Cambiar de caballo a mitad del río

Cambiar de caballo a mitad del río

VOCES OPINIÓN Por: Lic. Mouris Salloum George

De acuerdo con nuestros usos (husos)  y costumbres constitucionales, al mandato presidencial del mexiquense Enrique Peña Nieto sólo le restan menos de 700 días: Unos 23 meses.

En diez meses, el Instituto Nacional Electoral (INE)  pondrá a caballo la preparación de las elecciones generales de 2018. La sucesión presidencial, es el tiempo principal de la carta, dicho en términos restauranteros.

Los sabios rancheros mexicanos, como seguramente los del resto del planeta, saben que no es recomendable cambiar de caballo a mitad del río. Mucho menos, en corrientes turbulentas.

Pero los rancheros mexicanos, que mucho aprenden en la lectura de los astros, no conducen las políticas de Estado.

Desde su elección como Presidente, Peña Nieto ensayó tres veces el relevo en la dirección nacional del partido que lo llevó al poder, el PRI: Humberto Moreira Valdez, por la eficaz Beatriz Paredes Rangel; César Camacho Quiroz por Moreira Valdez; Manlio Fabio Beltrones Rivera por Camacho Quiroz.

En las elecciones intermedias de 2015, el PRI recibió los primeros avisos de que las cosas tricolores no andaban bien. En 2016 se confirmó el presagio. Peña Nieto dio el timón de su partido a Enrique Ochoa Reza, desplazando a Beltrones Rivera.  Cuarto… y contando.

Se hace la revisión del PRI, porque históricamente ha operado como agencia electoral del presidente tricolor de la República en turno. Esa agencia, ha fallado estrepitosamente.

Náufragos y supervivientes de 2012

En diciembre de 2012, Peña Nieto dio a conocer la tripulación que lo acompañaría en la ruta de navegación sexenal. De los copilotos de entonces, no pocos fueron echados de cubierta. Por la vía del enroque, permanecen algunos, por cuya suerte final pocos se atreven a apostar.

Pongamos en perspectiva dos posiciones de mando en sectores neurálgicos de la gestión presidencial: La del dinero, del que depende la solvencia de las políticas públicas e, inmersos en el escenario de la globalización, la de la diplomacia.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público fue entregada a Peña Nieto cargada de lastres por la crisis financiera internacional estallada entre 2008 y 2009. La tabla de salvación presupuestal se confió en los ingresos generados por Petróleos Mexicanos (Pemex), expuesta al saqueo desde el primer sexenio del siglo XXI.

De la  conducción de la política fiscal del Estado, en 2012, se hizo responsable al economista Luis Videgaray Caso.

Desde el inicio de la temporada neoliberal, la diplomacia mexicana -merecedora en su tiempo del Premio Nobel de la Paz-, fue reducida al mero oficio comercial en el entorno de la globalización. Vender a México en el mercado internacional, fue la consigna a los titulares de Relaciones Exteriores.

En 2012, esa misión fue confiada al economista José Antonio Meade Kuribreñas. Desde el punto de la meritocracia, pareció obvio que ese funcionario, sin expediente en el Servicio Exterior mexicano, no cumplió con las expectativas. Fue remitido a la Secretaría de Desarrollo Social, que tuvo el primer relevo en el sexenio.

En Relaciones Exteriores, fue colocada Claudia Ruiz Massieu Salinas, removida de la Secretaría de Turismo, también sin referencias en el Servicio Exterior.

Aquí arribamos a una asombrosa e inexplicable convergencia burocrática en 2016:

  • Luis Videgaray Caso fue cesado por Peña Nieto en la Secretaría de Hacienda. ¿Por la falta de resultados en el rescate de las finanzas estatales?
  • De Desarrollo Social, Meade fue cambiado a Hacienda. ¿Falló en los objetivos y metas de la Cruzada Nacional contra el Hambre, como habría fallado en su encargo en Relaciones Exteriores, causa de su transferencia inicial?
  • Ruiz Massieu ha sido defenestrada, ¿no lo hizo bien en Turismo y tampoco en Relaciones Exteriores? Su encargo ha sido confiado al hace unos meses depuesto Videgaray Caso.

Aquí nos topamos con la gran cuestión. Citamos: “Ya que por el mero hecho de señalar un sujeto para una función, no se crean (en automático) las aptitudes que el desempeño cabal de esa función requiere, será precisa una previa exploración para conocer qué garantías ofrece de llenar adecuadamente las exigencias de la función que se trata de encomendarle”.

¿Hay gato encerrado en lo de Videgaray?

En medio del revoltijo caracteriza la inestabilidad del gabinete presidencial, caben todas las especulaciones.

Verbigracia: Dada la relación de confianza, incluso amistosa,  entre Peña Nieto y Videgaray Caso, desde que se dio por hecho la sucesión presidencial adelantada,  el titular de Hacienda fue incluido en la nómina  de presidenciales tricolores.

En el esquema de las reformas transformadoras, a la Secretaría de Hacienda le correspondió la instrumentación y operación de esas reformas. Desde el punto de vista presupuestal, la Energética es clave.

Al fracturarse las expectativas de inversiones privadas en el sector energético, fue Hacienda la que cargó con la responsabilidad de emprender desde finales de 2015 con los primeros recortes al gasto público. ¿Quién no recuerda aquello del presupuesto en base cero? Esto es, el ajuste del gasto en los programas públicos.

A Videgaray Caso tocó la confección de los Criterios de Política Económica para 2017. En la Ley de Ingresos correspondientes entró de contrabando la continuación de los gasolinazos. Eran previsibles las reacciones subversivas contra esa política de incrementos a los precios de los hidrocarburos.

¿Se trató de blindar la condición de presidenciable de Videgaray Caso frente a esas reacciones y por eso se le sacó de foco para no devaluar sus posibilidades  para 2018? Ahora está en aparente buen resguardo en Relaciones Exteriores, donde los analistas le acreditan idoneidad para lidiar con el gobierno del presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump.  

No es, esa, cuestión de poca monta, si históricamente se considera a la Casa Blanca un filtro indispensable para llegar a la Presidencia de México.

La nota final es la siguiente: Hace poco más de un año, Peña Nieto, al comentar los tropiezos del proceso de instrumentación de la contratación de inversiones en el sector petrolero, atribuyó el fallo a que los funcionarios responsables pasaban por una fase de aprendizaje.

En su primera exposición pública como titular de la SRE, el economista Luis Videgaray Caso declaró con sinceridad que, no siendo diplomático, pues nunca ha tenido funciones más allá de las cumplidas en sus cargos en Hacienda, “vengo a aprender de ustedes, refiriéndose, por supuesto, al staff de Relaciones Exteriores. Sigue, pues, en tareas de aprendizaje.

Si hubiera alguna moraleja sobre la situación actual del Estado mexicano, sería la siguiente: “No hay cosa más perjudicial a la República que un necio con opinión de sabio, mayormente si tiene algún mando y gobierno”. Lo escribió Huarte de San Juan en su obra Examen de Ingenios para las Ciencias. Vale.


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