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Sobre el juicio neoyorkino contra El Chapo Guzmán

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Qué buen banquete de morbo, están sirviendo los medios de comunicación estadunidenses y domésticos con el inicio del juicio contra Joaquín El chapo Guzmán Loera.

La estrategia mediática de los abogados del capo sinaloense -cuyos resultados calibrará el jurado de la causa- tiene un giro sesgado: El primer testigo, Jesús El rey Zambada está descargando un arsenal de acusaciones contra dos ex presidentes y el actual en funciones, por la supuesta aceptación de cohechos y sobornos; incriminación que alcanza a mandos del Ejército mexicano.

Sesgado el asunto, repetimos, porque las imputaciones se centran exclusivamente en la relación agentes de Estado-cárteles de la droga, como si no existieran en el circuito todo un complejo privado que se encarga de la ingeniería financiera para fondear la actividad del crimen organizado y blanquear el principal y las ganancias.

Un muerto cada 19 minutos por sobredosis de medicamentos

Tenemos a la vista un texto sobre el tema, elaborado por la oficina presidencial de Barack Obama. Sólo un dato indicativo: Para 2007 el gobierno ya aplicaba recursos públicos por un monto de 193 mil millones de dólares para el combate a esa actividad, considerada desde la década de los sesenta, problema de salud pública y de seguridad.

Ese es el punto: Desde la presidencia de Richard M. Nixon, Washington diseñó un plan antinarcóticos que, sin embargo, sólo se dirigió a los países productores y de tránsito de las sustancias prohibidas.

Del documento antes consultado tenemos el dato de que, en los Estados Unidos, muere una persona cada 19 minutos por sobredosis de medicamentos recetados por un facultativo con cédula profesional.

Para autoridades de Salud del vecino país, esas experiencias médicas culminan en las adicciones que se satisfacen con drogas pesadas.

¿Condenas? Sería atentar contra la libre iniciativa individual

Durante la presidencia de Ronald Reagan, según registro hemerográfico, hubo sentencias judiciales exculpatorias en favor de imputados por narcotráfico, aduciendo que la condena constituiría un atentado contra la libre iniciativa individual.

Damos los indicios anteriores porque el gobierno norteamericano, con tamaño problema de consumo y criminalidad en su propia casa, adopta la posición del avestruz pretendiendo que el origen de todos sus males radica en el exterior.

A ese efecto, mientras internamente se tiene una política de tolerancia hacia sus propias mafias de la droga, todo el combate se desarrolla en huertos ajenos, humillando la soberanía de los países productores.

Precisamente durante la gestión de Nixon, en 1973 se creó la Agencia Antinarcóticos (DEA) a la que ahora se asignan tres mil millones de dólares al año.

DEA, Plan Colombia, Iniciativa Mérida, carabinas de Ambrosio

Si el consumo y el suministro continúan creciendo, ¿no es hora de evaluar los 45 años de gestión de la DEA, que ha tomado en rehenes a los gobiernos a los que se supone coludidos con los grandes cárteles, operación evidentemente con tintes políticos, más que de erradicación de la pandemia?

Desde ese enfoque, es de observarse que, por ejemplo, el Departamento del Tesoro no ve el reto como asunto de salud y seguridad, sino fiscal, sobre todo en cuanto se refiere a la exportación de los excedentes financieros desde las redes bancarias de los Estados Unidos.

Durante el doble mandato de George W. Bush el tratamiento del problema alcanzó una nueva dimensión con la imposición del Plan Colombia, que se caracterizó más como una operación militar de contrainsurgencia que de freno el trasiego de cocaína, que sigue fluyendo a territorio estadunidense.

El “modelo Colombia” se trasladó a México con la Iniciativa Mérida. Ya no bastó la DEA. Tácitamente se expuso a las Fuerzas Armadas mexicanas al control de los Comandos Sur y Norte para fines de otra naturaleza: Su eventual participación armada en países latinoamericanos, cuyos regímenes no son del agrado de la Casa Blanca.

Estados Unidos pone las armas; México los muertos

En el marco de aplicación de la Iniciativa Mérida en México se han perpetrado crímenes que han dejado ya más de 300 mil asesinatos con arma de fuego, 40 mil desapariciones, “daños colaterales” incuantificables y docenas de miles de familias desplazadas de sus lugares de origen.

Si El chapo Guzmán y otros compañeros de viaje han sido o están siendo juzgados en tribunales de la Unión Americana y el río de estupefacientes sigue generando anualmente valor por alrededor de 800 mil millones de dólares en el mercado internacional, cuyo más alto porcentaje se lava en el sistema bancario de los Estados Unidos, ¿se resuelve la crisis humanitaria provocada por el insaciable consumo fabricando imputaciones contra las instituciones mexicanas?

Sospechamos que el escándalo mediático sobre el juicio en Nueva York tendría otra intencionalidad: Apretar las tuercas, con otros fines, al próximo gobierno. Al tiempo.

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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