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2018: Las tribulaciones de la dictadura “perfecta”

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Alejandra Barrales y Ricardo Anaya (Por México al frente), en la búsqueda de votos en la CDMX, han prometido a un millón de jefas apoyo económico por dos mil 250 pesos al mes. Eso implicaría eventualmente disponer en un primer ejercicio fiscal de más de 26 mil millones de pesos en un año, sustraídos de las finanzas públicas.

Información de estos días indica que ya se están repartiendo las primeras tarjetas a las mujeres, “para que puedan dedicar más tiempo a sus hijos”. Se trata, pues, de solo un segmento de la población citadina. ¿Y para el resto de los mortales?

De entrada, lo vamos a dejar de este tamaño: Clientelismo electoral con cargo al presupuesto público. Corre video con un tema “de palpitante actualidad” electoral.

Concilio Vaticano II y la opción por los pobres

El ejercicio memorioso obligado: En los años 60-70, el Concilio Vaticano II votó la opción por los pobres como praxis de la Doctrina Social de la Iglesia (católica).

De la lectura de ese mandato conciliar se desprendió La Teología de la Liberación, que especialmente se aclimató en América Latina y primó la convocatoria a una nueva evangelización del continente. Desde los cenáculos estadunidenses se le tipificó como marxismo recalentado.

Coincidieron en su arribo al poder Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher. En 1979, con la asistencia del Papa, se celebró en Puebla la Tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano: Fue visible la marginación de obispos plenamente identificados con la Teología de la Liberación.

Puesta a caballo la Revolución conservadora (inauguración de la era  neoliberal), se desencadenó la persecución contra los teólogos de la liberación. Particularmente en países de la región dominados por dictaduras militares, a esos religiosos se les vinculó con el Populismo.

Doctrina o estrategia política, los estudiosos del tema ubicaron esa tipología como producto del eurocentrismo y en la más elemental de las acepciones la definieron como vinculación y apoyo a las clases populares.

En su trasplante a América Latina, investigadores que cuestionaron el empleo peyorativo de Populismo, respondieron a sus detractores que no podían transferirse en automático conceptualizaciones  extralógicas al tiempo cultural y social de una región, secularmente hundida en la pobreza y la miseria.

Barack Obama: Yo también soy populista

Al aproximarse las elecciones federales intermedias de 2015 en México, con la aparición del Movimiento de Regeneración Nacional, y en la perspectiva de cambios de gobernador en 2016, desde lo alto del Grupo dominante se dieron las primeras señales de alerta contra el Populismo.

En un último encuentro con Barack Obama, Enrique Peña Nieto sacó a discurso el espantajo: Sonriente, el entonces inquilino de la Casa Blanca respondió que el era populista. Su trayectoria, dijo, estaba marcada por su identificación con las causas de la clase trabajadora y las organizaciones sindicales de los Estados Unidos.

En la perspectiva de la sucesión presidencial de 2018 en México, la corriente de intelectuales motejados como mutantes, le pusieron el cascabel al gato: Los populistas encarnan una amenaza contra la democracia y el Estado de derecho. Sólo para señalar un punto de la carta de navegación.

Con el cambio de guardia en la dirigencia nacional del PRI en 2016, al asumir Enrique Ochoa Reza le puso marca a la casa: Aquí tenemos como mandato cerrar la oscura caverna del populismo. Con eso basta, ¿para qué hacer formulaciones teóricas o doctrinarias?

Hace apenas unos días JAMeadeK, según coloca el logo en sus podios, declaró que no está dispuesto a entregar México a quien destruye inversiones y pone en riesgo la confianza en México.

“Populismo”, sin más, es el discurso de los candidatos presidenciales del sistema: Los compañeros de viaje, de insospechable  integridad intelectual, documentan sus espectros satánicos: Juan Domingo Perón, Hugo Chávez, Lula da Silva: ¡Ahí viene López Obrador!

Salta la plutocracia a la arena electoral

El pasado Día Internacional del Trabajo, en Los Pinos se hizo una declaración funeral: En México ya exhaló su último suspiro la lucha de clases.

Dictó los responsos el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), el sinaloense Juan Pablo Castañón. Dice representar los intereses de los  minicomerciantes e industriales; de dueños de talleres mecánicos, pequeños productores del campo, etcétera.

