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Irrevocable, El año de Hidalgo

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Hubo una generación de intelectuales mexicanos, militantes no pocos de ellos, que, con Gracián aplicado a la Nación, proponía que la democracia es el plebiscito de todos los días. Sin concesiones a la autocomplacencia, advertían que la democracia no se construye de una vez y para siempre.

Eso se pensaba, cuando se pensaba. Ahora, los operadores del Grupo dominante le han quitado toda razón de existir a los demócratas. Deberían buscar ocupación en las secciones de aviso clasificado.

En las últimas semanas, millones de spots rubricados por el Poder Ejecutivo nos informan que no hay problema en México que falte por resolver. Las banderas blancas ondean por todo el territorio nacional.

Vicente Fox solía responder incluso a sus asesores en Los Pinos, que le recomendaban que moderara sus estadísticas, por ejemplo, sobre los beneficiarios de la Política Social: Dile al que las dude que vaya a contarlos. Y punto.

El Poder Legislativo federal, después de la hazaña del Pacto por México, se fatigó de legislar. En las más recientes semanas en que la Comisión Permanentes del Congreso de la Unión opera el “receso dinámico”, sólo se ocupa de los “puntos de acuerdo” y de las solicitudes de comparecencia de los miembros del gabinete presidencial.

Un dato indica que la Permanente tiene acumulados unos dos mil “puntos de acuerdo”. Ni siquiera se han turnado a las comisiones de dictamen.

El Poder Judicial de la Federación, especialmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tiene entre sus grandiosas tareas de estos días encontrar vacíos, lagunas o contradicciones en la Constitución Política de la Ciudad de México.

Consejeros electorales federales cuentan el dinero delante de los pobres

Los sindicalizados gobernadores de los estados (Conago) descargan sobre sus voceros la ingrata labor de recoger y entregar a los medios el reporte diario de las matanzas que ocurren en esas entidades. Los daños colaterales son ya tema de machote.

El gobierno de la Ciudad de México estrena cada día una nueva ocurrencia mediática.

Como la democracia en México es misión cumplida, el Instituto Nacional Electoral se entretiene calculando el reparto de dinero a los partidos políticos para que cuadren sus balances contables, y en la revisión de diseños para las boletas electorales del 1 de julio de 2018.

Si, en los análisis comparativos internacionales, la “democracia” mexicana cuesta a los contribuyentes más que en aquellos países en que los procesos electorales pasan por relativa conflictividad y está garantizada la gobernabilidad, la pregunta más pertinente es, ¿para qué se gastan las remesas los mexicanos transterrados en los Estados Unidos y los recursos de los galopantes endeudamientos, etcétera, en financiar elecciones “constitucionales” en las que nadie cree?

De todas las complacencias del gabinete presidencial pero, sobre todo, de las omisiones del Congreso de la Unión en el tema de la culminación y puesta en ejecución del Sistema Nacional Anticorrupción, sólo es posible aventurar una especulación.

Por usos y costumbres, esta es la oportunidad de El año de Hidalgo durante el cual, dice la conseja popular, en arca abierta, hasta el justo peca.

A eso se reduce toda la feria burocrática de esos días: Si la Tesorería de la Federación se ha visto tentada a echar mano a la reserva para casos de contingencia, este no es un asunto que le quite el sueño al Grupo dominante. Para eso existe la división del trabajo. Es cuanto.

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