Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Neoliberalismo: Ganancias falsas, crímenes reales

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Narrativa canina. En uno de sus discursos -que era gran tribuno- o en uno de sus textos impresos -que era un gran escritor-, el pensador yucateco Carlos Castillo Peraza (+) dejó para los bronces: No se trata de cambiar de amo, sino de dejar de ser perro.

Un incomprendido político jarocho -¿acaso Rafael Junqueras Maldonado?- nos daba una lección de lógica: Mira periodista, si a mí me muerde un perro, no me voy a pelear con el perro; voy contra el dueño del perro.

El poder político formal de la Casa Blanca de Washington no puede responder al interés colectivo de los votantes estadunidenses: Obedece a los designios económicos reales de la Reserva Federal (Fed) y su fauna de acompañamiento financiera. Hasta aquí la narrativa perruna.

Siempre el mal tiene oscuros orígenes con acta de nacimiento

En 1977, George H.W. Bush -nacido en 1924 en Massachussetts, pero aclimatado en Texas- se hizo cargo de la dirección de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos. Su fama pública lo ubica como pupilo de la secta Calaveras y huesos de la Universidad de Yale.

Por aquellos meses, en el registro de Comercio del vecino país fue inscrita la razón social Arbusto Energy Oil Co, de los Bush. Existen evidencias judiciales de que en su capital accionario participó la familia Bin Laden (Arabia Saudita). El enlace fue el hijo mayor de la familia, Salem bin Laden. Osama cobró celebridad más tarde.

En 1993, Salem murió al estrellarse su jet privado en territorio de Texas. Parafraseando la tonadilla yucateca, hay accidentes maravillosos.

El poderoso Carlyle Group y su estación operativa en México

En el marco de la crisis internacional de los precios del petróleo de 1973, afloraron los poderosos intereses de empresarios donantes al Partido Republicano en los territorios petroleros del Medio Oriente que, a partir de aquel cataclismo, desviaron su mirada hacia México y Venezuela (aleatoriamente Brasil), cuyas reservas probadas y probables se inventariaron bastantes para suplir los suministros del Oriente Medio al mercado de consumo de los Estados Unidos.

Entonces no era aún del dominio público que empresarios del ramo mexicanos tenían sociedad de capital con corporativos petroleros tejanos. Luego se hicieron del control de Petróleos Mexicanos (Pemex).

En 1987 Bush padre despachaba como vicepresidente de los Estados Unidos. Dos años después, ocuparía el Salón Oval de la Casa Blanca.

Precisamente en 1987, una firma cuyo directorio encabezaba David Rubinstein se registró como Carlyle Group, que una década después disputaba en América el dominio trasnacional de los sectores de Energía y Telecomunicaciones.

Hay coincidencias maravillosas. Aquí se sabría al tiempo que un operador del Grupo Carlyle fue Luis Téllez Kuenzerl, casualmente secretario de Energía con Ernesto Zedillo Ponce de León y de Comunicaciones y Transportes con Felipe Calderón. Recientemente, apareció como presidente de la Bolsa Mexicana de Valores. Sigue dando asesoría financiera a trabucos empresariales; entre ellos uno regio.

Zedillo embargó la factura petrolera; Calderón dio su firma a Hillary

A punto de concluir La docena trágica, ya se sabía que Carlyle incursionaba en México, tratando de apoderarse del control de una red de universidades privadas locales.

Por el maquinado error de diciembre de 1994 y por el salvataje de la presidencia mexicana coordinado por el presidente Bill Clinton, Zedillo embargó la factura petrolera en garantía de pago del apoyo financiero sindicalizado. Con Barack Obama en la Casa Blanca, en 2012 Calderón entregó su firma a la secretaria de Estado, Hillary Clinton en el Acuerdo para la Exploración y Explotación de Yacimientos de Hidrocarburos Transfronterizos.

Bush hijo llegó a la Casa Blanca con fama púbica de “renacido”

La retrospectiva obligada: Desde el periodo en que Bush padre dirigía la CIA era sabido que su hijo George W. Bush tenía problema de adicción al alcohol y las drogas. Ese expediente pesó cuando el Partido Republicano lo nominó por primera vez a un sillón en la Cámara de Representantes; que  no logró.

Tiempo después a Bush hijo se le conoció coloquialmente como El renacido, porque supuestamente había superado los traumas de sus adicciones.

En 2001, siguiendo la línea sucesoria de su padre, Bush hijo arribó a la Casa Blanca en una operación electoral fraudulenta a la alta escuela que le desconoció al demócrata Al Gore el triunfo como depositario del voto popular.

El mandato de George W. Bush era a todas luces ilegítimo. A esta irregular condición sirvió como anillo al dedo el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York del 11 de septiembre de aquel año, cuya autoría se atribuyó a Osama bin Laden, de la dinastía saudita con la que Arbusto Energy Oil se acarameló cuando Bush padre era director de la CIA.

Ley Patriota e implantación universal del terrorismo de Estado

Bush hijo usó ese “oportuno anillo” para procurar la legitimidad de gestión, figura que surge de un pacto entre bellacos. Decretó y aplicó ipso facto la Ley Patriota, que en el interior de los Estados Unidos paralizó a la sociedad civil y en el ámbito internacional instituyó el terrorismo de Estado. Un década después, para intelectuales liberales estadunidenses no quedaba la menor duda de que en su país se había implantado en tiempo y forma el Estado policiaco.

En agosto, el Partido Republicano asiste a su convención nacional para formalizar la candidatura del magnate Donald Trump a un segundo mandato. El amigo de México llegará a Florida con la pólvora mojada, según se colige del resultado de la mayoría de las encuestas sobre la intención del voto. Eso permite a la humanidad un relativo respiro, que hacia la segunda semana de noviembre puede quedar en un leve suspiro. Es cuanto.

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