Voces del Periodista Diario
Opinión

Sobre el Defensor del Pueblo

VOCES OPINIÓN Por: Mouris Salloum George

La impactante oración la repitió en su primer discurso de  toma de posesión el presidente Franklin D. Roosevelt: En momentos críticos, lo más grave para toda sociedad es tenerle miedo al miedo.

Con esa divisa y El nuevo trato, Roosevelt rescató a sus compatriotas de la postración espiritual en la que los hundió La Gran Depresión.

En su relación con México, Roosevelt demostró su gran respeto a nuestra nación, entonces conducida por el general Lázaro Cárdenas. Incluso, cuando El divisionario de Jiquilpan decretó hace 79 años la Expropiación Petrolera.

Hoy, no es como antes: Cuando la Expropiación, Cárdenas recibió el más conmovedor gesto de apoyo popular: Humildes mujeres se presentaron ante Palacio Nacional para entregar sus gallinas a fin de que, con el producto de su venta, se pagara la indemnización a las compañías expropiadas.

Hoy, no es como antes. Frente a las acechanzas de Washington, los Poderes de la Unión y los dirigentes de los partidos políticos pasan por el más bajo rango de credibilidad.

Un servidor del Estado que dice y hace lo que se necesita

Es evidente que, en horas de destino, lo último que se pierde es la esperanza.

En una atmósfera interna en que señorean las ambiciones personales con miras a la sucesión presidencial, en la lista visible de los aspirantes no aparece el nombre del presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, doctor Luis Raúl González Pérez.

Debe ser, porque es una persona y servidor del Estado confiable.

Nombramos al doctor González Pérez porque, en un clima de confusión y crispación doméstico, mañana viajara a Nueva York a cumplir la alta misión que le confiere su título de ombudsman; traducido del sueco al español: Servidor del pueblo.

Va el doctor González Pérez ante instancias de la ONU a defender no sólo los Derechos Humanos de los mexicanos amenazados por el gobierno de los Estados Unidos, sino los de aquellos que transitan por nuestro país hacia la región norte del continente.

Sin estridencias mediáticas, pero con toda energía, el doctor González Pérez inició oficios de serena diplomacia apenas una semana después de la toma de posesión de Donald Trump.

A cuatro instancias internacionales se dirigió el presidente de la CNDH el 29 de enero para demandar vigilancia, y seguimiento en su caso, y emitir pronunciamientos y medidas que correspondan al cambio de política migratoria del gobierno de los Estados Unidos.

  • Al relator especial de la ONU sobre Derechos Humanos de los Migrantes, Francois Crèpeau; 2) al presidente del Grupo de Trabajo (de la ONU) sobre Derechos Humanos, Setondji Roland Adjovi; al relator para Derechos Humanos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Enrique Gil Botero y el Comité para la Protección de Migrantes de la propia comisión interamericana, José Brillantes.

La demanda central en esa gestión, es que se brinden las debidas garantías procesales a los migrantes a la hora en que su condición jurídica sea evaluada y se evite la criminalización-discriminación con actos de intolerancia, xenofobia, exclusión y violencia en su contra.

Hoy por la mañana, al participar en un foro sobre la Constitución mexicana, en el Aula Magna Jacinto Pallares, de la Facultad de Derecho de la UNAM, el doctor González Pérez explicó a la audiencia la trascendencia de la reciente reforma al Artículo Primero de la Carta fundamental en materia de Derechos Humanos.

Vale rescatar dos observaciones señaladas por el ponente. La primera, respecto de los reportes del Departamento de Estado, referidos a México en materia de Derechos Humanos: Si Washington tiene autoridad moral para exigir a otros Estados, lo que no observa en su propio territorio.

La segunda nos incumbe: Si el gobierno mexicano es tan celoso en la defensa y protección de los Derechos Humanos de nuestros compatriotas en los Estados Unidos, preciso es que, como buen juez, por su casa empiece: Que las mismas garantías se brinden a los hermanos centroamericanos que llegan en tránsito o, por alguna circunstancia, permanecen en territorio mexicano. Vale.

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