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Son legiones los que quieren despertar al México bronco

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Por más que el grupo dominante pretenda que los mexicanos ven las cosas al revés y proponga que hay que enseñarlos a contar correctamente, sólo los ciegos no ven que la pradera nacional está seca y sólo falta un delirante suicida que le arroje un cerillo encendido para provocar la gran conflagración.

Aquellos mexicanos que todavía hacen uso de su memoria, tienen presente que en 2018 se cumplen los primeros 50 años de la enorme explosión política de 1968.

De esos terribles sucesos, José López Portillo, un tanto optimista, declaró: De la crisis de conciencia, pasamos a la conciencia de la crisis. Fue la motivación nuclear de la Reforma Política 1977-1978.

¿Cómo entender ahora al ex presidente, si era un populista?

¡Paz! el gran clamor de la comunidad universitaria jalisciense

El pasado fin de semana,  Jalisco fue presa del estrés: 300 mil estudiantes se declararon en paro estatal. En esa expresión de protesta multitudinaria, una palabra primó las concentraciones: ¡Paz!

Hace cinco años y cuatro meses, los compatriotas escucharon un solemne compromiso: Por Un México en paz. Estamos a ocho meses de que concluya el sexenio: No hay paz en las calles, ni tranquilidad en las conciencias.

La reacción de la comunidad universitaria toda en aquel estado del occidente mexicano la generó el secuestro de tres estudiantes. Luego se supo de la desaparición de dos más. Una fue localizada. El cadáver de un quinto fue encontrado colgado en una cañada. “Suicidio”, dice el parte forense. Los primeros estudiantes no reaparecen aún.

¿Quién quiere soltar el enfurecido tigre?

En la crispada y explosiva situación que vive la República, ¿a quién le interesa pellizcarle los testículos al tigre? Nomás para calcular los riesgos que ensombrecen la escena electoral, tomemos nota de una advertencia, a saber:

Después de que le fue denegado el registro como pretendiente a la candidatura presidencial, Jaime Rodríguez exclamó: ¡Han despertado al México bronco!

Esa figura de alerta se debe al sabio don Jesús Reyes Heroles: El “México bronco” está en el sepulcro, pero no está muerto. ¡Cuidémonos de no despertarlo!

Las provocaciones contra la Universidad Pública

Hace medio siglo estalló la gran sublevación juvenil en México. En planteles de educación media y superior metropolitanos, especialmente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se ha abierto ya la agenda conmemorativa del 68.

Ocasión propicia para mantener encendidas las alarmas de alerta. En Sociología, se sabe cuándo y cómo se inician las grandes perturbaciones sociales; nunca se sabe cómo y cuando terminarán.

Entremos en materia y atentos a las provocaciones: Desde que se produjo la primera alternancia en el poder presidencial, legisladores del partido en el gobierno usaron el pleno de la Cámara de Diputados para exigir que se restringiera el subsidio gubernamental a la Universidad Pública. Apuntaron directamente  sus baterías contra la UNAM.

En el sexenio siguiente, la política en materia de Educación Superior se reorientó en favor de las instituciones privadas. Se dispuso incluso de programas especiales de financiamiento de becas, con cargo a la banca de desarrollo, exclusivamente en favor de estudiantes de esas empresas particulares.

En el actual sexenio se ha seguido esa tendencia. Lo que mueve estos comentarios tiene otra índole: Con la coartada de algunos incidentes delincuenciales en los campus de la UNAM, no se hicieron esperar voces que abogan por la intervención policial en Ciudad Universitaria, haciendo abstracción de su régimen autonómico.

El Consejo Universitario y la rectoría han salido al paso a ese despropósito, pero algunos sectores reinciden en su exigencia.

“Operación salud” en las aulas de la UNAM

El pasado fin de semana, el diputado de la bancada del PAN a la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, Ernesto Sánchez Rodríguez, integrante de la Comisión de Educación, lanzó de su ronco pecho la iniciativa de una política pública en las aulas de la UNAM “para reducir los suicidios de estudiantes. En esta operación, la participación de los padres de familia es fundamental”.

El legislador panista trata las excepciones como si se tratara ya de un problema de salud pública. Por supuesto, no da un solo dato que respalde su iniciativa. Sólo habla de una tendencia.

El tendencioso es el legislador con iniciativa. Para otros efectos al sujeto se le pone otro adjetivo calificativo. Pretende Sánchez Rodríguez trasladar a la UNAM un supuesto analizado por el IMSS, ciertamente no concluyente: Que ocho de cada diez mexicanos tienen tendencias suicidas. Ergo: En la lectura del legislador, ocho de cada diez estudiantes universitarios tendrían tendencias suicidas.

El simplismo de Sánchez Rodríguez seria cómico si no entrañara la perversa intencionalidad de buscar cualquier pretexto para la ocupación de los campus universitarios por fuerzas policiales disfrazadas de “brigadas médicas”

No está el horno nacional para bollos. En cualquier metro del territorio nacional está el registro de las trágicas consecuencias de apelar a la fuerza para tratar de contener la criminalidad.

Provocar la frágil sensibilidad de los jóvenes -lo prueban los expedientes históricos- tiene graves costos. Como diría el difunto Juan Gabriel, ¡Pero qué necesidad…! Es cuánto.

VP/Opinión/EZ

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