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La costumbre “democrática”

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Desde Filomeno Mata 8

Por: Mouris Salloum George

El único enigma que está latente en la perspectiva de la sucesión presidencial de 2018, es el procedimiento que los consejeros y magistrados electorales federales escogerán para nombrar presidente de la República 2018-2024.

Y, dentro de ese enigma, la pregunta a responder no es el qué, sino el cómo.

Para el 1 de julio de 2018, día de la histórica jornada, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) ya tendrá resuelto el método para cumplir su responsabilidad administrativa entre tres opciones, a saber:

Los tres escenarios son: 1) El modelo republicano (USA); 2) el discrecional venezolano, y 3) el sistema “Hildebrando”, aplicado aquí en 2006.

El nuevo modelo republicano estadunidense se implantó 2001.

A Florida, gobernado por Jeb Bush, llegó el tramo final de la elección presidencial. Hasta aquí, Al Gore llegó con 255 votos electorales y la mayoría del voto popular; George Bush, hermano del gobernador, con 246. Se requerían 270 votos.

Florida disponía de 25 votos electorales. El proceso de conteo se suspendió. Fue la Corte Suprema federal la que resolvió no autorizar el conteo manual. Los 25 votos decisivos se abonaron a Bush: Suma, 271 votos.

En 2016 el modelo republicano volvió a operar; esta vez en favor de Donald Trump.

El modelo venezolano cruza en estas horas el centro de la polémica. El modelo mexicano se instituyó en 2006. IFE y TEPJF decidieron sobre el filo del 0.56 por ciento de diferencia numérica.

Felipe Calderón se instaló en Los Pinos y proclamó: “Haiga sido, como haiga sido”.

Seis años antes, la notificación de la sentencia fue dirigida personalmente a Vicente Fox. En 2006 los magistrados informaron “por oficio” en estrados.

Por estrados, como “otras notificaciones” jurisdiccionales.

De ese episodio nos queda la declaración del magistrado electoral, Eloy Fuentes Cerda: “Es una resolución más”.

Para los mexicanos en su conjunto y para la comunidad electoral en específico, elegir Presidente es un acto vital para la República; de fe en la democracia y de renovación de esperanzas.

Para los magistrados, cuyas sentencias son “definitivas e inatacables”, es una solución más entre las miles que dicta el Poder Judicial de la Federación.

No hay acto más desalentador para los votantes que enfrentarse a la insensibilidad política de los árbitros electorales. ¡Qué manera de matar al poeta!

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