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Vuelve, Rosario, te perdonamos

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

La solidaridad supera cualesquiera de los esfuerzos aislados de los sectores sociales ensayados previamente en México.

Así definió el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) el ex secretario de Desarrollo Social, Carlos Rojas Gutiérrez, al estar ya a caballo dicha iniciativa de Carlos Salinas de Gortari.

Por uno de los participantes del consejo técnico de dicho programa nos enteramos de que, a meses de estar en marcha, las primeras auditorías descubrieron que cuantiosos recursos etiquetados se dieron por ejercidos en comunidades del sureste del país que ya no aparecían en la geografía nacional.

Salinas de Gortari llegó a decir ante poblaciones indígenas, que a su rescate serviría el fondo acumulado como producto de las desincorporaciones de entes públicos.

Con Ernesto Zedillo, Pronasol cambió de denominación. Con Vicente Fox ya fue Oportunidades. Con puntual insistencia, el guanajuatense sumaba en millones y millones a la cifra de beneficiados: El que no lo crea, que vaya a contarlos.

A costa de viejos y nuevos pobres, la estafa maestra

Entre los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, el Consejo Nacional de Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social empezó a reportar que la suma de viejos y nuevos pobres, lejos de revertirse, se incrementaba año con año.

Peña Nieto lanzó la Cruzada Nacional contra el Hambre. Confió el arranque de su operación a la titular de la Secretaría de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga.

Para decirlo pronto, antes de que finalizara el periodo peñista, la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados, en sus reportes sobre el gasto en política social, resultado de la revisión de las Cuentas Públicas, encontró profundos hoyos negros. Coloquialmente se tipifico ese fenómeno como La estafa maestra.

A víctimas de los terremotos de 2017, plásticos sin fondos

A raíz de los terremotos de septiembre de 2017, el gobierno federal anunció recursos extraordinarios para el auxilio inmediato a los damnificados y para el plan de reconstrucción en al menos siete entidades afectadas, sobre todo en el sureste del territorio nacional.

Particularmente en Oaxaca y Chiapas, y aun en la Ciudad de México, a las víctimas de esos desastres se les empadronó y a su nombre se emitieron tarjetas de débito para su subsistencia alimentaria y resarcimiento de daños materiales. Pronto proliferaron las denuncias: Las tarjetas carecían de fondos.

Las vicisitudes de la nueva pensión universal

Desde su campaña presidencial de Juntos haremos historia, Andrés Manuel López Obrador prometió que los subsidios a programas asistenciales para personas de la tercera edad se concentrarían en la denominada pensión universal. El programa se puso sobre rieles, formalmente.

La pensión universal se abonaría en cuentas activas de Seguridad Social de pensionados, las instituidas por la secretaría federal de Desarrollo Social y la alimentaria, a cargo del gobierno de la Ciudad de México.

Desde finales de mayo pasado y durante la semana pasada, ante el nuevo Congreso de la Ciudad de México, en la explanada del Zócalo metropolitano y otros sitios citadinos, empezaron a expresarse protestas de jubilados y pensionados.

Unos, porque reclaman el derecho a ser incluidos en la pensión universal; otros… porque se han quedado, dicho solo a manera de alegoría, como el perro de las dos tortas.

Verbigracia: Las tarjetas “rosadas” –de Obrador, les llaman sus antiguos titulares- han sido canceladas masivamente. Entre las espuelas se han llevado los saldos a favor de los beneficiarios, que se han quedado en ayunas.

El banco escogido para suministrar y administrar las nuevas tarjetas de la citada pensión universal, no explica porque los plásticos, que llevan la denominación bancaria, todavía carecen de fondos. Ayer seguimos un reportaje televisado sobre el asunto desde Tabasco, tierra del Presidente.

La burra no era arisca, la hicieron a palos

Se supone que los recursos ya etiquetados son gestionados por la Tesorería de la Federación. No se sabe si esta dependencia está sujeta a las políticas de austeridad de los operadores de la Secretaría de Hacienda.

En términos de conseja popular, dada las experiencias consignadas en párrafos anteriores, se puede advertir que la burra no era arisca… Es cuanto.

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