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Patrón, recuerda que eres humano

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

De Salomón, es esta sugerencia de trabajo: Es la gloria de Dios esconder las cosas, pero la gloria de los reyes y los hijos de los reyes, investigarlas. ¿Es privilegio entonces de la aristocracia, tan elevada misión?

Habrá cabezas más autorizadas para hablar de asunto tan complejo, como el que hoy abordaremos. Lo nuestro, es el ejercicio periodístico. Este oficio parte de la calidad de preguntones.

La tecnocracia dejó la política sin método ni discurso

Entrada: Viejos románticos llegaron considerar La Política, un arte: el de lo posible. Las sucesivas “modernidades” pretenden instituirla y practicarla como ciencia. Vale.

Premisa: Apoyar la conducta personal en la razón propia y buscar la verdad en la ciencia. Es el Discurso del método, obra de René Descartes.

Cuando los tecnócratas neoliberales tomaron por asalto el poder del Estado, la política “a la mexicana” se quedó sin método ni discurso: Los jóvenes turcos impusieron su arrogancia y su pretendida infalibilidad.

La pregunta: ¿Por qué Enrique Peña Nieto hizo perder al PRI el poder presidencial?

La proposición: Como en todo quehacer humano, en que hay jerarquías y subordinaciones, en el ejercicio del poder público es un imperativo la unidad de mando.

La falsa presentación del líder de México esperado

Durante los dos primeros años de su mandato, el mexiquense difundió la sensación de ser un joven líder con prodigiosa capacidad de operación política.

El proceso operó al través del Pacto por México. Su producto fueron las reformas transformadoras. Éstas sería la carta de navegación hacia un futuro, dicho por los nuevos profetas, de prosperidad y de felicidad.

La percepción, el diagnóstico y la concepción fueron acertados. Pero el acierto, para serlo, pasa por la prueba del ensayo y el error. En la práctica, la instrumentación de aquellas promisorias reformas no tuvo los operarios a la altura de la pretensión.

A Peña Nieto se le atravesó la meritocracia: Los del grupo compacto surgido de la resurrección del PRI en 2012 se disputaron la paternidad del proyecto.

Quisieron comerse la torta antes del recreo

Reacción humana relativamente legítima, sin embargo, no fue gratuita: Al menos dos secretarios encargados de despacho y un jefe de la Oficina de la Presidencia de la República entraron prematuramente en tensión: Un juego de vencidas para alzarse con el mérito como capital político para una sucesión presidencial adelantada (la de 2018).

Las facciones burocráticas de esos tres madrugadores empezaron a hacer ruido en el interior del gabinete presidencial y, sin sordinas, contrataron sus bocas de ganso y les metieron decibeles a las cajas de resonancia. Se movieron como manada acéfala.

Urgidos de mercados a futuro, los investigadores de opinión pública y los vendedores de encuestas, apenas pasado el primer informe de Gobierno, sacaron las sondas y los celulares para explorar, ¿quién cree usted que haya sido el autor de las reformas transformadoras?

O bien: De todos los hombres del Presidente, si hoy fueran las elecciones presidenciales de 2018, ¿por quién votaría usted?

Y ahí estaban los nombres de los secretarios con más rating y en orden descendiente otros con menores calificaciones y hasta un gobernador priista.

Enrique Peña Nieto no entiende que no entiende

El Presidente vivía entonces encantado por el dulce coro de las sirenas: Los sedicentes “líderes de opinión” caseros y, sobre todo, los medios extranjeros especializados en economía y finanzas, lo declaraban casi el líder indisputado e indisputable del siglo XXI.

Hizo falta a Peña Nieto el leal asesor que le susurrara al oído y al corazón: Recuerda que eres humano.

Pronto, la ingrata realidad empezó a llamar a las puertas de Los Pinos: Enrique Peña Nieto no entiende que no entiende. Lo escribieron desde Londres.

¿Qué pasó ahí? ¿De qué se habla? Al través su burbuja mediática, EPN empezó a revisar el cuadro de honor de sus colaboradores, tratando de encontrar a los que se estaban saliendo del gran angular.

Como jugando a La gallina ciega, el mexiquense empezó a hacer al tanteo ejercicios de enroque sin tomar en cuenta el perfil y la idoneidad de los seleccionados para el reacomodo. No fue uno, no fueron dos: El gabinete empezó a desconfigurarse.

Se queman etapas, corre el tiempo vertiginosamente y nadie le recuerda a Peña Nieto que no se cambia de caballo a mitad del río.

Empiezan a reventar las reformas transformadoras, los aduladores de mudan en críticos y, ahora sí, deducen que la caballada está flaca para 2018: Los encuestadores incorporan a la carrera rumbo a Los Pinos a otros tricolores de la chiquillada.

El PRI en la visita de las siete casas

Para entonces, es evidente que la unidad de mando está rota: Sólo los dos principales mandos de las Fuerzas Armadas conservan su lealtad y su voluntad de seguir al lado de su comandante supremo.

Rota la unidad de mando, el operador electoral del oficialismo, el PRI, cae en la volatilidad y en la inestabilidad de su dirección nacional. En su balance sexenal, ha perdido ya cinco millones de votos.

Cada nuevo dirigente, en su fugaz tránsito, hace la visita de las siete casas. No acaba su periplo, cuando se da cuenta que el probable visitado ya fue cambiado de domicilio, señal de que no estaba en firme. Nadie quedó en firme.

Con tanta experiencia acumulada, ¿un ensayo?

El colmo de la crisis y la “solución” suicida: Se convoca a Asamblea Nacional del PRI. Se impone el cambio de régimen estatutario. Se pone un anuncio clasificado: Se solicita simpatizante.

Peña Nieto deshoja la margarita: Se le adelanta su canciller (ya descartado). Anuncia al bueno: El “externo” secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuribreña.

Desde finales de agosto de 2017, en la cocineta del PRI la olla exprés había empezado a cargar presión. Nadie escucha sus silbidos: Revienta el 1 de julio.

Eso ocurre, concluimos, cuando se ha perdido la unidad de mando o abdicado al liderazgo. Lo peor es que no hay muchos interesados en aprender en cabeza ajena. La política no perdona. El votante menos. Es cuanto.

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