Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

Signos del tiempo mexicano: Hemofilia y esclerosis

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Medio siglo político mexicano (1970-2020): Recordar nomás, que las elecciones presidenciales de medio tiempo se realizaron excepcionalmente el 21 de agosto de 1994.

Antes, el terremoto político del 6 de julio de 1988 y primera usurpación del poder presidencial. Después, el asesinato en marzo del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, y la insólita y teatral renuncia del secretario de Gobernación, a la vez presidente de la Comisión Federal Electoral, Jorge Carpizo, a dos meses de las elecciones generales en la fecha datada en el párrafo anterior.

A un mes de haber tomado posesión el presidente suplente, Ernesto Zedillo Ponce de León, el estallido del maquinado error de diciembre de 1994.

En 2000 se produjo la primera desencantadora alternancia en Los Pinos, de donde salió desahuciado el PRI. Seis años después, la segunda usurpación del poder presidencial, rescatado por el tricolor en 2012, sólo para volver a la damnificación electoral en 2018. Hoy, una atmósfera de noche de los cuchillos largos.

En los dos primeros sexenios de la media centuria relatada, dos rupturas del poder empresarial con el poder presidencial. Al inicio del cuarto sexenio, la ruptura del Presidente entrante con su antecesor, Carlos Salinas de Gortari. En 2006, la banda presidencial era jaloneada en la residencia pinolera, en la noche entre el 31 de noviembre y el primero de diciembre.

Final del milagro mexicano y la implantación del Estado neoliberal

En 1970 se daba el salto del desarrollo estabilizador al desarrollo compartido: Tocaba el final del milagro mexicano y se inauguraba la era de la crisis económica permanente, que aún subyace, siempre bajo la monserga de la democracia “representativa”, que se niega a dejar su sitio a la democracia participativa.

Las marcas de la morada mexicana en el medio siglo mexicano: Los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo cerraron fuerte sus aciagos mandatos: El primero, decretó la expropiación de los latifundios de los valles de El Yaqui y El Mayo, en Sonora; el segundo, con la Expropiación Bancaria.

Contra el primer acto de autoridad, abortó la Conspiración de Chipinque (suburbios de Monterrey, Nuevo León) para derrocar al Presidente. Contra la nacionalización del sistema de banca y crédito, la derechista campaña  México en la Libertad. El PAN empezó a amacizar la cuerda para escalar Los Pinos.

Llegó en 1988 La Generación del cambio: Colocó las mojoneras del Estado neoliberal. El Partido de la Revolución pasó a ser membrete decorativo. Su ex presidente Colosio, que en campaña propuso acotar el presidencialismo en sus límites constitucionales, fue ejecutado en el intento en marzo de 1994.

La presidencia en condominio y la economía de la tamalera

Zedillo marcó su santa distancia con el fragmentado partido que lo llevó al poder. En 2000 se estrenaron los  modelos de la presidencia en condominio y de la economía de la tamalera. El asalto al poder presidencial, seis años, después se expresó con una frase para los bronces: Haiga sido como haiga sido.

En la sucesión de 2006, el sistema facineroso para hacerse del control del Estado contó con la intromisión de la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la complacencia del Poder Judicial de la Federación en su división Tribunal Electoral, así como de facciones del poder económico y la injerencia agentes del Partido Popular de España.

En 2012 tocó a retirada La docena trágica. Le sucedió el mandato de Enrique Peña Nieto, quien hizo de todo el sexenio los años todos de Hidalgo y de Carranza; fase culminante de la política de Estado, lubricada por la corrupción ya en grados industriales.

Todos los años de Peña, de Hidalgo y de Carranza

La Cuarta transformación fue anunciada en 2018 como la de una Nueva era. No contaban sus exégetas con el Covid-19.

¿Cuál es el signo distintivo de los 50 años comentados? La circulación de las élites no ha tenido espacio para la sangre nueva. El sistema político, renuente a la reproducción de glóbulos rojos, está atrapado por la hemofilia y la esclerosis.

A todos nos salpica un poco la sentencia volteriana: Lloramos como mujeres, lo que no supimos defender como hombres. Por estamos como estamos. Es cuanto.

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