Voces del Periodista Diario
Mouris Salloum Opinión

“Los Pasos de López”/ “Maten al león”

Voces del Director

Desde Filomeno Mata 8

Por Mouris Salloum George (*)

Es posible recordar dos líneas impresas que dicen, cita libre: Los pavorreales, entre más despliegan su hermoso plumaje, más enseñan el ano.

Se aplica a los hombres de poder, sea político o económico. Hoy, 22 de enero, cumpliría 90 años el escritor (¿humorista?) Jorge Ibargüengoitia.

Dejamos entre corchetes lo de humorista, porque el guanajuatense noveló espeluznantes retratos de la condición humana en Las muertas. Es la crónica novelada de los crímenes de las célebres Poquianchis.

Ibargüengoitia se anticipó medio siglo en la narrativa del paisaje nacional asolado ahora la criminalidad, la corrupción y la impunidad.

La estampa del pavorreal está descrita en la novela Maten al león (1969), del mismo autor.

La trama se desarrolla en la imaginaria republica caribeña de Arepa: El dictador pretende reelegirse por quinta vez. Su régimen -carente de escrúpulos- tiene como santo y seña la incesante transgresión de la ley y el asesinato para eliminar cualquier manifestación de oposición política.

Cambian las pieles, no las entrañas

“Arepa” puede ser cualquiera república tipificada entonces como bananera, pero los procedimientos “políticos-electorales” son de palpitante actualidad en el México contemporáneo, en que la lucha de los contrarios tiene como marca de la casa la guerra sucia.

Hasta aquí dejamos la memoria de Jorge Ibargüengoitia.

¿Qué expectativas reales tiene la sociedad mexicana de cambiar en 2018 el agobiante estado de cosas que ha impuesto a 123 millones de compatriotas el grupo dominante?

Por “grupo dominante”, entendemos la puntual simbiosis entre los poderes constitucionales y los poderes fácticos que pactan a una el avasallamiento de un pueblo que -lo reconocen diversos estudios académicos- ha perdido la confianza en sus instituciones públicas. Desencanto en la democracia, es el diagnóstico más generalizado.

Las elecciones generales de 2018 tienen una marca histórica: Son convocados a las urnas casi 90 millones de ciudadanos para elegir Presidente y unos tres mil 500 puestos de elección popular: El Congreso de la Unión y nueve gubernaturas de los estados, entre ellos.

Por lo que está documentado hasta ahora, el proceso del 18 está primado por los viejos usos y costumbres del sistema, incluyendo las reglas no escritas de nuestra democracia representativa, que se niega tercamente a dar el paso a la democracia participativa.

El huevo de la serpiente: El fraude a la ley

La primera señal de la continuidad de esas viciadas prácticas, es el fraude a la ley.

No terminan aún de dictaminarse en primera fase las solicitudes de registro de candidaturas independientes a la diputación federal (aleatoriamente se revisan las de senadores) y el mugrero está brillando en todo su esplendor.

Importa el dato, habida cuenta que, por la misma figura constitucional, operan sus precampañas por lo menos seis aspirantes a la Presidencia de México.

La individualización de esas precandidaturas presidenciales, bajo la cobertura de la ciudadanización, no aporta nada benéfico el proceso electoral. Los frentes constituidos por nueve partidos nacionales, siguen imponiendo los mismos viejos patrones que se manifiestan, como siempre, en la conflictividad interna de los partidos en la selección de sus candidaturas.

El sello, impreso con indeleble tinta china, se distingue por la explosión de revoluciones intestinas en los partidos frentistas, en los que se produce la estampida de prominentes cuadros que arrastran en sus deserciones a importantes segmentos partidistas, dispuestos a ser pasto de pepena, porque ahora mismo de lo que se trata es de sumar votos a las candidaturas presidenciales a toda costa y a cualquier costo.

La única certeza: El piso de remates electoral

Sostienen los clásicos que, en procesos electorales competidos, la incertidumbre es la madre de toda democracia. Puesto que las encuestas sobre intención de voto se hacen con base en un “humor social” movedizo, la única certeza que se ofrece a los potenciales votantes en 2018 es la del cohecho y el soborno, ya institucionalizado por los árbitros electorales que dan luz verde a los partidos y candidatos contendientes para hacer del ejercicio democrático un piso de remates.

Cuando Jorge Ibargüengoitia escribió Maten al león, quiso recrear la imaginación en una república ficticia. Por el contenido de su amplio catálogo de obras de teatro y novela, sin embargo, es visible que encontró motivos de inspiración en la ruin realidad política mexicana de su siglo.

Hasta parece que el libreto del 18 lo escribió Gonzalo N. Santos

Después de dos décadas de que en México empezó a celebrarse la transición democrática, lo que tenemos “a la carta” para 2018, son las mismas recetas de las que, en cada proceso electoral, en el paleolítico priista dejó constancias escritas el afamado cacique potosino Gonzalo N. Santos.

“Matar al león” significaba eliminar al dictador de cuatro periodos. En estos días, la memoria de algunos comentaristas políticos está puesta sobre el 24 aniversario del asesinato del candidato priista Luis Donaldo Colosio en marzo de 1994.

¿Qué nos ha enseñado entonces medio siglo de sucesiones presidenciales desde que, en la pluma del recordado intelectual guanajuatense (1969), se retrató la torva política mexicana? Lo sabremos hasta el 2 de julio. ¿Crónica de una usurpación anunciada, parafraseando a Gabriel García Márquez, quien también nos dejó El ocaso del patriarca?

(*) Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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