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Comerse la torta antes del recreo

Abraham2-2-1-300x180El lecho de Procusto

Abraham García Ibarra

Cuando el doctor de reincidente apellido, Agustín Carstens Carstens, despachaba en la Secretaría de Hacienda con Felipe Calderón, hasta sus detractores más pertinaces le reconocían sus habilidades para obtener de Wall Street de Nueva York y  La City de Londres, las mejores calificaciones para el barco de gran calado del michoacano. ¿Cómo le hacía?

Ahora, el doctor Carstens es gobernador dimitente del Banco de México y ejecutivo en jefe nombrado del Banco Internacional de Pagos. Nada más, pero nada menos. Se irá en diciembre.

De las dotes negociadoras del doctor Carstens se ha hecho memoria en estos días en que, súbitamente, Standard & Poor’s Global Rating ha modificado la calificación de México de negativa (al menos desde agosto pasado de 2016) a estable.

Ese tipo de calificaciones tiene como principal eje la capacidad de pago de la deuda pública que pesa sobre el Producto Interno Bruto (PIB). Para fines de 2016 evaluaciones domésticas aseguraban que el global de ese débito rebasaba ya el 50 por ciento del PIB.

El registro en 2017 indica que la deuda pública no ha disminuido; al contrario, habría cruzado la barrera de los 10 billones de pesos, un máximo histórico desde que Ernesto Zedillo le dejó a Vicente Fox un saldo de unos dos  billones  de pesos.

¿Cómo se produjo el milagro del que da cuenta Standard & Poor’s? ¿De la noche a la mañana? Ni la Virgen de Guadalupe. Algo se había cocinado previamente.

En lo que va de 2017 los análisis más autorizados indicaban que la Reforma Energética no ha dado el ancho esperado. Todavía hace poco más de dos semanas el secretario de Hacienda, José Antonio Meade anunció que los criterios de Política Económica para 2018, con sus respectiva Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos serían ajustados a la baja.

Por supuesto, la explicación de esos recortes se atribuye a la restricción de los ingresos petroleros, aunque se hayan mejorado los ingresos tributarios.

Al son de las rondas de remate de los campos petroleros mexicanos, que se iniciaron hace dos años,  el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell proclama contratos que generarán una millonada de dólares, pero en la mayoría de los casos se acota que ese maná caerá posiblemente entre tres o cuatro décadas por venir.

Un “nuevo momento financiero” para México

De repente, esta semana, desde lo alto se lanzaron las campanas a vuelo. Se hizo el hallazgo, se dijo, de un yacimiento marca llorarás que regresará a México a la condición de potencia petrolera que había venido perdiendo en la más reciente década. Se abre “un nuevo momento financiero” para México, se agregó.

Hora después, la calificadora nombrada cambia sus códigos y la perspectiva de la deuda sube de negativa a estable que, según la Madre Academia, no varía.

Esa calificación sugiere que el gobierno mexicano encuentra una rendija para seguir contratando nueva deuda. Si así fuera, respecto del superyacimiento recientemente descubierto, ¿no nos comeremos la torta antes del recreo? Es cuanto.

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