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Vivos se los llevaron: ¡Vivos los queremos!

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Antes de que las estridentes exigencias de equidad de género, igualdad de género y paridad de género se respondieran políticamente con dación de puestos públicos por decreto, no existía más que la opción de la resistencia civil pacífica de los ciudadanos, demandando al Estado el respeto a los derechos políticos y sociales de todos los mexicanos.

Hoy recordamos la denominación de una organización no gubernamental: Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos. Acaso valga un signo, @.

De lo que hablamos, es de que la represión y la opresión ejercidas por el grupo dominante -poderes constitucionales y fácticos- se reparten “democráticamente”, sin distinción de sexo, edad, religión, condición social, etcétera.

Vale una segunda -que debiera ser primera- acotación: Desde los años veinte del siglo pasado mexicano, la represión estatal se descargó preferentemente contra militantes de izquierda, muchos de ellos inscritos en el ala comunista o socialista de la geometría política.

En la interminable lista acumulada durante casi un siglo, encontramos pocos nombres presos políticos de las derechas políticas, económicas o religiosas que se agazaparon en las troneras de la Contrarrevolución a partir de la primera década de los veinte.

Doña Rosario Ibarra de la Garza, madre de Jesús

El Comité citado se conoce coloquialmente como Eureka. Su impulsora y alma ha sido, hasta la agonía física -que no espiritual-, doña Rosario Ibarra de la Garza, quien, en su bandera de lucha, imprimió el clamor: Vivos se los llevaron; ¡Vivos los queremos!

La motivación de la heroica coahuilense -paisana de Francisco I. Madero y de Venustiano Carranza-, fue el secuestro y la desaparición en 1973 de su hijo Jesús Piedra Ibarra. El drama la atrapó, pero no la cegó: No hay causa social o política que no esté en la agenda de esa noble mujer en su casi medio siglo de combate en favor del ser colectivo: El pueblo.

Su ancha, profunda y abarcadora visión universal la compartió con su compañero de vida, el ingeniero Piedra, entre otras identidades dirigente de la Sociedad de Alumnos Socialistas de la Universidad Autónoma de Nuevo León y miembro del extinguido Partido Comunista Mexicano (PCM).

Todavía, hasta el primer semestre de 2018, vimos a doña Rosario en su brega de eternidad por la extensión, observancia y respeto a los Derechos Humanos -en cuyo centro de gravedad está la persona-, Comisión senatorial en la que entregó el resto de su energía física y todo el capital moral que ha caracterizado su ciclo vital.

La Historia de 1988 no se escribe sin el nombre de Doña Rosario

Sin pertrecharse en los escudos de la equidad, la igualdad y la paridad de género, la combatiente mexicana escribió una histórica página al lado de los varones Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, como primera candidata presidencial mexicana en 1988.

Después de la caída del sistema de cómputo electoral el 6 de julio de 1988, doña Rosario pactó con Cárdenas y Clouthier la resistencia contra el golpe de Estado Técnico (constitucionalista priista don Antonio Martínez Báez dixit), que encumbró en la Presidencia de México al neoliberal Carlos Salinas de Gortari.

El dato no es de poca monta: El terremoto político de 1988 fracturó la hegemonía política detentada durante medio siglo por el partido casi único: El PRI.

Si el número de votos que el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados de calificación de la elección presidencial -que acomodó por consigna la asignación de los sufragios- fue relativo, su valor simbólico radica en que fueron emitidos voluntariamente por una mujer; por añadidura, abanderada por un partido de izquierda.

En 1988 el viejo establishment quedó herido de muerte

Obviamente, doña Rosario no vivió sueños guajiros imaginando la banda presidencial cruzada sobre su pecho, como otras Rosarios sí se lo imaginaron; es demasiado realista: Era y es una luchadora contra el sistema y perdió la elección de 1988, ganando: El establishment quedó herido de muerte.

Consciente de que el 88 no era el último puerto en su carta de navegación, doña Rosario recargó su voltaje anímico y se mantuvo activa no sólo en las instancias burocráticas públicas, sino en su espacio natural: La Sociedad Civil.

Doña Rosario no ha recuperado a su hijo Jesús, ni muerto ni vivo, como se lo llevaron. Pero su figura ha catalizado el dolor y la esperanza de miles de padres mexicanos.

El nombre de la patriota dignifica de nuevo la Belisario Domínguez

La Comisión del Senado para la asignación de la Medalla Belisario Domínguez 2019, ha dignificado de nuevo la distinción, otorgándosela a la insumisa e indómita combatiente por otro México es posible.

No podrá estar físicamente La patriota en la entrega de la presea que recuerda al senador y protomártir chiapaneco. Pero los mexicanos bien nacidos estarán con ella en su lecho del dolor.

Permítaseme una cursi licencia de escribidor: La entrega de La Belisario se hará el 23 de octubre, precisamente cuando cumplimos los primeros 80 años de vida. ¿Se nos puede ofrecer mejor cuelga? Es cuanto.

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