Espacios del Club de Periodistas

Notas para ilustrar la barbarie mexicana

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

En una atmósfera de esquizofrenia colectiva que prima la campaña presidencial de 2018, ¿es posible notificar cosas sin caer en el extravío? El lector, si por ahí tenemos uno, lo dirá.

Siguiendo la secuencia de entregas anteriores, en las que hemos hablado de la intromisión de los hombres de negocios en el proceso de sucesión presidencial mexicano, vamos a recuperar dos manifestaciones, a saber:

Un calvinista pobre, es un pobre calvinista. Tenemos traspapelado el nombre del autor de esta frase, creemos paisano del teólogo francés Calvino.

Con Weber, que en sus ensayos sobre la ética protestante exploró la raíz del capitalismo, sólo citamos el ejercicio del conocimiento racional para alcanzar el éxito económico.

En México, el célebre profesor mexiquense de la eterna sonrisa, de origen alemán, Carlos Hank González parafraseó las siete palabras subrayadas antes: Un político pobre, es un pobre político.

Ahora, los “políticos” mexicanos no sólo se toman la expresión a título de fe. Sino como manual insustituible para hacer fortuna a toda costa y a cualquier costo.

Ya sabemos a que grado de locura llegan los Cresos modernos para convertirse en esclavos del dinero. El hombre económicamente puro, los describe un autor inglés.

Hablemos de Eduardo Bours Castelo

Con riesgo de caer en una digresión, le damos vuelta a la página para nominar un ejemplar que podría ilustrar nuestro tema de hoy: La figura del sonorense Eduardo Bours Castelo.

El cuadrante de referencia geográfica lo ubicamos en el noroeste de México hacia la segunda mitad del siglo XX, en lo que fue un siglo antes el Estado de Occidente -Sonora Sinaloa.

Sin hacer reconocimiento expreso a la obra de gobiernos revolucionarios depositados en cuatro presidentes de la República –Obregón, Calles, De la Huerta, Rodríguez-, la oligarquía rural de aquella región se gratificó en su identidad como agrotitanes. Los conquistadores del desierto.

La dinastía Robinson Bours-Almada se arraigó principalmente en el municipio de Cajeme, en el sur de Sonora, en territorio del Valle del Yaqui. Su cabecera actual es Ciudad Obregón.

De esa estirpe viene Eduardo Bours Castelo, formado académicamente en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. A la vieja usanza empresarial mexicana, nuestro personaje se desarrolló profesionalmente en el emporio familiar. Uno de sus integrantes formó parte del viejo Consejo Mexicano de Hombres de Negocios.

Consejo Nacional Agropecuario y Consejo Coordinador Empresarial son dos escalas por la que ascendió el nombrado Eduardo. En nombre de su sector, participó en la negociación del original Tratado de Libre Comercio.

Se le recuerda particularmente, porque fue gestor en la Unidad de Coordinación del Acuerdo Bancario Empresarial, correa de rescate de muchos hombres de negocios emproblemados, unidad que  en su momento la raza identificó como El Barzón de los ricos en oposición al movimiento de deudores que para el efecto se conoció como El Barzón de los pobres.

Aquí caemos en la simbiosis empresario político-político empresario: Como alguno de sus ascendientes, Bours Castelo se enquistó en el PRI. Activo en el Consejo Coordinador Empresarial fungió como enlace con el sector privado y financiero que en el noroeste costeó parte de la campaña presidencial de 2000 del fallido candidato priista Francisco Buenaventura Labastida Ochoa, también hombre del Noroeste (Los Mochis, Sinaloa).

Labastida fue el primer candidato presidencial del PRI derrotado en 70 años. Sin embargo, Bours Castelo logró escaño en el Senado de la República, de donde pasó a la gubernatura de Sonora (2003-2009).

La primera ruptura poder empresarial-poder presidencial

El intermedio obligado nos remite a este que deja de ser mero suceso para convertirse en parteaguas en la historia política de México.

En la segunda mitad de su mandato, el presidente Luis Echeverría decretó la expropiación de los latifundios de los valles de El Yaqui y El Mayo. La oligarquía hermana de Sonora y Sinaloa se sublevó en defensa de sus intereses (se llegó incluso a clamar por armas en coléricas asambleas).

Se produjo entonces la primera ruptura del poder empresarial con el poder presidencial. La segunda fue con José López Portillo a raíz de la expropiación bancaria en 1982.

(Dicho para integrar la narrativa, Eduardo Bours Castelo tuvo participación posterior en diversas instituciones privadas; al menos en cuatro bancarias e incluso en el Banco de Comercio Exterior, de la banca de desarrollo.)

