Voces del Periodista Diario
Héctor Chavarria Opinión

Pro y Toral; ¿mártires, marginados o magnicidas?

Por Héctor Chavarría

Érase una vez en una especie de país… O sea este.

Y, la saga de unos restos humanos, que debieron desaparecer hace mucho. Los supuestos huesos del cura Pro, se encuentran exhibidos en una urna, cerca del altar de una iglesia sita en la Colonia Roma, de la capital; donde todos los feligreses puedan verlos, con la obvia idea de que sean adorados y reverenciados.
Lo cual es una práctica frecuente de la ICAR, la cual es la única iglesia occidental que rinde culto a las “reliquias”, costumbre implantada por la madre del fundador de la misma, Elena; la tabernera mamá de Constantino, emperador de la ya entonces decadente Roma. Pero en justicia, no son los únicos: El brazo cercenado de Obregón (mucho antes de su asesinato), estuvo hasta fines del siglo pasado en un monumento de dudoso gusto masónico en San Angel, en la capital del país, donde alguna vez estuvo el restaurante La Bombilla… sitio donde fue asesinado por un caricaturista al parecer perdidamente (pobre él) enamorado de una monja, la cual terminó casándose con otro, luego de todo el rollo y fusilamiento del monero.
Esos tristes huesos y aquel célebre brazo cercenado, no son más que reliquias de la ignorancia, que no es patrimonio exclusivo de la ICAR… Nadie recuerda a José de León Toral… quien finalmente logró el objetivo cristero de matar al “demonio” Obregón, donde sus más “ilustrados” predecesores (los Pro & Cía.) habían fallado, pero a él no se le reconoce por la curia; cosas de la injusticia a la que es tan dada la tal iglesia católica apostólica romana. Al parecer para estos “doctores” de la ley ICAR un “jesuita” vale mucho más que un “caricaturista” (¿diferentes categorías humanas?), aunque el primero haya sido un lamentable fracasado, que ni siquiera la “hizo” como aspirante a magnicida.

Hay categorías…
Pro Juárez era jesuita, cura y activista. Pepe Toral era fanático, un ignorante y por lo tanto, carne de cañón. El reconocimiento post mortem de la ICAR es evidente en el caso del jesuita Pro, que fue un homicida frustrado… Al pobre caricaturista, asesino exitoso, ni quien lo pele. Es como comparar a un doberman con pedigrí con un pupi-brinca-bardas… Hay categorías evidentes en el darwinismo social (léase a Alfred Rosenberg y Adolf Hitler, bitte). Y obvio, esas reglas siguen aplicándose.
¿Dónde están los restos de Toral? Fue enterrado en el cementerio español luego de ser fusilado en Lecumberri, pero ¿alguien le lleva flores? ¿Alguien le dedica un triste rosario? Sabemos que el ingeniero Juan Segura Vilchis, uno de los conjurados para matar a Obregón —y artífice de la bomba que falló, lo cual no habla muy bien de su habilidad—, fusilado junto con los Pro; está sepultado en el cementerio de la Villa de Guadalupe, aunque no nos consta que alguien vaya a rezarle.
A diferencia de las “reliquias” del jesuita Pro Juárez a quien los jesuitas de la “orden negra” han emplazado para proceso de “santidad”, lo cual fue obviamente ignorado por Das SS Karol Wojtila (a) J.P. II —por cierto ya “santo” (?) por arte de quiensabequé—, en sus cinco visitas a los EUM, cuando entre otras lindezas homenajeó y beatificó a varios cristeros quizá con la etiqueta: —rapidus furibundus—, célebres por torturar y matar maestros de escuela, durante la “cristiada”. Maestros que por otra parte, no son dignos de ser llamados mártires por la iglesia, seguramente por enseñar sobre la evolución de las especies ¡pecado! Detalles habituales en los “protocolos” de la ICAR. ¿Alguna vez la grácil Elba Esther se preguntó sobre eso cuando era líder de los maestros? No nos extraña, es obvio que la “maistra” no sabe algo de historia de los EUM. Quizá ahora por el lapso que pasó en chirona tenga tiempo para pensarlo, pero lo dudamos. Visitamos la iglesia aquella de la colonia Roma, luego de ver la urna con los restos de Pro (se nos prohibió tomar fotos) y, fuimos a las oficinas parroquiales.
Ahí, luego de contemplar unos bonitos afiches del fusilamiento de Pro y cómplices, recibir un par de folletos, se nos insinuó/ordenó que diéramos limosna lo cual hicimos raudos (con monedas fuera de circulación a falta de rondanas, pues puede ser peligroso molestar a los jesuitas, aún hoy en el siglo XXI), luego de un breve interrogatorio acerca de nuestras creencias (por supuesto, nos declaramos católicos fervientes), se nos informó del estado del proceso de beatificación del “mártir” padre Pro Juárez, “injustamente detenido (sic) por autoridades eclesiásticas enemigas de la Compañía de Jesús”. Pero, tal vez —se nos dijo con un ostensible suspiro esperanzado—, con la visita del SS Reichführer J. Ratzinger (a) Benedictus XVI, las cosas volverían a marchar, el papanazi (ya emérito) ni siquiera tomó en cuenta la invitación, al debido tiempo, su sucesor el chépapapancho —jesuita por cierto—, no ha dicho esta boca es mía…

