Voces del Periodista Diario

Los “aportes militares” de la OTAN a Ucrania

Haciendo un balance profesional y analizando la información disponible sobre los recursos humanos, materiales y medios militares rusos, podemos “inferir” qué necesita Ucrania, qué debilidades objetivas tiene este estado considerado en esta guerra larga e irrestricta, como primera línea en el flanco oriental de la OTAN.
Así, y de acuerdo con nuestro análisis profesional (sin sesgos) creemos que las posibilidades de Ucrania de ganar la guerra contra Rusia no se pueden evaluar de manera especialmente optimista.
Desde el inicio hemos elogiado el heroísmo de las Fuerzas Armadas de Ucrania y la disposición y el compromiso de sus soldados. Asimismo resaltamos la seriedad y expertiz de las fuerzas rusas, que han demostrado en estos tiempos gran capacidad de adaptación y resiliencia.
En nuestros análisis, hemos advertido de la entrega ineficaz de una inmensa cantidad de medios militares y ayuda financiera, entregada a Ucrania, por parte del eje atlantista. También advertimos contra la falta de ayuda a Ucrania, la entrega sucesiva, en fases, como por ejemplo: si tanques, no aviones.
Luego si aviones, no misiles, etc. esto produce un impedimento al uso adecuado del poder militar. Por otra parte vemos que Rusia sí está preparada para la guerra, habiendo pasado a una economía de guerra y motivado a los soldados que están listos para luchar por su país.
Un ejemplo actual: Con los F-16 y ahora los Mirage 2000, la OTAN arma a Ucrania en el cielo, pero los problemas persisten.
El “escudo” aéreo occidental sobre Ucrania está empezando a reforzarse (¿será tarde?), al menos en intención. Pero está por verse cuándo podrá estar plenamente operativo y en qué medida podrá contribuir a frenar una ofensiva rusa cada vez más agotadora en el conflicto que persiste en Europa del Este desde hace casi dos años y medio.
En la cumbre celebrada como parte de las celebraciones del 80º aniversario del desembarco de Normandía, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, recibió del jefe de Estado francés, Emmanuel Macron, la promesa de recibir cazas Mirage 2000 de París antes de fin de año.
El caza Mirage 2000 es actualmente un activo secundario en la Fuerza Aérea francesa en comparación con el más moderno Rafale. Sólo un escuadrón, desplegado en el departamento de Alto Sena, vuela hoy con este avión, que entró en funcionamiento en los años 1980 y está destinado a ser retirado en 2029.
París podría proporcionar a Kiev los suministrados y operativos, algunos de los cuales también están desplegados en Yibuti para operaciones de protección aérea del pequeño país del Cuerno de África, o entregar a Ucrania los que actualmente posee Qatar y que Doha intenta vender desde hace tiempo.

Cambio de ritmo
‘Le Monde’ subraya la importancia de un cambio de ritmo promovido por Macron, que forma parte de la estrategia del presidente de elevar el nivel de disuasión hacia Rusia, no sólo para apoyar a Ucrania, sino también para mejorar su posición relativa en el marco de Europa en donde, tras la inminente votación comunitaria, Francia tendrá que luchar para decidir los altos cargos de la Unión, el verdadero activo de París: la supremacía militar en un Viejo Continente inserto en un contexto global caótico.

Los Mirage 2000 se unirán a los F-16. La intención es que, tras el entrenamiento de los pilotos ucranianos en suelo francés, el Mirage 2000 pueda aparecer operativo en los cielos del teatro de operaciones en cinco o seis meses. Pero hay un largo camino desde la teoría a la práctica.
El caso del F-16 lo confirma. “En mayo de 2023, el presidente Joe Biden dio luz verde a las solicitudes de otros países para enviar sus propios F-16, pero los desafíos logísticos retrasaron repetidamente el entrenamiento”, recuerda el periódico político. “Para complicar aún más el esfuerzo, los países occidentales tardaron meses en aceptar enviar sus aviones a Ucrania”
Actualmente, recuerda el periódico estadounidense, “Dinamarca, Noruega, Países Bajos y Bélgica planean enviar más de 60 aviones F-16 de fabricación estadounidense a Kiev este verano”, meses después del umbral inicial de 2024 previsto inicialmente.
Debemos señalar también que estos aviones, para Estados Unidos, no desempeñarán un papel decisivo en el campo de batalla. Principalmente por los problemas de entrenamiento que se están dando, desde Texas hasta Dinamarca, debido a los “cuellos de botella” por la reducida capacidad de entrenamiento de las bases aéreas de los países donantes. Mientras tanto, los Estados Unidos prefiere concentrarse en el suministro de componentes para los F-16 en teatros críticos como Taiwán, o en recaudar fondos para su sistema industrial, por ejemplo vendiendo lotes de estos versátiles aviones de combate a Turquía, a la Argentina y a otros países, en lugar de centrarse íntegramente en su traslado a Kiev.
Para Kiev, la llegada de los Mirage podría compensar el revés sufrido por la “demora” de los F-16, de los que hasta la fecha sólo están garantizadas las 24 unidades holandesas, y la similar ralentización en la petición a Suecia de los eficaces cazas Gripen.
Estocolmo aprobó dieciséis paquetes de ayuda militar para Ucrania, antes y después de unirse a la OTAN, pero aún no está convencida de privarse de su preciado activo aéreo.
Macron, si lograra superar las limitaciones operativas que presentan los F-16 y que podrían volver a surgir para Francia, entre ellas desde el obstáculo lingüístico en la comunicación entre entrenador y piloto hasta el desafío de integrar el entrenamiento en un plan militar completo, ganaría un punto. Pero de aquí a finales de año, incluso si los F-16 son superados por los Mirage 2000, muchas cosas pueden cambiar sobre el terreno en Ucrania y no es seguro que los aviones puedan aportar mucho o impedir una inminente ofensiva de verano. Frente a una estructura militar rusa adecuada en términos antiaéreos, será decisivo garantizar que Ucrania tenga una mayor cobertura aérea para la defensa o posibles contraofensivas.

¿Los nuevos aportes atacarán en suelo ruso? 
Los aviones de combate tendrían un papel proyectivo diferente en apoyo del objetivo, garantizado por varios países de la OTAN, de poder proporcionar a Kiev la posibilidad de atacar objetivos en suelo ruso, siempre que sean militarmente legítimos.

Para Kiev serían útiles sistemas de misiles de distintos tipos, incluidos los Storm Shadows suministrados por el Reino Unido, Canadá y, aparentemente, pronto también por Italia, que hasta ahora ha dudado en cuanto a los ataques transfronterizos.
Pero con seguridad podemos inferir que, estamos muy lejos de la idea de que los nuevos aportes aéreos puedan ser el arma clave para equilibrar una guerra a favor de Kiev, dada la estrategia de desgaste y la amplia predisposición rusa a gestionar nuevas entradas de armas a largo plazo. Difícilmente veremos una gran flota aérea ucraniana armada con vehículos aéreos occidentales, dignos de ese nombre, antes de 2025. Este momento ¿será tarde?

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