Como en 2006, la gran cúpula de hombres de negocios se inscribe en la pugna presidencial. (La disputa por la Nación, escribieron algunos académicos hace tres décadas).

Hoy por la mañana, Castañón tuvo cámaras y micrófonos a su disposición para que clarificara un manifiesto público con visible dedicatoria, pero hizo una acotación: Nosotros dialogamos con todos los candidatos presidenciales, porque lo que nos importa, ¡Es México! Le puso una divisa a su proclama: ¡Libertad!

Ahora, la acotación es nuestra: Hace tres décadas, el CCE y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) eran la colérica voz cantante de los hombres de negocios contra el Estado.

¿De qué lado debe estar la representación empresarial?

Presidía entonces el sindicato de empleadores don José María Basagoiti. Después de terminar su gestión, se mantuvo fiel a su declaración de principios: Las representaciones de los empresarios no están para contemporizar y servir al Gobierno. Por la naturaleza de sus intereses, están para cuestionar y atajar al Estado.

El actual presidente del CCE fue, en un periodo inmediato anterior, presidente de la Coparmex. Otra retrospectiva: En 1975 se aproximaba la sucesión presidencial. En foro de esa cúpula se propuso analizar el quinto informe de Gobierno de Luis Echeverría para encontrar señales rumbo a 1976.

Conclave privado, ahí se dio la palabra al representante de la oligarquía rural sinaloense, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón: Orientadas las especulaciones a los miembros del gabinete en turno, algunas corrientes hablaban del secretario de la Reforma Agraria: El empresario agroindustrial cimbró la reunión: Si es Gómez Villanueva, ¡pues de plano tomamos las armas!

No fue Augusto Gómez Villanueva el candidato del PRI: Fue el recientemente habilitado como secretario de Hacienda, José López Portillo. Cuenta la leyenda que en ese sexenio, en su despacho en la Arrocera de El Palmito, Culiacán, Clouthier exhibía un mural con su imagen sonriente al lado del Presidente priista, mi amigo.

Después de pasar por la Coparmex, Clouthier presidió el CCE. Pero esta es otra historia (que ya hemos contado). En 1988 el empresario sinaloense, abanderado por el movimiento Poder ciudadano (criatura de Coparmex) fue candidato presidencial nominado por el PAN.

Se promulga la Carta magna de la barbarie

Desde las primeras semanas de su campaña, el ex presidente del CCE y candidato presidencial panista, que conocía bien el paño del sistema electoral, convocó a la primera cruzada de desobediencia civil contra lo que advertía como el gran fraude de julio de 1988.

Una lógica tenía el discurso de Clouthier: En la carta magna de la barbarie, según la describimos en aquellos días, apelaba a las fibras emocionales de sus seguidores, dejando de lado todo análisis racional. (Rasgos que sus detractores atribuyen al Populismo).

En efecto, el fraude se consumó y el ex presidente del CCE, congruente con su llamado a la resistencia civil, se declaró en huelga de hambre contra la usurpación del poder presidencial por Carlos Salinas de Gortari.

En la actual campaña electoral, una hija del indómito sinaloense, Tatiana Clouthier Carrillo, es coordinadora de campaña de López Obrador.

Amenaza de golpe de Estado, ¿para dar golpes de Bolsa?

En las décadas que narramos en esta entrega, una hipótesis primaba sobre el espectro político mexicano: Los del poder económico amenazan con dar golpes de Estado ¡para dar golpes de Bolsa! 

Hoy la Bolsa estatal está, para todo efecto práctico, exprimida. Esto nos induce a suponer que Juan Pablo Castañón no va por ese tipo de golpe.

Pero queda una vía que se abrió precisamente en la campaña presidencial de 1988, en la que participo Clouthier: El golpe de Estado técnico, según lo tipificó el constitucionalista y a la sazón diputado del PRI, don Antonio Martínez Báez.

La vieja dictadura perfecta (Mario Vargas Llosa dixit), se las sabía de todas, todas. Pero el actual establishment no quiere volver al pasado: Algún as bajo la manga está guardando. Es cuanto.     

VP/Opinión/EZ

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