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Recordando el ocaso del patriarca

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

De acuerdo con teólogos del catolicismo, se condena a los réprobos a penas del infierno. En el tímpano de la Iglesia hay una especie de geometría doctrinaria calificadora: Los santos son izquierdistas; los malvados están a la derecha.

El asunto es que conocimos a no pocos pecadores que, en la hora de su agonía, demandaron angustiados la presencia de un confesor espiritual: Vivieron con mexicana alegría la dulce vida, pero quieren morir en la gracia de Dios, aunque sea para tener hospedaje en el purgatorio.

Destino inexorable: El basurero de la historia

Cuando terminan su mandato los presidentes mexicanos, el tribunal popular es implacable: Les revoca los doctorados honoris (horroris) causa, tumba sus estatuas, manda a fundir las placas que tienen su nombre -como ahora se hace con las de Gustavo Díaz Ordaz– y se revoca la nomenclatura de escuelas y bulevares: Los manda al basurero de la historia.

Ahora, para colmo, a los mandatarios sobrevivientes se les privará de sus pensiones y se les retirará la protección del Estado Mayor Presidencial. ¡Porca miseria! exclama uno de los damnificados con cierto giro italiano.

Todo giró sobre “Un México en paz”

Si no les creyera a los spots, la administración de la cuarta transformación de México llegaría el 1 de diciembre al mejor de los mundos posibles, a saber:

Un México en paz donde se combate la impunidad: “No habrá seguridad mientras no haya justicia”.

Un México incluyente donde se ha cerrado la brecha de la desigualdad.

Un México con educación de calidad: Formación de individuos libres.

Un México próspero: Que su producto llegue a los bolsillos de todos los mexicanos.

Un México con responsabilidad global: Factor de estabilidad en un mundo convulso.

Anexo: Decreto para un gobierno eficaz, bajo los signos de la austeridad y de la disciplina presupuestal.

¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más se puede esperar?

Los malditos demonios de la paranoia

Familiares, colaboradores y amigos que fueron de Adolfo López Mateos nos relatan que el mexiquense, no obstante sufrir males neurológicos, pasó sus horas finales en relativo reposo, incluso conservando su jovial estado de ánimo que lo caracterizó desde sus tiempos de estudiante.

Con Lázaro Cárdenas del Río, López Mateos sigue siendo uno de los presidentes mejor recordados en el llano.

Lo cierto es que, en su hora crepuscular los mandatarios son afectados por la paranoia. Pasan sus noches, como los que padecen delirium tremens: Defendiéndose de los incubos, esos seres malignos y terroríficos que los hunden en remordimientos por los daños infligidos al prójimo.

Aunque algunos de ellos abandonan la residencia presidencial forrados de billetes, les cuesta trabajo socializar, acompañados de sus familias, en lugares públicos, donde los insidiosos los molestan, mínimo, mentándoles la madre.

En ocasiones escuchan el grito: ¡Regresa! ¡Regresa! El optimista intenta un ademán de agradecimiento que se apaga cuando termina la exclamación: Regresa todo lo que te robaste.

No obstante, la mayoría -salvo Luis Echeverría que tuvo el valor de consultar al siquiatra- se resiste a recostarse en el diván para exponerse al sicoanálisis. Temen que el expediente clínico los prive de su sitio en la posteridad.

De Echeverría hasta 

Luis Echeverría, tan insultado durante el pasado mes de octubre por lo del 68, sin embargo pasa sus días postreros en su residencia en San Jerónimo, Ciudad de México, donde todavía recibe a quienes le siguen siendo leales.

Con Miguel de la Madrid tuvimos contacto durante el periodo en que dirigió el Fondo de Cultura Económica. Aunque insinuaba ciertos problemas de conciencia, los exorcizaba estudiando en el rico acervo bibliográfico de esa casa editorial.

Aunque en semanas recientes Carlos Salinas de Gortari opta por un bajo perfil mediático, apuesta a que no ha concluido su presidencia transexenal. Sus aliados del poder económico están pugnando porque así sea.

