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Autonomía universitaria: Algo flota sobre el agua

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Pascal no era siquiatra, sino físico-matemático. Percibió sin embargo que el corazón tiene razones que la cabeza no entiende.

En esa zona de incomunicación habita y actúa el subconsciente. A veces es descubierto como Caballo de Troya; otras, como un gusanillo barrenador. El resultado de su acción, no obstante, puede ser igual de depredador.

“Errores en la captura mecanográfica”

Antenoche, la Secretaría de Educación Pública envió a la LXIV Legislatura federal la iniciativa por la que se abroga la Reforma Educativa.

En el texto se atraparon dos gazapos, ¿involuntarios?

Uno de ellos pareció un larvado ataque a la autonomía universitaria. En otro, al proponerse la desaparición del “servicio profesional docente” -la evaluación-, se pasó de lado su sustitución con el servicio magisterial de carrera.

Ipso facto, se envió al Congreso una fe de erratas, pretendiendo que se repara un error en la captura mecanográfica.

La prisa por legislar no es buena consejera. Hace unos días, en otra iniciativa de ley, se siguió hablando del Distrito Federal cuando el sujeto de aplicación del ordenamiento propuesto es la Ciudad de México, según la define la flamante Constitución Política de la entidad metropolitana.

Lo que viene a tema, es la cuestión de la autonomía universitaria, que nos remite al habitual ejercicio memorioso.

Como flecha al blanco, el ataque contra la Educación Pública

Durante el sexenio de Vicente Fox -que fue pasado por centros de estudio de gestión clerical-, diputados federales de la bancada del PAN se aproximaron a la Comisión de Presupuesto para sugerir que fueran eliminados los subsidios públicos a la UNAM.

(El móvil oculto, acaso sería suprimir la gratuidad de la enseñanza en la Universidad Pública.)

El PAN era minoría en San Lázaro. Su propósito no prosperó. Pero desde que Fox fue gobernador de Guanajuato se marcó la tendencia por la que la Educación Pública, en sus niveles básico y secundario, sería administrada con criterios privatizadores-religiosos.

Durante el mandato del también panista Felipe Calderón, aquella tendencia se expresó en la autorización a granel de franquicias para la apertura de centros de estudios Medios y Superiores, endosadas a las empresas privadas de la enseñanza.

Al término del sexenio calderoniano Hacienda-SEP, en plena campaña presidencial, lanzaron un programa extraordinario de financiamiento de becas que favoreció en exclusiva a estudiantes de universidades e institutos tecnológicos privados.

La opción: Formación de cuadros gerenciales para las empresas  

Los recursos extraordinarios (miles de millones de pesos) fueron sustraídos de la banca de desarrollo -esto es, pública-, pero su operación fue asignada a bancos también privatizados y extranjerizados.

El objetivo evidente de esas medidas fue optimizar la producción de cuadros gerenciales al servicio de la empresa nacional y trasnacional.

Ya en el sexenio de Enrique Peña Nieto, formado por la Universidad Panamericana (administrada por el Opus Dei), la tendencia creó Estado (por encontrar un símil: Jurisprudencia).

La reorientación de la política pública educativa se subrayó bajo la titularidad de la SEP en manos de Aurelio Nuño Mayer, formado por la Universidad Iberoamericana (en potestad de la Compañía de Jesús).

No hay miopía, no hay ceguera que impida ver aquellos símbolos trasparentes, aun para los daltónicos.

Muerte a la autonomía universitaria

En entrega a principios de semana, esta sección fue titulada: “Muera la Inteligencia/ Muerte a la Rectoría”. Lo inspiró una pinta en los muros de la UNAM, tomada en asalto vandálico por segunda vez en menos de un año.

Dijimos en ese texto que muy poca distancia separaría aquella macabra leyenda de una eventual proclama: ¡Muerte a la autonomía de la Universidad Pública!

Diremos ahora que, antes del cambio de administración federal, en la orden del día de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior destacó la preocupación por la crisis financiera de seis establecimientos, según cifra original.

Ese número de planteles equivale a 4 por ciento del total de miembros de aquella Asociación: 195.

Cómo instalar una cabeza de plana en los campus

En el seguimiento que durante casi dos hemos dado al tema, tenemos registro de que una de las causas a las que se atribuye el desequilibrio financiero de algunas universidades, según evaluación de la asociación citada, es la falta de incremento, si no de contracción, del presupuesto destinado anualmente por el Ejecutivo-Cámara de Diputados a la Enseñanza Media y Superior. A la Universidad Pública, dicho específicamente.

La cuestión es que, particularmente en la SEP, de cara al problema comentado, alguna voz susurró que, cualquier aumento al presupuesto educativo en esos niveles, debería estar condicionado a la aceptación por las rectorías de un control administrativo gubernamental en la gestión interna de las finanzas universitarias (“para evitar desvíos”).

Preguntamos en varios textos publicados en ese periodo: ¿Qué tramo separaría la intervención en la autonomía administrativa de la intervención en la autonomía académica?

Obviamente, esa pregunta ha quedado flotando. Sinceramente, hacemos votos porque los errores en la captura mecanográfica en un texto dirigido a revisar la Constitución, sean, de veras, meros errores, y no obra de un gusano barrenador. Es cuanto.  

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