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Abraham García Opinión

San Lázaro: El piso de remates, abierto cinco días más

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Resulta una soberana paradoja -una canallada, dicho con más propiedad-, que el Ejecutivo federal abandere el combate a la corrupción económica investigando y abriendo causas por crímenes financieros y patrimoniales, y las bandas políticas en el Congreso de la Unión, emanadas del mismo partido, chapoteen en el fango de la corrupción “legislativa”.

Los muros de las moradas cuya misión es la formación de leyes para la buena marcha de la República, están siendo salpicados por el lodo que corre a torrentes, sobre todo en San Lázaro, en donde se ha extendido impunemente lo que algún beligerante denominó trata de personas.

El dinero de los contribuyentes cautivos, convertido en subsidios públicos a los partidos políticos y faunas de acompañamiento que, a la vieja usanza sigue sirviendo para comprar votos a los electores del llano, ahora se aplica para comprar votos a diputados sin escrúpulos, cuya rapacidad no tiene llenadera.

Partidos, entidades de interés público, ¿qué palabra no entienden?

El primer olvido intencional, rigurosamente premeditado,  en que incurren las dirigencias partidistas y las representaciones parlamentarias, es el de la Constitución, que define a los partidos como entidades de interés púbico, de lo que debiera seguir un celoso apego a la preservación de la majestad de las instituciones del Estado.

Una vez convertida la Carta fundamental en papel mojado, las leyes, los reglamentos, las normas éticas y los acuerdos entre las coordinaciones de bancada han sido transformados en fétidas letrinas en que se practica con mexicana alegría una vomitiva escatología: El gusto por el enfangamiento; por los excrementos.

¿Puédese, en estricto rigor, dársele crédito a los componentes de los cuerpos legislativos en las leyes para regular y expandir la Cultura  y la Educación, si quienes las votaron toman sórdidos atajos y refocilan en conductas de reincidentes bellacos, que no se preocupan más que por los saldos en sus cuentas bancarias?

Por donde quiera que se le vea, la pugna ahora por la directiva de la Cámara de Diputados -como sucede también por el control de las comisiones de dictamen-, no es más que una oportunidad más para tomar por asalto la Tesorería de esa colegisladora.

De la subcultura de los moches a Los papeles de Lozoya

En los periodos de las LXII-LXIII legislaturas federales se instituyó la subcultura de los moches, que se financió a costa de la gestión de recursos adicionales a los estados y municipios para obras y servicios.

Cebados los legisladores que optaron por el papel de gestores, el uso se dio por “institucionalizado” y Los papeles de Lozoya ponen a flote las criminales transas en que los directivos de ambas cámaras del Congreso y de las comisiones dictaminadoras fueron compensados por sus votos por la agenda del fáctico Pacto por México.

Algunos de esos “legisladores” engrasados llegaron a las gubernaturas de sus estados; otros, a encargos administrativos en escalas estatal y federal, y los más son repetidores en la LXIV Legislatura. El leopardo no puede borrar sus manchas ni con sales de amonio o lejía.

La bancada mayoritaria, tras las huellas de la chiquillada

En las últimas 72 horas, la subasta comenzó entre las bancadas de la chiquillada, pero seguramente mejoradas “las posturas”, ayer 25 integrantes de la fracción mayoritaria de Morena cambiaron el sentido del voto anterior. Otros optaron por la abstención; que también “vale”.

Esto no se acaba, hasta que se acaba, suelen decir los cronistas de emocionantes partidos de béisbol. Para mantener abierta la ventana de oportunidades, el piso de remates prolonga sus actividades hasta el 5 de septiembre. Las cámaras televisivas seguirán exponiendo en las pantallas hogareñas, en vivo, en directo y a todo color, el grotesco y denigrante espectáculo del quién da más. Es cuanto.  

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