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Del Palacio de la Moncloa a Palacio Nacional

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Uno puede imaginar que, desde la media noche del sábado, los consejos de administración en México de los bancos Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA-Bancomer) y Santander, así como los de las trasnacionales españolas aclimatadas en nuestro país, siguieron sobre el filo de la butaca el desarrollo de la jornada electoral dominical en la península.

No estamos seguros de que las dirigencias de los partidos políticos nacionales -sobre todo la del Movimiento Regeneración Nacional en el poder- hayan dejado la chorcha para ver el fútbol y se aplicaron a seguir las elecciones españolas hasta que, hacia la media tarde de aquí, empezaron a decantarse los resultados del proceso.

El triunfo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de su líder en ejercicio de Gobierno, Pedro Sánchez, respecto de México y América Latina, puede dejarse en el péndulo. A fin de cuentas, Sánchez y su decrépito mentor, Felipe González, siguen moviéndose en la órbita de Washington.

Aunque el PSOE y Sánchez obtuvieron 123 diputaciones, quedaron a más de 50 del número requerido para formar gobierno por si solos.

La derechita cobarde y la dictadura progres

Quedan los vencedores obligados a buscar pactos entre dos tendencias: La de Unidas Podemos (42 diputados) y los nacionalismos o independentismos del País Vasco y Cataluña (22), o vender su alma al diablo a Albert Rivera-Ciudadanos, facción que se levantó con 57 posiciones.

Rivera mantiene su rotunda negativa a formar gobierno con Sánchez. Pablo Iglesias (Podemos) abre un compás de suspenso en espera de si, invitado al Consejo de Ministros, puede lograr el compromiso de un gobierno de izquierda.

El gran perdedor de la jornada fue un desvencijado Partido Popular (de José María Aznar y su pupilo Pablo Casado) que, de 135 puestos en la actual correlación de fuerzas, fue reducido a 66: Menos 69.

Sin ser sorpresa (aquí hablamos del tema desde que se conoció la convocatoria al 28-A), al ultraderechista Vox (portaestandarte del neofranquismo) se le acreditaron 24 diputados.

Su líder, Santiago Abascal expectoró ayer mismo su arrogancia contra la derechita cobarde y la dictadura progre: Ya verán lo que se le espera a Sánchez y sus aliados.

El PP se hizo el hara kiri con Mariano Rajoy

El PP -después de defenestrado Mariano Rajoy– fue presa de su propia corrupción. Con su carroña se alimentaron Ciudadanos y Vox, que recogieron por miles las ratas que desde hace unos cinco años empezaron a abandonar el naufragante barco de la derecha franquista.

Desde nuestra atalaya de observación -a la luz de los resultados de ayer- encontramos una significación en el desenlace inmediato de no poca monta para México.

La injerencia de Aznar en México y su FAES

En 2004, José María Aznar concluyó periodo de Gobierno y su liderazgo en el PP (aunque de la formación quedó como “presidente de honor” hasta 2016).

A los pocos meses, Aznar incursionaba en México levantando banderas contra Andrés Manuel López Obrador y su alianza electoral Por el bien de México/ primero los pobres. Obviamente, incitando el voto en favor del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón Hinojosa.

La familia Calderón tenía en su bitácora de vuelos varios a Madrid como invitada del PP, y por supuesto, de su gobierno.

Relaciones relativamente normales entre dos partidos militantes en una misma ala, lo que vino después fue de mayor compromiso.

Entre 2006 y 2007, Aznar desplazó su agenda de Madrid hacia América. Nosotros hablamos desde entonces de Reconquista. El analista Marcos Roitman Rosenmann le denominó la nueva colonialidad del poder y el saber.

Nos referimos a la creación y gestión de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), de la que Aznar hizo dos presentaciones, a la par elocuentes: OTAN: Una alianza para la libertad y, en uno de sus apartados, Estados Unidos, un actor ineludible. Con eso está dicho todo como carta de navegación.

Dinero, religión, política y algo más

La FAES es, dicho en su patrocinio, directorio y personal reclutado, un pacto entre el Partido Popular-Empresarios (ahí aparecen BBVA, Santander y trasnacionales españolas del ramo energético) para hacer negocios en el continente y con cuyas donaciones fueron convencidas varias personalidades de la intelectualidad latinoamericana y no pocos agentes de medios de comunicación de la región.

Sigue valiendo el dato de que, en la nómina de acólitos, apareció el entonces jefe nacional del PAN y a la vez presidente de la Democracia Cristiana de América, Manuel Espino Barrientos. Espino era dirigente del PAN en la campaña presidencial de 2006. Un renombrado historiador y editor mexicano apareció también en el elenco.

En la relación de patrocinadores de la FAES se nombra al menos a tres ex presidentes de Colombia e inversionistas e intelectuales neoliberales argentinos, peruanos y chilenos. Entonces, era líder de Futuro en Santiago, el empresario chileno Sebastián Piñera. Éste llegó a la presidencia de Chile para el periodo 2010-2014. Hace un año asumió un segundo mandato presidencial

José María Aznar puso su mirada en el segmento más prometedor: Estudiantes latinoamericanos de posgrado y, en conjunto, la élite universitaria de los planteles privados de Educación Superior.

En México se escogió como centro piloto el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), del que ha sido profesor huésped el propio Aznar. Hace dos años, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo le otorgó el doctorado honoris causa.

La FAES, con esta denominación, surgió pues, hace trece años. El Partido Popular en 1989, como una Alianza Popular de los tiempos de transición recalentada. No se puede, sin embargo, cargarle al PP el sambenito del yugo de la Casa Blanca.

En realidad, esa sumisión corrió a cargo de Felipe González (PSOE) desde el primer mandato del republicano Ronald Reagan. Sánchez mantiene el compromiso con Donald Trump.

Dos damnificados mexicanos del remesón español

Con absoluto realismo, sería ingenuo suponer que el entramado montado en América por José María Aznar pueda ser desarticulado de la noche a la mañana.

No obstante, el Partido Popular tardará meses, acaso años, en recoger y ensamblar sus propios escombros para, eventualmente, volver a ser el eje de la derecha y la ultraderecha españolas.

Si de los resultados electorales de España se buscara en México un damnificado, serían dos: El calderonismo y el Partido Acción Nacional que, en 2018, quedó como el PP ahora. Es cuánto.

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