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¿Qué hacemos con el Congreso de la Unión?

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Sólo un voto faltó para que el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sentenciara por unanimidad la inconstitucionalidad de la Ley de Seguridad Interior.

En términos generales, los ministros encontraron que los legisladores hicieron un verdadero galimatías con los preceptos referidos a Seguridad Nacional, seguridad interior y seguridad pública.

En última lectura, apareció visible la intencionalidad de regularizar y normalizar la participación de las Fuerzas Armadas en una función que corresponde a la autoridad civil.

Los dómines en Derecho tienen materia para evaluar el análisis y las conclusiones que la Corte consideró para dictar su veredicto.

Los legisladores se han apoltronado en la subcultura del moche

Lo que por nuestra parte nos atrevemos a subrayar tiene tres elementos: 1) La vieja cultura de subordinación dio pie a que los partidos descuidaran la selección la formación de sus cuadros para el ejercicio legislativo, atenidos a que el Ejecutivo acompañaba sus proyectos de ley con todo y dictámenes;

2) Los pastores en turno tanto de la Cámara de Diputados como el Senado, precisamente por esa sumisión a la presidencia de la República, han desestimado por sistema las sentencias de la Corte y en muchos casos no procedieron a las enmiendas recomendadas por el máximo tribunal, amparados en el supuesto de que la división de poderes no admite la intromisión de uno en las facultades de los otros, y

3) Desde la LXII Legislatura federal sus integrantes de plano abandonaron su deber de legislar para acogerse a la tarea de gestión que les generó ganancias adicionales a las dietas y otras prestaciones.

Sobre el tercer punto resulta pertinente destacar que, particularmente los diputados federales, dejaron de ocuparse en la lectura de las iniciativas, de las que no conocen ni la exposición de motivos, para tomar por asalto la tribuna a exponer y pedir el voto para puntos de acuerdo.

En la mayor parte de los casos, esos puntos de acuerdo son para pedir recursos públicos adicionales para obras y servicios en los distritos que representan directamente o por representación proporcional.

Obvio: Como la gestoría fuera para algunos municipios, los diputados se adhirieron a la subcultura del moche. En algunos casos hasta del 35 por ciento sobre el monto obtenido. Con un plus: La asignación de los contratos a empresas propias o a aquellas que les proporcionan la consabida comisión.

La negligencia de los “legisladores” fue exhibida en toda su magnitud cuando en reciente agenda parlamentaria las comisiones de dictamen introdujeron una iniciativa que sigue hablando de la Ciudad de México como Distrito Federal. Pequeña magnitud.

Por excepción, ¿los ministros podrían despachar en el Congreso?

El tema merece el espacio porque desde que se instaló la LXIV Legislatura federal, en el Palacio Legislativo de San Lázaro, en vez del estudio de técnica legislativa, se sigue observando el espectáculo cerril del asalto a la tribuna o de la cena de negros en las reuniones de comisiones dictaminadoras en las que no se respeta ni la elemental norma de procedimiento.

Senadores y diputados ya tienen de regreso una Ley que estuvo en suspenso casi un año. Se trata de un ordenamiento en que va de por medio uno de los asuntos más debatidos desde que Felipe Calderón declaró unilateralmente su guerra contra el crimen organizado: El papel de las Fuerzas Armadas en funciones policiales.

El asunto entra en una doble dimensión ya que en unos días el Congreso de la Unión recibirá el Plan de Seguridad de la próxima administración. Como para pedir que los ministros de la Corte pasen a formar parte de la comisión dictaminadora. Así de preocupante la cuestión. Es cuanto.

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