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La aritmética del Estado Neoliberal mexicano

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Si algo nos ha traído la posmodernidad tecnocrática a México, es la reducción del ser humano a un mero guarismo.

Del lenguaje de los signos, tenemos ahora que los voceros de los gobiernos en turno miden “su obra” en números absolutos: La danza de los millones, se le tipificaba en el llano.

Si se trata de las expectativas socioeconómicas decrecientes de la gran comunidad nacional, simplemente se las colocan en números relativos: Porcentajes y más porcentajes, invariablemente a la baja.

En la Universidad Pública de antaño, se tenían programas de licenciatura, maestría y doctorado con base teórica en la Economía Política.

Por prejuicios ideológicos, las generaciones surgidas después del cambio de planes académicos, particularmente las incorporadas al sector público, implantaron políticas económicas, regidas por los criterios enviados previamente al Poder Legislativo en textos incorregibles.

Los econometristas y su ciencia infusa, difusa y confusa

La aritmética, que nos conducía a operaciones elementales con resultados irrebatibles, pasó a ser ciencia infusa, difusa y confusa en manos de los econometristas, duchos en métodos para anunciar las promesas del desarrollo nacional.

En lo sucesivo, a la miseria de le llama pobreza extrema; la carestía de productos y artículos de básica necesidad, se arropa en el término inflación; a la falta de voluntad, al recelo del inversionista en la marcha económica o a la desconfianza en el gobierno, se le enmascara como atonía; el desempleo, es sólo desocupación. La depresión económica, es simplemente contracción.

Al faltante en las finanzas públicas se suaviza como déficit. En esta asignatura, de superávit, ni hablar.

Escondiendo las estructuras de la desigualdad socioeconómica

Para no reconocer las estructuras de la desigualdad socioeconómica, el Producto Interno Bruto (PIB) se reparte per cápita (por persona). Así se iguala en ingresos a los 16 mexicanos más ricos del mundo con los núcleos indígenas, identificados por los sociólogos como los más pobres entre los pobres.

A propósito de PIB o producto interior, la Ciencia Económica clásica lo define como el valor monetario de la suma total de la producción nacional de bienes y servicios.

Ahora, la tecnocracia mete de contrabando hasta las remesas en dólares que nuestros transterrados envían a sus familias desde el extranjero. No se sabe en qué casillero de la balanza de pagos se contabilizan los ingresos por los tráficos de drogas, armas y personas.

Si se habla de macroeconomía, el escucha de a pie se queda con los ojos cuadrados con las variables de flujo, las variables de stock, el valor agregado, los proyectos económicos plus; el abuso del presupuesto público autorizado, es gasto excedentario. La incesante contratación de endeudamiento, es requerimientos financieros del sector público. Tenemos balanzas para esto y para esto otro.

Lo que resulta del modelo matriz insumo producto

Vieja es la figura matriz insumo producto. Se le define como representación ordenada y resumida de equilibrio entre la oferta y utilización de bienes y servicios durante un periodo determinado de tiempo, que sirva de base a mediciones posteriores, a fin de tomar providencias.

Cada fin de un ejercicio fiscal se presentan ante el Congreso de la Unión los nuevos Criterios de Política Económica para el año que viene, con sus herramientas legislativas básicas: Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos.

Se incluyen en esos instrumentos inflación, tipo de cambio, precios del petróleo, etcétera. Tiro por viaje, los números de porcentajes, siempre al alza en esos proyectos, quedan hechos astilla. ¿Mediciones posteriores? Los hacendistas le dan otra vuelta a la noria con los mismos resultados. Así, hasta el infinito.

Unas cuantas líneas sobe el eufemismo “federalismo fiscal”

Para no agotar la aritmética del Estado neoliberal, recuperemos un eufemismo más entendible: Federalismo fiscal. Lo primero que hay que observar, es que los estados que forman la Federación están sujetos a candados constitucionales en materia de recaudación de impuestos.

De ello sigue que un buen número de ellos no tienen captación ni para solventar el gasto corriente; dependen de las participaciones federales, convenidas con y por la Secretaría de Hacienda al través de la Unidad de Coordinación Fiscal con las Entidades Federativas.

La propia Secretaría de Hacienda rige esa relación participativa con base en la Ley General de Deuda Pública.

De acuerdo con un reporte de la dependencia, para 2017, en razón de su deuda pública, el gobierno de Coahuila estaba ya bajo alerta. Otros diez estados estaban bajo observación. Esta calificación implica que estos estados no podrán rebasar el techo de 5 por ciento para contratar nuevos débitos.

El Estado federal devenido Estado fallido

De la gramática política rescatamos a nuestro autor imprescindible, don Jesús Reyes Heroles: El Estado federal no es un montón de fragmentos carentes de sentido, desconectados; ni el Estado nacional es un ser inanimado, inerte por sus contradicciones internas, neutralizado por un manojo de intereses antitéticos o contrapuestos

Porque los tecnócratas neoliberales ni se interesaron en la Economía Política ni aprendieron política-política por falta de sensibilidad social, es que nos dejaron un Estado fallido. Y entidades federativas, también fallidas. Es cuanto.

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