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Patrimonialismo, la marrana y la mazorca

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Aunque en varios títulos, capítulos y artículos la reciente homenajeada Constitución “de 1917” es letra muerta y sepultada, su consulta es obligada para determinados temas periodísticos.

Hoy apartamos el Título Cuarto, que dice así, a saber: De las responsabilidades de los servidores públicos, particulares vinculados con faltas administrativas graves o hechos de corrupción, y patrimonial del Estado.

Una fe de erratas propondría tecnócratas por “servidores públicos”; crímenes por “responsabilidades”; lo de “graves”, en los hechos ya no aplica ni para “faltas”, menos para los actos canallas perpetrados por delincuentes de cuello blanco.

Caemos en las dos últimas tres palabras de dicho título: Patrimonial del Estado.

Poco es el espacio para sustanciar en pocas líneas la colosal obra del maese Máx Weber sobre tan compleja materia referida a la corrupción, que no lo fue necesariamente en el Estado feudal y su régimen jurídico.

En versión libre, puesta en voz de académicos especializados, el patrimonialismo se ejerce mediante la discrecional apropiación de los bienes públicos por sujetos que ejercen el poder. En el llano, se la llama al hurto del patrimonio de la Nación, agandalle.

Muy distante de las torres de marfil metropolitanas, en el campo mexicano la sabiduría popular explica de esta manera el patrimonialismo: ¿Cuándo se ha visto que la marrana suelte la mazorca que trae en el hocico?

Año de Hidalgo, ahora consuetudinario y con su itinerario

Aunque el robo de los bienes que administra el Estado es vicio añejo, después de que se legislaron sanciones a “servidores públicos” por actos u omisiones que afecten la legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia que deban observar en el desempeño de sus empleos, cargos o comisiones, el manual se leyó al revés.

Los Años de Hidalgo que caracterizaron cada fin de periodo gubernamental -desde la Presidencia de la Republica hasta de una alcaldía-, en el periodo neoliberal mexicano se convirtieron en deporte consuetudinario y con su itinerario.

Se roban los recursos para la asistencia pública (instituida para los “menos favorecidos” socioeconómicamente), se roba en los ramos presupuestales etiquetados para Salud y Educación; se roban las partidas reservadas en el Fondo Nacional para Desastres Naturales, previstas para proveer auxilio inmediato a damnificados por huracanes, inundaciones, terremotos; se roban los subsidios para Seguridad Pública, etcétera. No hay tesorería aborrecida.

Hasta computadoras y sus discos duros cambiaron de dueño

Desde que se empezó a digitalizar la Administración Pública a principios de siglo, se contrataron operadores expresamente para purgar cada fin de sexenio los centros de cómputo. Que no quede huella, que no que no… A finales del sexenio recién concluido, hasta las computadoras y sus discos duros cambiaron de dueño y de domicilio.

La coartada de la digitalización (con la compra de sistemas a proveedores rigurosamente seleccionados “por invitación), pretendió que, eliminándose la atención al público en ventanillas, al suprimirse el contacto cuerpo a cuerpo haría más complicado el arreglo de cualquier trámite burocrático.

Del raterismo hormiga a la ingeniería financiera

El raterismo público hormiga, por fuerza de la rapiña entró a su fase superior: La ingeniería financiera a la alta escuela tecnológica.

Desde los años noventa, particularmente Petróleos Mexicanos (fragmentado administrativamente como la Comisión Federal de Electricidad) creó su división financiera internacional, no sólo para participar en el mercado spot europeo (mercado esquirol), sino para dejar fuera del alcance, por ejemplo, de la Auditoría Superior de la Federación, el control de la facturación, cuyo producto se dispersó en cuentas bancarias secretas en el extranjero.

El modelo federal sirvió a no pocos gobernadores para remitir los excedentes dinerarios de sus trapacerías a los paraísos fiscales donde, en cuentas cifradas, superaron la eficacia del secretismo de los bancos suizos.

Bahamas, Islas Caimán, Andorra… se convirtieron en cuadrantes familiares a los corruptos mexicanos, si bien en principio para ocultamientos a efecto de evasión fiscal, finalmente para el lavado del dinero mal habido en todas las fuentes de actividad criminal.

Los papeles de Panamá son la más reciente y transparente fotografía de la monstruosa economía criminal planetaria, de la que México forma parte.

BCCI y sus pupilos norteamericanos 2007-2008

La estafa maestra del Banco Internacional de Crédito y Comercio (BCCI/ Pakistán-Arabia Saudita), perseguida y sentenciada por fiscales y jueces de Nueva York a partir de 1980, quedó como un juego de párvulos al conocerse los fraudes bancario-financieros maquinados en los Estados Unidos entre 2007 y 2008 (un prócer fue el especulador Bernard L. Maddof: 50 mil millones de dólares, para abrir boca), cuyos remesones golpearon la economía mexicana y la dejaron patuleca hasta finales del sexenio de Enrique Peña Nieto.

Faltan cenizas para el baño de los Tartufos domésticos

Secretos a voces desde la década de los noventa, hechos del dominio público ahora, hacen que no pocos sedicentes líderes de opinión se desgarren las vestiduras y se den baños de ceniza por los monstruosos hallazgos en la gestión de los bienes públicos de la Nación.

Uno billón de pesos al año cuestan a los mexicanos la corrupción pública y su comadre la impunidad. Tartufo ha sido amnistiado en las cortes celestiales. Es cuanto.

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