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De cultura de la legalidad y Estado de derecho

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Siempre resulta conmovedor  -a la luz de la situación de corrupción y barbarie por la que cruza México-, escuchar a los portavoces del gobierno hablar de la cultura de la legalidad y del Estado de derecho.

Por ambos valores se rigen las sociedades democráticas. O que se dicen serlo.

Ahora mismo, es posible rescatar piezas oratorias de brillantes tribunos que fueron del Partido Revolucionario Institucional (PRI) cuando postulaban la Moral pública y la Ética republicana.

Paradójicamente, es desde la implantación del Estado neoliberal cuando los tecnócratas tomaron como muletilla retórica el Estado de derecho; ellos, cuyas especialidades académicas son, básicamente, económicas, y otras disciplinas relacionadas con la concepción administrativistas del servicio público.

Es, a partir de la irrupción tecnocrática en el poder político, cuando se inició la más devastadora revisión de Constitución General de la República, otrora consagrada como Ley de leyes.

Contra los alegatos jurídicos del PRI, sobre los que podría abrevarse en las bibliotecas de las cámaras del Congreso de la Unión, se enfrentaban legisladores del Partido Acción Nacional (PAN), que no sólo echaban  luces sobre sus prendas filosóficas; lo hacían  también con respetuosa elegancia.

Las dos visiones podrían sintetizarse de la siguiente manera: El PRI solía defender el Derecho revolucionario. El PAN, postulante del humanismo político, se inclinaba por el liberalismo clásico, poniendo en el centro al individuo y la familia.

La primera vertiente se nutría en el pensamiento de tratadistas de avanzada franceses, ingleses o alemanes. La segunda, en la Doctrina Social formulada por teólogos de la  Iglesia católica.

Derechos sociales versus Bien común

El viejo PRI abogaba por los Derechos Sociales, consagrados por la Constitución. El viejo PAN, por el bien común, en cuyo caso se remitía a la obligada consulta del filósofo Jacques Maritain. Su nombre aparece todavía en ensayos de ex militantes azules.

Consultas de ponencias de miembros del Poder Judicial de la Federación nos permiten citar algunas sentencias en que los jueces privilegiaban lo que se codificaba como bien mayor. Es de colegirse que el de la sociedad.

Si de bien común se trata, permítasenos apelar a una posición suscrita por el papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum de finales del siglo XIX:

a través de estas cosas, queda al alcance de los gobiernos beneficiar a los demás órdenes sociales y aliviar grandemente la situación del proletariado. Esto, en virtud del mejor derecho y sin la más leve sospecha de injerencia, ya que el Estado debe velar por el bien común como misión suya, abriendo nuevos caminos para el bienestar de los obreros.

La encíclica citada fue adoptada, a principios del siglo XX, por algunos segmentos  del catolicismo en México, como fundamento de la nueva Doctrina Social de la Iglesia.

¿Qué tipo de cuadros forman las universidades privadas?

No pretenderemos descubrir el agua tibia si creemos que literatura de ese género hace parte de la formación de estudiantes en instituciones privadas como la Escuela Libre de Derecho y las universidades Iberoamericana, Lasalle, Anáhuac, Panamericana y otras, creadas y bajo la gestión de órdenes religiosas.

Ponemos el acento en esa selección, porque de la Escuela Libre de Derecho es producto la ex pareja presidencial formada por Felipe Calderón y Margarita Zavala Gómez del Campo. Ésta busca su arribo a Los Pinos en 2018.

De la Universidad Panamericana es egresado Enrique Peña Nieto, quien desde la integración de su primer círculo dio preferencia a egresados de los planteles citados.

En la misma institución, hizo especialidad el procurador dimitente Raúl Cervantes Andrade. Se encargó del despacho Alberto Elías Beltrán, titulado en la Escuela Libre de Derecho.

Lo que nos ha dejado el neoliberalismo

Tomás de Aquino apostaba a que la realización más completa del hombre, se da en la comunidad política. El bien común, de acuerdo con algunos de los autores citados, es exigible a quienes ejercen la autoridad.

Si, como advertimos párrafos antes, la tendencia revolucionaria suscribía su compromiso por los Derechos sociales y su oponente político y doctrinario fincaba el bien jurídico en el humanismo político, ¿cómo es que la sociedad mexicana, desde hace cinco sexenios,  se encuentra polarizada entre los pocos que tienen en sobradía y los muchos que carecen de todo?

La corrupción impune, es la peste que asuela a México. ¿Se puede hablar de cultura de la legalidad? La criminalidad rompe las costuras de todas las estadísticas en el actual sexenio. ¿Se puede blasonar del Estado de derecho?    

 Preguntas como esa sólo se pueden responder empezando a estudiar la nueva gramática del neoliberalismo, sobre el que el cardenal católico hondureño, Rodríguez Madariaga, en  visita a México, llegó a decir que no tiene madre. Sospechamos que el prelado tiene toda la razón. Grave asunto.


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