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Los ex jóvenes turcos están fatigados

Abraham García IbarraEl lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

El título de esta entrega no se contrapone, necesariamente, al grito ¡Zapata vive! (“La lucha sigue”).

Lo que sucede, es que la demanda zapatista de Tierra y Libertad sigue vigente en el militante y estentóreo clamor de los campesinos y especialmente de los indígenas que, después de un siglo de que el labriego sureño Miliano rompió lanzas lanzas contra el hacendado norteño Francisco I. Madero, mantienen vivas sus exigencias de emancipación.

De Madero sigue latente su reclamo Sufragio efectivo, no Reelección, pero los ilustrados sedicentes demócratas -algunos meros democratoides– defienden las elecciones libres y el voto universal y secreto de dientes para afuera. Les sirve, sin embargo, para enquistarse en el establishment y recibir migajas de los privilegios del grupo dominante.

En casi la mayoría de los estados de la República hay sublevación rural. Las  organizaciones agraristas e incluso segmentos de pequeños propietarios  en algunas entidades fronterizas o contiguas tienen como leitmotiv de su resistencia la depredación provocada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Más permanente,  activa y generalizada es la lucha en el sur-sureste de México, donde las comunidades indígenas se pronuncian contra el despojo de su patrimonio material y cultural, por los perpetradores del neocolonialismo interno, rendidos a las botas de los nuevos conquistadores extranjeros.

Los tecnócratas usurpadores se pasan por el arco del triunfo títulos emitidos por la Corona española en favor de los pueblos originarios (El que es primero en tiempo, es primero en Derecho), lo que queda de la Constitución en materia agraria y hasta los mandatos judiciales en contra de los nuevos depredadores.

El centro, un caos; la metrópoli cruje

Quedó atrás la falacia de los científicos decimonónicos: El norte trabaja, el centro piensa, el sur sueña. Una  no lejana fe de erratas enmendó: El centro es un caos. La metrópoli cruje. Es evidente que los nuevos centralistas y centralizadores del poder político y económico casi no practican el hermoso deporte de pensar. Ni en defensa propia.

Dudamos que, dentro de 34 días, cuando se hable “del estado que guarda la nación” se haga una mínima reflexión en torno al recuento de los daños. El quinto informe de gobierno de Enrique Peña Nieto será de arrogante autocomplacencia.

Lo mejor está por venir, declaró en ocasión semejante el zafio Vicente Fox. Para no hacer una autocrítica en presente, pretendió fugarse al futuro: ¡Después de mí, el diluvio!

Los tecnócratas en el poder pasaron de la fase: Mucha administración (ineficaz, en última lectura), poca política, a la de mucha politiquería y poca rendición de cuentas.

Sucesión presidencial por Endogamia

“Sufragio efectivo, no reelección”, recordamos. Como las viejas tribus -las hay nuevas en México, aunque en incesantes desgarramientos intestinos- o etnias, el grupo dominante se prepara para la sucesión presidencial de 2018 con vocación de endogamia. Huelga decir ejercicio excluyente del poder: Nada de alternancias; menos transición democrática.

No se ha dado cuenta, el grupo dominante, que la endogamia genera hemofilia, un estado patológico que corrompe, pudre y hiede el organismo; para el caso, el sistema político y el cuerpo social.

Cuando Felipe Calderón dio por ganada la lucha contra el crimen organizado anunció, sobre la montaña de cadáveres, que su siguiente combate sería contra el rompimiento del tejido social. Obviamente, no lo emprendió; dejó el manual guerrista a su sucesor, al que le ha quedado grande la yegua.

Los falsos profetas de la democracia

Líneas antes, nos referimos a los sedicentes ilustrados demócratas; los hay, auténticos, pero su aspiración no es participar en el acedado banquete del poder domesticado y fallidamente domesticador. Hablamos de los falsos profetas de la democracia.

Titulamos esta entrega “El apóstol de la democracia no ha muerto”. El club de elogios mutuos, tampoco.

Los falsos profetas de la democracia ocupan cotidianamente el carrusel electrónico, en cuyas cabinas y pantallas cambian de pisos pero no de libreto.

Esos “líderes de opinión”,  invaden las ondas repitiéndose a si mismos. Cuando se les acaba el parque, citan a otros del mismo club a los que consagran como irrebatibles dómines. Estos son los que denuncian a los “perversos los sembradores de odio”

En determinadas temporadas pasadas, se les identificaba a esos sabios como intelectuales orgánicos. Carlos Salinas de Gortari pretendió exhibirlos y humillarlos con el mote de intelectuales mutantes.

Algunos de ellos -hay quien los tipificó como anexos-, alumnos que fueron, maestros y doctores ahora, para citar algún expediente, cursaron las carreras de Economía; otros las de Ciencias Sociales.

No pocos fueron priistas confesos. Otros optaron en sus mocedades políticas por el Partido Comunista Mexicano; a terceros, los vimos también formando sindicatos de asesoría intelectual y profesional al movimiento obrero; dada la oportunidad, viraron hacia el Partido Acción Nacional. Fueron los del voto útil. Ahora aconsejan el voto nulo. Gran remedio.

Los que tenían como gurú a Vilfedo Pareto

Por deberes del oficio e interés formativo, asistíamos como escuchas a las cátedras en la UNAM y a conferencias magistrales externas de esos antes acreditados ponentes.

Algunos se sabían de memoria los manuales marxistas; los economistas hicieron tesis sobre Economía política; ahora son exégetas de las políticas económicas.

Otros, prefirieron ser divulgadores de tratados de Sociología; incluso en México alentaron el movimiento Nueva Sociología para reorientar el enfoque de investigadores y autores del Primer Mundo.

Un denominador común caracterizaba a esa generación: Sus citas a  Vilfredo Pareto. Era obvia su elección. El ingeniero franco-italiano generó una escuela sobre la concepción y los fines de la Economía y con enfoque sociológico analizó la Política.

Algunos estudiosos extranjeros tomaron la metodología de Pareto para examinar la Iglesia Católica posconciliar. Hablaron entonces sobre el conflicto entre El espíritu profético y la jerarquía sacerdotal.

Hecha esa acotación, vamos al grano. Pareto expuso la secuencia histórica del poder político y el combate por su posesión y ejercicio.

Recordaba Pareto, como una saludable fatalidad, la sustitución de los que se anquilosan el  poder político e incurren en graves fallas morales o pretenden perpetuarse a lomo de la inercia social.

Entonces, explicaba Pareto, de la clase subordinada surgen individuos mejor dispuestos, más creativos y osados para acabar por imprimirle al poder un sello revolucionario o al menos evolutivo.

Unas de las obras de Vilfredo Pareto aún consultadas en Europa y América del Sur condensa La circulación de las élites, como imperativo democrático y democratizador.

Aquellos Jóvenes turcos mexicanos de ayer, son víctimas de demencia senil. Están fatigados. Son cruzados ahora, sin el menor asomo de crítica científica, del régimen electoral que, en su versión actual y sus depositarios, operan por la supervivencia del Estado tecnocrático. Es cuanto.

 

 



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