Hasta entre los perros ferales
La verdad es que a los jesuitas no los quieren ni los mismos curas… Ni siquiera entre ellos hay paz, se arañan y muerden entre sí, pero hay que reconocer que guardan memoria de sus hermanos. Los otros eclesiásticos, los toleran y aguantan porque los necesitan. Son la milicia desechable del señor… Pero, ¿alguna vez será ‘santo’ Pro, ahora que el papa es un jesuita? Lo dudamos, a fin de cuentas fue un conspirador, asesino frustrado de Obregón, y hay reglas entre las relaciones de los Estados, y el Vatic ano. Además, los argentinos no quieren demasiado a los mexicanos, no quieren a nadie, salvo a ellos mismos…
Y los EUM, igual que aquel instalado en Roma por Mussolini, son Estados.
Nos preguntamos en el caso de Pro: ¿Habría sido diferente si hubiera matado a Obregón? Tal vez… quizá entonces tendría el par de milagros “comprobados” que se requieren. Toral triunfó donde otros fervientes católicos fallaron, pero no era jesuita, era un caricaturista y creyente del montón, enamorado de una rolliza monja… la cual lo utilizó (luego del asesinato y la cárcel, ella colgó el hábito y se casó). Por eso no hay católico que se precie de serlo, que reverencie su triste e inútil memoria.
Y, eso que si fue mártir, pues las torturas a las que fue sometido durante la detención (incluidas las sexuales), ni las soñarían en sus pesadillas quienes lo mandaron a cometer el crimen, bueno tal vez algunos si se excitarían. Pero: ¿A alguien le importa? ¿Alguien lleva flores a donde está enterrado Toral? ¿Alguien reza por él en el aniversario de su muerte? ¿Siquiera alguien se acuerda?
En el caso del cura Pro… que no de su hermano y cómplices fusilados junto con él… Hay una placa puesta por la Cía. de Jesús (hoy casi púdicamente tapada por cables que transmiten cosas más interesantes)…, la cual marca el sitio donde cayó el cura, no se menciona a los cómplices que, en todo caso serían tan mártires como él… no diré donde está, pero como cápsula cultural si acotaré; los ateos (a; sin, teos; dioses) solemos estar más enterados de tales minucias católicas y similares tonterías. Porque en realidad, ningún católico visita el sitio de los “mártires por la fe”, desde que los jesuitas pusieron ahí la placa (no por los otros, sólo por su hermanito Pro Juárez, repetimos), en verdad a ninguna persona le interesa (además no saben, ni les importa averiguar; la investigación nunca ha sido el fuerte de los creyentes), y prefieren al cercano san Judas Tadeo… Lo cual no deja de ser bueno; pues sería grotesco ver manifestaciones ahí. Ya tenemos demasiadas en la sufrida CDMX.
Como acotación al margen; los jesuitas no homenajean de manera alguna a su “mártir”, en el sitio de su muerte; el estado de abandono del sitio es evidente. Ni siquiera una flor en la fecha del aniversario de su fusilamiento. La verdad escueta es que la ICAR hace muy poco por sus “verdaderos” héroes.
Los perros ferales suelen ser más solidarios con los miembros de la jauría…

 

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