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De la leyenda al mito, Vicente Fernández

  • Su popularidad alcanzó niveles internacionales
  • Rinde tributo el pueblo mexicano
  • Saludos luctuosos de los presidentes de México, Estados Unidos, Colombia y Venezuela
  • Existe un proceso entre una estrella y el mito

Por Juan Bautista Rojo

Es un proceso, es la construcción de puente –intergeneracional- a través del tiempo, lo que permite percibir a las estrellas en un firmamento, las cuales destacan en determinadas áreas y campos de la vida. Y la irradiación de esa luz rutilante, su permanencia, su exposición, crea espacios al marcar huella y posar como un símbolo y referente para otros.

Ello acontece en varios campos de la vida, por ejemplo en la cultura, el deporte, la ciencia, la medicina y desde luego en el arte, que va desde la escritura, la pintura, y la interpretación musical. Creo que no existe un método riguroso que indique en forma inmediata y precisa, quien debe entrar a la pléyade de las estrellas, de alcanzar la nominación de ídolo.

No es lo mismo ser popular que ser un ídolo. Existe, quizá más en forma empírica, un termómetro social que pueda indicar la preferencia hacia una persona determinada, pero en ocasiones, como ha ocurrido, hay “personajes que se adelantan a su tiempo”, y son reconocidos mucho tiempo después, incluso en décadas.

En ese proceso de construir el “fenómeno del puente intergeneracional” – denominación elaborada por este periodista- no hay reglas fijas, ni métodos científicos para establecer la evaluación. Para ejemplificar pensemos por un momento, en comparar una “estrella de cine, un crac del futbol, un premio nobel de literatura y un astronauta”. En este campo, podría decir que son figuras distintas, con logros y hazañas particulares. Otro elemento a considerar es el contexto, sociológico, cultural y político, para que una determinada trayectoria sea considerada en nivel supremo para alcanzar el estrellato, la nominación de ídolo.

La historia inmediata registra varios casos, de reconocimiento posterior. Las estrellas del cine mudo, muchas de ellas quedaron en el intento de pasar a ser ídolos al aparecer el cine sonoro; los grandes futbolistas, goleadores en su momento, fueron desbancados por otros, más jóvenes y con balones más ligeros y modernos autorizados por la FIFA, que invadieron los estadios por ver sus proezas; científicos que descubrieron una partícula o aportaron las bases de una teoría, fueron reconocidos muchos años o siglos después al comprobarse sus teorías; de los mundo de los astronautas, pasaron a la historia los primeros, y después algunos que duraron más tiempo en el espacio.

En el caso de las estrellas de cine, o del canto, es importante conocer, acercarse a sus orígenes, a su talento, a su biografía ordenada o accidentada, a conocer las plataformas de la industria del cine y la televisión de las cuales fueron lanzados y favorecidos, para llegar a ser parte de “esa familia de las estrellas”.

Y ahí, tiene mucho que ver, la enorme industria de la Radio y la televisión en formación constante para estimular el gusto de sus públicos cautivos, de sus jugosos negocios por complacer a las audiencias ávidas de entretenimiento.

El caso de Vicente Fernández, es resultado de un largo proceso de maduración y exposición en el escenario mediáticos más importantes de la industria del cine, la radio, la televisión, de la industria cinematográfica y discográfica. De una inversión permanente en su talento como uno de los exponente de la canción vernácula.

Un ídolo es aquel que representa al pueblo, sus sentimiento, que surge de él y está con él, que tiene acciones anónimas o públicas en beneficio de ese “otro colectivo” que le ayudó a escalar a la posición que ostenta, “todo se lo debo al pueblo, sin él, no somos nada”, llegó a decir Chente, frase que otros políticos también pronuncian en nuestros días.

Vicente Fernández llegó a tocar el alma del pueblo al interpretar sus dichas y desgracias, como bien lo refiere el largo libreto y guion de la canción vernácula en México. Acarició sensaciones que ya estaban abonadas en el corazón de mexicanos y mexicanas, entonces entonadas por los grandes que le precedieron: Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís y José Alfredo Jiménez.

En la trayectoria de Fernández, además de creador, de -cantautor que ninguno de los tres grandes lo tiene- se suma el de empresario de gran aliento, eso de tener rancho, auditorio, y estadio para 11 mil almas, y su propia compañía, refiere un amplio campo de difusión y divulgación, de construcción en la elaboración de un legado artístico cultural dirigido y patrocinado por él mismo.

En el caso de Vicente Fernández, como en los recientes casos, de Juan Gabriel y José José, quienes también conocieron de las mieles de la fama y admiración  del pueblo de México, existe la oferta de pasar a despedirse de sus seguidores en el Palacio de las Bellas Artes. La política y la farándula, van de la mano, decía el ilustre Carlos Monsiváis.

Su gran talento lo llevó a compartir escenarios con artistas de talla internacional y cantarle a presidentes de otros países, a llenar estadios en España, Estado Unidos, Centroamérica y el mismo estadio Azteca con una apoteósica despedida hace nueve años.

Vicente Fernández, pasará a la historia como otro gran constructor de puentes intergeneracionales, para alojarse en el corazón de la gente, que en su recuerdo, se seguirá escuchando sus canciones.

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