Para decirlo pronto, nos consta que a Ernesto Zedillo Ponce de León le vale el juicio de la historia; vive con la misma ecuanimidad con la que ejerció el poder.

KaliFox y El Hijo desobediente

Vicente Fox, que en su tránsito del palacio de gobierno en Guanajuato a Los Pinos, fue tocado por el toloache, durante las semanas previas a la entrega de la banda presidencial era tratado con Prozac y al ser confinado en una de las cabañitas pinoleras disfrutaba de una vespertina sesión de tres a cuatro capítulos de El chavo del ocho. Dormía en santa paz.

Habían quedado atrás los gloriosos días de campaña presidencial en que una de sus admiradoras lo promovía como KaliFox, en alusión a Kalimán, ídolo del guanajuatense desde sus mocedades.

Felipe Calderón logró hacer varias reformas a la Constitución, pero no logró derogar la Ley de gravedad. En Los Pinos o en los paraísos tropicales en que tomaba sus vacaciones, tiro por viaje azotaba de la bicicleta en que pretendía curarse la resaca.

Felipe fue desgraciado, dice una línea del corrido El hijo desobediente. Fue su canto de campaña presidencial y solicitud al mariachi en sus días de presidente. Desde sus tiempos en la dirección juvenil del PAN, había expresado, en efecto, su rencor al padre, don Luis Calderón Vega.

Será por eso que el subconsciente lo obliga a beber compulsivamente. Para los días finales en Los Pinos, cerraba su agenda diaria anticipadamente y en los atardeceres pinoleros chocaba cristales repetidamente con su jefe del Estado Mayor, Guillermo Galván Galván.

La nostalgia del poder es incurable. Entre 2016 y principios de 2018, el michoacano jugó todas sus canicas por su mujer, Margarita Zavala Gómez del Campo. Pretendía volver a Los Pinos como presidente consorte. Sueño guajiro: Acaba de renunciar al PAN.

Los que tienen comunicación con ese ex presidente, le llaman sólo Lipe. Se le suprime Fe.

Enrique Peña pasó del efecto al defecto

Es el turno ahora del desfalleciente Enrique Peña Nieto. Entre 2010 y 2012 los que le daban masaje al ego lo promovieron como El efecto Peña Nieto.

Se pretendía que, por encima del PRI, era el factor de triunfo de cuanto candidato tricolor ganaba gubernaturas. Desde 2016 se cambió la oración por pasiva: El defecto Peña Nieto.

Luis Antonio Meade Kuribreña y su cohorte pagaron la arrogancia del mexiquense.

Desde mediados de sexenio, al ahora agonizante presidente (le restan 16 días en Los Pinos) se le trató de ciertos quistes cuyo diagnóstico concluyó eran producto de un cáncer benigno, pero no se exorcizó la sombra de una eventual sustitución por ausencia, según insanos rumores en corrillos en el Congreso de la Unión.

La fatalidad del retiro del poder

Quién sabe. La verdad es que por estos días Peña Nieto refleja en toda su humanidad la fatalidad del retiro del poder: Su semblante se ve desencajado y cenizo. Cuando habla en público un rictus bucal descompone su rostro.

Es notorio que, durante los últimos días de su agenda, Peña Nieto tiene preferencia por ceremonias donde es acogido con el beneplácito de los comandantes castrenses. Hasta un pergamino le entregaron la semana pasada.

Le resta todavía una fecha como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas: El 20 de noviembre, en que reparte grados de ascenso y otras recompensas a los oficiales del Ejército, la Armada y las Fuerza Aérea.

Retorno a la seguridad del vientre materno

La siquiatría llegaría a la conclusión de que Peña Nieto siente ese castrense ambiente acogedor como el retorno a la seguridad del vientre materno.

Concluimos con esta leyenda que contiene un alto contenido filosófico y de sentencia. Todas las horas hieren: La última es la que mata. Es cuanto.

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