Volvemos a Calvino y su declaración de principios: Los bienes terrenales son un don de Dios. El altísimo querría que los ricos ejercieran, administrando esa cesión, su potestad sobre los pobres.

En razón de época, asociamos a Calvino con Martín Lutero, el impulsor de la Reforma de la Iglesia Católica en rebelión contra el papado.

La España que conquistó el Nuevo Mundo

Aquí retrotraemos las hojas del calendario para situarnos en la época de La Conquista. Hemos citado en  otras entregas al académico argentino doctor Rodolfo Puiggrós y su ensayo sobre La España que conquistó el Nuevo Mundo.

Concluye el autor que toda la descomunal riqueza expoliada a los pueblos originarios de América fue dilapidada por la Corona Española en el financiamiento de sus guerras (contra turcos e ingleses fueron dos de ellas), con tal resultado que todos los rendimientos se fueron al pago de préstamos usureros de los especuladores del norte de Europa.

Motiva este ejercicio memorioso la fascinación sobre el proceso de evangelización-saqueo de nuestros pueblos prehispánicos, que algunos autores sintetizan en la figura de La cruz y la espada.

Tiene que ver esa recuperación con un tipo de racismo que en el siglo XX se resumía en la siguiente jerarquización: El sur sueña, el centro medra, el norte trabaja.

En vez de la construcción de una burguesía, los señoríos

De ello sigue una incursión por la obra de algunos positivistas mexicanos: En particular, uno se refiere al periodo en que, a mitad del siglo XIX, se decretó la desamortización de los bienes de la Iglesia católica. Asegura ese estudioso que los hombres del dinero perdieron la oportunidad de formar una verdadera y productiva burguesía mexicana.

Ello sería así porque, durante la dictadura de Díaz, los grandes dominios territoriales del clero fueron puestos en manos de hacendados que, en vez de darle a los bienes una gestión productiva, los convirtieron en señoríos mal administrados desde la metrópoli.

Se trata, pues, de analizar la formación de una cultura empresarial desde los tiempos de la Colonia, a partir del supuesto el norte trabaja.

¿Qué hace la diferencia entre el norte y el resto de la República? Especialmente en la altiplanicie y algunas regiones del centro, pero sobre todo en el sur, la transculturización europea estuvo a cargo de determinadas órdenes religiosas. Su signo, la odiosa encomienda.

El indómito noroeste demostró su  resistencia particularmente contra los intentos de conquista de Beltrán Nuño de Guzmán y sus asistentes espirituales que bendijeron la barbarie.

El modo de evangelizar de la Compañía de Jesús

La América Septentrional, sobre todo la región noroeste, pasó por otro proceso: Lo que es ahora Sinaloa, Sonora y Baja California fue confiada a la Compañía de Jesús.

Donde fallaron otros misioneros (no olvidar que tenemos en el centro de gravedad la Reforma del alemán Lutero), no lo hicieron los jesuitas: Algunos de  éstos partieron al destino americano desde el Alto Rhin y vía Génova-Cádiz se embarcaron a la Nueva España.

Cuando, remontando La Tarahumara, los misioneros alemanes llegaron al sur de Sonora -parte dela vieja Pimería-, el jesuita Joseph Och, dejó este testimonio respecto de los antiguos pobladores: De inmediato nos pudimos darnos cuenta de que no eran nuestros enemigos, ya que no fuimos atacados, aunque nuestras mulas, por la confusión, nos derribaron.

Lo que indica ese testimonio, es que los misioneros jesuitas no dieron trato a los indígenas de infieles ni de idólatras o apóstatas.

Lo que vale destacar en el ejercicio memorioso, es que los discípulos de San Ignacio de Loyola no llegaron a la región con un especial instinto de despojo, aunque los bienes terrenales no estaban fuera de su presupuesto: Con el Evangelio, llevaron a los pueblos originarios las nociones de la ciencia económica. Alrededor de este objetivo organizaron a los remisos para darle sentido productivo a sus recursos naturales: Agricultura, pesca, minería…

Pero entonces llegó el Santo Oficio

Ya llegaría a la metrópoli de la Nueva España el Santo Oficio y, entonces sí, ¡Sálvese quien pueda! Los jesuitas que trataron de cultivar, más que “civilizar”, el noroeste, fueron apañados; algunos, en calidad de presos, fueron remitidos a España. ¿Quién se quedó con los bienes de la Compañía de Jesús?

¿Qué subleva nuestra conciencia? En pleno siglo XXI, los pueblos originarios de la antigua Pimería, con especial saña contra los yaquis y mayos, son tratados como si estuvieran bajo la férula de Beltrán Nuño de Guzmán. Eso si calienta. Es cuanto.

VP/Opinión/EZ



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