en la economía).

Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, ambos pasados por Harvard, les sirvieron el Estado a los plutócratas en bandeja de plata. Dicho con más propiedad, bandeja de oro, mucho oro.

Reorientada la economía productiva hacia la economía especulativa mediante la desregulación de los sectores estratégicos y prioritarios y otras hazañas, las finanzas públicas empezaron a adolecer de raquitismo; el déficit cero a convirtió en obsesión. De superávit, ni hablar.

Se desencadenó la espiral del endeudamiento público. Hoy, la deuda pública rebasa los 10 billones de pesos y provoca luces de alarma en las calificadoras extranjeras.

El poder económico se quedó con el santo y la limosna

Volvemos a párrafos anteriores: Las críticas al gasto público. Si estaba destinado a las políticas sociales, malo. Si lo era para sanear las finanzas de entes públicos emproblemados para obsequiarlos a manos privadas, que luego depositaron sus pasivos en órganos del Estado, donde permanecen, muy bueno.

El asunto nos viene a tema ahora que la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), a cada señal que envía el gobierno de la cuarta transformación, se pone a dar palos de ciego.

Ese sindicato patronal, único en México, tiene 90 años combatiendo al Estado responsable de tutelar los derechos de la clase trabajadora. Para eso fue creado por la oligarquía de Monterrey.

La Coparmex, desde que se implantó el Estado neoliberal, ha repetido su beneplácito por la implantación de los topes salariales que han precarizado el empleo; con su iniciativa de nueva cultura laboral, condicionó el incremento de salarios a la productividad -el potrero reverdeció, pero el caballo sigue famélico-, la triangulación contractual laboral para dejar al trabajador sin seguridad social, etcétera.

Tartufo vuelve a los escenarios mexicanos

Desde anoche vemos en escena a Tartufo derramando lágrimas de cocodrilo al través de las pantallas de televisión. Desde la tronera donde se ha atacado incesantemente el gasto público, Gustavo de Hoyos Walther ha lanzado envenenados dardos contra el presidente de la República, por su falta de visión y de sensibilidad social.

Recorta por recortar” el gasto, acusa el cúpulo bajacaliforniano. Nomás ver los tijeretazos al Sector Salud, carente de medicamentos y de personal. Hasta las becas a los pasantes han sido suprimidas. La gente clama por servicios en varios estados, principalmente fronterizos.

Tanta compasión por “la gente”, es del mismo tamaño a la de la censura al Tren Maya y el proyecto de refinería en Dos Bocas, Tabasco. Hasta nos queda la sensación de que don Gustavo se ha vuelto populista. Es cuanto.

 

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