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Permanece mucha basura debajo de la alfombra

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Durante el periodo del ahora llamado populismo, si alguien desde dentro hablaba de corrupción, se le emplazaba públicamente: Nombres, nombres, nombres. Algún caricaturista pintaba a la plebe en El Zócalo, vociferando: ¡Sangre! ¡Sangre, queremos sangre…!

Cuando, aun habiendo llegado a Los Pinos por la vía del golpe de Estado técnico -constitucionalista don Antonio Martínez Báez dixit-, Carlos Salinas de Gortari inició su rabioso ataque a la organización social para darle cartas de naturaleza al corporativismo empresarial, los intelectuales orgánicos celebraron el asalto al poder político por La Generación del cambio.

Los casos de Hernández Galicia y Jonguitud Barrios

A esos constructores de opinión pública les faltó abecedario para loar al usurpador cuando encarceló al líder de los petroleros Joaquín Hernández Galicia, para entregarle en 1993 la dirigencia del sindicato a Carlos Romero Deschamps, y le arrebató la dirección del SNTE a Carlos Jonguitud Barrios para escriturársela a Elba Esther Gordillo, y casi piden el cambio de escultura en el hemiciclo de la Alameda Central de la Ciudad de México para colocar el busto del primer presidente tecnócrata neoliberal.

Era tan intensa la ofensiva revisionista de la época, que el jefe del Departamento del Distrito Federal, Ramón Aguirre Velázquez, propuso al Presidente cambiarle la denominación al eje Central Lázaro Cárdenas y a punto estuvo de ordenar dinamitar el monumento a El Gran Expropiador a la vera de dicha vía rápida.

Aguirre Velázquez se había montado a lomo de la campaña de denuestos contra el candidato presidencial del Frente Democrático Nacional en 1988, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo del general michoacano. Así se granjeó la candidatura priista al gobierno de Guanajuato, al que renunció después de haber derrotado en las urnas a Vicente Fox. (Aplausos desde los castillos de la pureza democrática.)

A Jorge Díaz Serrano no le había ido mejor

El sexenio anterior, voces de aquella capilla intelectual se habían pronunciado en encendidos elogios a Miguel de la Madrid cuando éste ordenó en julio de 1983 el desafuero del senador Jorge Díaz Serrano, ex director general de Pemex y precandidato presidencial del PRI, quien fue sometido a dos procesos que lo mantuvieron prisionero durante cinco años.

En el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, Romero Deschamps pretendió apoderarse del liderazgo de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), principal enclave del movimiento obrero sindical y, al no lograr su objetivo, amenazó con retirar al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) de dicha aún poderosa central, con la esperanza de disolverla.

Era un viejo deseo cultivado por la Confederación Patronal de la República Mexicana, para entonces presidida por Carlos María Abascal Carranza, reclutado luego por Fox para encomendarle la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y más tarde la de Gobernación.

Hoy, Romero Deschamps anda a salto de mata y el STPRM es el oscuro objeto del deseo de no pocos carroñeros.

El PRI se puso a dormir con el enemigo

Echado el PRI de Los Pinos en 2000, de su lado Gordillo Morales se confabuló con Roberto Madrazo Pintado para la toma de la dirigencia nacional del PRI, en una operación que la ahora difunta ex lideresa del tricolor, María de los Ángeles Moreno, tipificó como una operación de delincuencia organizada. Desde donde amigo vengo.

Desde Insurgentes Norte 59 de la Ciudad de México, la chiapaneca se convirtió en agente doble al servicio de las presidencias panistas de Fox y Felipe Calderón, que la premiaron con la franquicia de Nueva Alianza (mejor denominación para quien cambió de chaqueta no pudo haber) y le cedieron el control de al menos dos agencias del Estado, con manos libres para la gestión de sus abundantes finanzas.

Para 2010-2011, La maestra puso al SNTE a la orden de Enrique Peña Nieto. Ya trepado éste en Los Pinos, en los primeros meses instruyó la captura, encarcelamiento y proceso judicial de su reciente aliada electoral.

Nuevamente, aparecieron los intelectuales orgánicos, ya mutantes a decir de Salinas de Gortari, y aclamaron jubilosamente la operación del mexiquense contra la cacique magisterial.  

Son, las anteriores, apenas unas pálidas pinturas de la picaresca mexicana, anclada todavía en la política de cabotaje.

Antes, Estado de Derecho; hoy, instinto de venganza

Las amas de casa les advierten a sus sirvientas que las escaleras se barren de arriba hacia abajo y no se vale esconder la basura debajo de la alfombra.

Hasta ahora, no se ve que la escoba llegue a mero arriba, a las alturas pinoleras. Pero se cimbran algunos escalones intermedios. Los intelectuales mutantes se desgañitan acusando venganza desde Palacio Nacional. Las voces de ganso repiten el eco.

Lo de antes era verdadero Estado de Derecho. Lo de ahora, instinto de revancha. Como dice uno de los personajes de Eugenio Derbez: Que alguien me explique. Es cuanto.

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