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2017: economía mexicana bajo presión

Por José Luis de la Cruz Gallegos (*)

¿Fue 2017 un buen año? El punto de vista del vaso medio lleno afirma que México sigue creciendo a pesar de los desafíos internos y externos que se presentaron.

El inicio del proceso de liberalización del precio de las gasolinas provocó una crisis social en varios estados de la república. Actos de vandalismo y protestas fueron parte de lo que se vivió en el país a raíz del incremento en los precios de los combustibles.

El ascenso de la inconformidad social obligó a posponer algunas de las medidas que el gobierno había programado para acelerar la liberalización. De igual forma se tuvo que dar marcha a la intención de algunas instituciones oficiales de establecer un control de precios, como en los años ochenta.

El efecto inflacionario de la política fiscal descrita se combinó con la depreciación del peso. El arranque de la gestión presidencial de Donald Trump generó una prospectiva negativa porque comenzó a cumplir sus promesas.

Durante la primera semana de su gestión canceló la negociación del TPP, mostrando con ello que la relación comercial de Estados Unidos con el resto del mundo cambiaría sustancialmente.

México fue el “Villano Favorito” durante su campaña y eso no se modificó en los primeros meses de la administración Trump. Fracasó en poner la construcción del muro con México en el eje de la discusión, pero siguió avanzando en el proceso de renegociación del TLCAN.

Contrario a lo que pensaban los analistas del vaso medio lleno la negociación ha sido ríspida y las empresas trasnacionales de Estados Unidos no han logrado frenar la intención de su presidente de cambiar las reglas de contenido nacional y regional del TLCAN. Tampoco han podido incidir en minimizar su deseo de recapturar los procesos de manufactura que se fueron a otras naciones. Por ejemplo el automotriz.

México es el terreno de batalla inicial del último objetivo, la triangulación de insumos intermedios que se realiza a través de la maquila hecha en nuestro país es parte de lo que Donald Trump desea modificar. Su meta de fondo es China y el Pacífico Asiático, la gran zona manufacturera del mundo.

La estrategia de Trump no es la acertada, es un error ubicar a México como parte de la causa de sus desequilibrios comerciales. En realidad, nuestro país es una parte pasiva de la cadena de fabricación creada por las empresas trasnacionales, en donde las originarias de Estados Unidos son mayoría.

¿Por qué nación pasiva? Porque, a diferencia de las naciones asiáticas, en México no existe una política industrial que busque transformar al país de una base maquiladora a una creadora de valor agregado. La política económica, y aún el análisis de algunos partidos de oposición, piensa que los tratados y la diversificación comercial son suficientes para hacer crecer a México.

La perspectiva del vaso medio lleno podrá afirmar que a pesar de todo esto México sigue creciendo 2%.

El punto de vista contrario tiene argumentos de peso. En primera instancia que el mundo vive una etapa de vigor económico que en la India arroja incrementos del PIB cercanos al 7%, en China de 6.5%, en la mayoría del Este de Asia superiores al 4%.

De hecho, en Estados Unidos el reporte correspondiente al tercer trimestre es superior al 3%. Con esto último, el primer año de Donald Trump alcanzó una tasa superior a los últimos de Barack Obama. Aun en Europa hay una recuperación económica.

Por eso crecen las exportaciones mexicanas, sin embargo, ello no genera un impacto positivo en el PIB total porque al mismo tiempo aumentan las importaciones. El saldo es negativo no únicamente en la parte comercial, también los servicios muestran que México es un comprador neto. La apertura económica del país es deficitaria, por ello no propicia crecimiento.

Lo descrito se dio a pesar de una fuerte depreciación del peso e influyó en la presión inflacionaria que viven los productores nacionales, particularmente los que son importadores netos. En manufacturas la inflación del productor ha llegado a ser de doble dígito.

En este contexto se creó empleo y formalizó parte del mismo pero la mayor parte de las fuentes laborales fueron de bajas remuneraciones, de entre 1 y 3 salarios mínimos.

La pobreza sigue presente: más de 53 millones de mexicanos, oficialmente, se encuentran en esa situación a pesar del enorme gasto de gobierno y de los polémicos cambios estadísticos que se hicieron en su medición.

Para el 2018 los desafíos comentados seguirán presentes porque son estructurales. En realidad sus efectos se harán presentes con mayor fuerza y se agregarán a una elección presidencial en donde las promesas de un futuro mejor y las campañas negras dominarán a las soluciones reales que México requiere.

(*) Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

Twitter: @jldg71

VP/Opinión/JSC

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