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Opinión

Sobre Morena cabalga una manada acéfala

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

Sin haber madurado su constitución orgánica como partido nacional, el Movimiento Regeneración Nacional le sigue dando vuelta a la noria, encerrado en un circuito en que la única curiosidad es saber a qué instancia acudirá para ventilar sus conflictos internos: Si al Instituto Nacional Electoral o al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Hoy, Morena está en el INE, al que anoche se presentó el diputado con licencia Alfonso Ramírez Cuellar, para solicitar a la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos su inscripción en el registro como presidente designado por el Congreso Nacional Extraordinario del pasado 26 de enero. La autoridad administrativa en materia electoral tiene un plazo de 20 días para dar respuesta al trámite.

No deja de ser significativo que la crisis de legitimidad en Morena se haya desencadenado al año en que la aplanadora lópezobradorista se quedó casi con todas las canicas el 1 de julio de 2018.

Hace siete meses, en efecto, en encuentro nacional se votó por la formación de una comisión electoral para convocar al nombramiento de una dirigencia nacional estatutaria y sacar al Movimiento de la provisionalidad que le fue conferida, por un año, a la secretaria general del CEN, Yeidckol Polevnsky. La presidencia de esa comisión le fue asignada al periodista militante, Pedro Miguel, con probada autoridad profesional y moral.

Anclado en el electorerismo, Morena ha perdido su esencia social

La convocatoria para ese proceso se fechó para el 20 de noviembre de 2019. Luego fue pospuesta para los días 23 y 24 por zancadillas perpetradas en el Comité Ejecutivo Nacional, que se ha resistido a convocar a la renovación directiva, facultad que asumió el Consejo Político Nacional que celebró el Congreso Nacional Extraordinario del pasado 26 de enero.

Para entonces, el escritor Paco Ignacio Taibo II ya había diagnosticado que Morena se había anclado en el puro electorerismo y había perdido su esencia social.

El propio Pedro Miguel, una semana después de aplazado el Congreso Nacional electoral del 20 de noviembre, escribió en estos términos: Dirigentes, funcionarios partidistas, bases, cuadros e individuos sin relevancia jerárquica, hicimos innumerables y desgastantes esfuerzos para mantener la unidad y la institucionalidad de Morena y no se logró.

El CEN incumplió acuerdo político para destrabar la crisis  

A renglón seguido, Pedro Miguel reveló: Se transigió en todo y a la postre la secretaria general en funciones de presidenta del Comité Ejecutivo Nacional, Yeidckol Polevnsky, incumplió el acuerdo político de última hora que permitiría resolver la crisis mediante una sola convocatoria a un congreso extraordinario.

Se cumplió el plazo establecido y del sector del CEN dominado por ella, que se dice mayoritario, no salió convocatoria alguna. Unos días después Polevnsky declaró, entre vituperios a dirigentes de otros órganos partidistas, que no firmaría la convocatoria acordada. Con ello se hizo público de súbito que la encargada de la presidencia del CEN no honraba su palabra, denunció Pedro Miguel.

Curiosamente, en el transcurso de los eternos dimes y diretes, Polenvsky salió a escena para anunciar que, nunca está más oscuro que cuando comienza a amanecer.

Andrés Manuel López Obrador gobierna sin partido

Hoy, en La Jornada, Pedro Miguel vuelve a la carga asegurando que Andrés Manuel López Obrador gobierna sin partido y que Morena actúa sin orientación ideológica ni seguimiento de la acción gubernamental.

Veinte días es el plazo para que el INE, con la documentación entregada por Ramírez Cuéllar, dictamine si su solicitud de registro es válida. De lo que resulte, es absolutamente previsible que la controversia llegue de nuevo al Tribunal Electoral federal. El cuento de nunca acabar.

En los estados, los madrugadores ya están quebrando la piñata

Lo grave del asunto para Morena, es que, en esa condición de conflicto e inestabilidad de los órganos centrales, el remesón está llegando a las estructuras y las bases de los estados, donde dirigentes formales, cuadros activos en las administraciones gubernamentales, legisladores y francotiradores se están adelantando a quebrar la piñata para hacerse de las candidaturas a los puestos de elección popular que se disputarán en 2021, con rumbo a las elecciones generales de 2024, con sucesión presidencial.

Estamos, pues, ante el deplorable espectáculo de una manada acéfala, cuya estampida se ha llevado entre las espuelas a otros partidos, cuyos tránsfugas encontraron asilo en el movimiento de López Obrador.

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