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Relaciones bilaterales en el filo de la navaja

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Con un Presidente chimoltrufio, como Donald Trump, no hay sueño seguro ni amanecer amable.

El energúmeno inquilino de la Casa Blanca, así como dice una cosa, dice otra. Nadie sabe a qué atenerse.

Ese es el santo y seña desde que, el 20 de enero 2017, el magnate melenudo entró al Salón Oval: Su estilo personal de gobernar es voluble y desenfadado. En grado extremo, el de un ruin provocador.

Si Trump ha tenido en incesante tensión a las potencias dominantes, aun a las aliadas, con México ha sido particularmente descarado y hostil.

A la luz de los hechos, el republicano no necesita un consejero, requiere de un domador. En materia temperamental, ni la siquiatría puede con él.

México, obligado a buscar un equilibrio catastrófico

En escala, México es regresado a los momentos más críticos de la Guerra Fría: Es obligado a buscar un equilibrio catastrófico sobre el filo de la navaja. Insostenible en el largo plazo.

Existen verbos pasivos que con Trump no se pueden conjugar ni con la mejor voluntad diplomática: Conceder, conciliar, contemporizar, convenir, congraciarse…

Por la mañana, Trump suelta un piropo; al mediodía un dardo envenenado; por la tarde, la cucharada de miel; por la noche, el barril de ácido.

La semana que termina ha sido de una verdadera e inamisible guerra sicológica: Las fronteras de México, lo mismo al norte que al sur, permanecen crispadas.

La lógica diplomática recomienda guiar la relación bilateral por los debidos cauces protocolarios, según su tradición mexicana de respeto a las normas internacionales. Eso es lo que ha intentado, infructuosamente, México.

Pero son válidas otras opciones. El propio Departamento de Estado ha patentado la escuela: Con gobiernos indeseables, vías alternas con representaciones civiles con poder real.

Frente a la amenaza de cierre de la frontera norte, por separado o concertados, los más poderosos frentes económicos y políticos estadunidenses han pactado la resistencia contra los dislates presidenciales: Duele más el cuero que la camisa cuando el capital y sus ganancias están de por medio.

Cuando en Wall Street se activan las alarmas, es señal de que, si el río suena, es que turbulencias arrastra.

En México, aquellos grupos estadunidenses con poder real tienen organismos espejo; los empresariales o sociales, en gran parte de los casos, meros apéndices: Hasta partidos políticos tributarios.

Ya basta de que esos intereses las esperen todas peladitas y en la boca. Si viajan en el mismo barco, frente al riesgo de naufragio, están obligados a remar: O todos se salvan, o todos nos ahogamos.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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