Voces del Periodista Diario
Abraham García Opinión

“Toda la fuerza del Estado”, el espectro más temible en 2018

El lecho de Procusto

Por Abraham García Ibarra

Sólo para ponernos en frecuencia, recordaremos una frase célebre del veracruzano Fidel Herrera Beltrán al tratar de explicar sus excesos antidemocráticos: Si el poder no sirve para esto, entonces, ¿para qué chingaos sirve?

De Herrera Beltrán fue secretario particular Javier Duarte de Ochoa, a quien hizo secretario de Finanzas y Planeación de su administración. Lo convirtió en Gobernador de Veracruz para cubrir su retirada. Duarte de Ochoa caracterizó su aciago mandato por el inicio del exterminio de periodistas.

Ambos políticos blasonaron su pertenencia al PRI.

Humberto Castillejos Cervantes acreditó su militancia en el Partido Verde Ecologista de México, que lo hizo legislador.

En áreas federales  de Procuración de Justicia, Castillejos Cervantes estuvo primero en la asesoría del titular de la Procuraduría General de la República durante la gestión del general Rafael Macedo de la Concha.

Por el “monopolio legítimo de la violencia…”

Más tarde, Castillejos Cervantes fue colaborador del responsable de la PGR, Eduardo Medina Mora, quien le imprimió sello a su encargo, defendiendo el monopolio legítimo de la violencia endosado  al Estado.

Medina Mora se desempeñó como procurador general durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, quien en diciembre de 2006, al declarar su guerra al crimen organizado, a este efecto sacó a las Fuerzas Armadas de sus cuarteles.

De esos días data la acción de las Fuerzas Armadas en el campo de la Seguridad Pública, con la que se emprendió la incesante militarización de la vida pública de México.

 El afamado “Grupo de los cuatro”.

Un ejercicio memorioso nos remite al siguiente hallazgo: Javier Duarte de Ochoa y Humberto Castillejos Cervantes, en la década de los noventa,  compartieron sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Iberoamericana (UIA), bajo la gestión administrativa y académica de la Compañía de Jesús, conocida así por su estructura militarizada. A su autoridad mayor se le identifica como Capitán General.

Esa vertiente de la generación de estudiantes iberoamericanos fue afamada por su inclinación al empleo de toda la fuerza del Estado para preservar la gobernabilidad.

Se le conoció como El  grupo de los cuatro. Los otros dos fueron Aurelio Nuño Mayer y Eduardo Sánchez Hernández.

Antes de que el PRI retornara a Los Pinos, Duarte de Ochoa ya ocupaba la gobernación de Veracruz. En célebre entrevista, confesó que su modelo ideal de gobierno era el del generalísimo Francisco Franco, dictador de España, a quien admira, dijo, por sus ideas firmes (por no decir su mano dura)

La toma de posiciones en Los Pinos

Al anunciarse el gabinete de Enrique Peña Nieto en diciembre de 2012, en la Oficina de la Presidencia de la República apareció Nuño Mayer. En la Consejería Jurídica de Los Pinos, Castillejos Cervantes. Sánchez Hernández, en una subsecretaría de la Secretaría de Gobernación, coordinadora del gabinete de Seguridad Nacional.

Al correr del sexenio, Aurelio Nuño Mayer, pasó a hacerse cargo de la Secretaría de Educación Pública, como responsable de implantar la Reforma Educativa y el Nuevo Modelo Educativo.

Nuño Mayer acaba de renunciar a la SEP para hacerse cargo de la coordinación general de campaña del precandidato presidencial del PRI, José Antonio Meade Kuribreña.

Sánchez Hernández pasó de Gobernación a desempeñarse como vocero de Los Pinos.

En octubre de 2016, Javier Duarte de Ochoa, en plena debacle política, pidió licencia para separarse de la gubernatura. Hoy está preso, indiciado por diversos crímenes perpetrados durante su administración.

Castillejos, cerebro de las reformas “transformadoras”

En el verano de 2017, Castillejos Cervantes renunció inexplicablemente a la consejería jurídica de la Presidencia.

Los Pinos emitió un boletín en que ponderó el papel clave que jugó el ex consejero en el diseño y puesta en marcha de reformas “transformadoras”, a saber: Educación, Financiera, Fiscal, Energía, Competencia Económica, Telecomunicaciones, Justicia Penal, Transparencia, Anticorrupción, Laboral, Justicia Cotidiana, etcétera.

Se hizo abstracción de los resultados de la Reforma Educativa, del fracaso de la Reforma energética y, sobre todo, de la parálisis operativa del Sistema Nacional Anticorrupción aún entre corchetes.

La suplencia de Castillejos Cervantes fue confiada a Misha Leonel Granados egresado de la Universidad Panamericana  (institución del Opus Dei), misma en que fue formado Enrique Peña Nieto.

Entre las asignaturas que dejó pendientes Castillejo Cervantes, está la Ley de Seguridad Interna, concebida por el régimen para blindar en sus tareas a las Fuerzas Armadas mexicanas.

El último remoto recurso: El veto presidencial

Contra una activa corriente de opinión nacional e internacional encabezada por la Organización de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y su correspondiente nacional; Amnistía Internacional y toda una legión de organizaciones no gubernamentales domésticas y las propias bancadas de la oposición, el Congreso de la Unión, bajo control del PRI, liberó finalmente el dictamen aprobatorio de ese proyecto.

Los opositores a la iniciativa documentaron su resistencia, afirmando que la nueva ley es atentatoria contra mandatos de la Constitución mexicana y violatoria de la convencionalidad sustentada en tratados y acuerdos internacionales de los que México es Estado parte. De nada valieron esos argumentos.

En la lectura de algunos analistas políticos, el fin último de ese accidentado y cuestionado proceso legislativo es mantener latente la acción punitiva de las corporaciones militares en la eventual probabilidad de que la sucesión presidencial de 2018 escape de sus cauces pacíficos.

Ayer domingo todavía, activistas se acercaron a la residencia presidencial intentando el último recurso legal: Que el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas haga uso de su facultad de veto al texto que le fue remitido la semana pasada desde el Palacio Legislativo de San Lázaro.

No es fácil -a las horas de elaborar estas notas- suponer que la facción más influyente en Los Pinos renuncie a la joya de la corona, burilada a lo largo del sexenio, de lo que se colige que toda la Fuerza del Estado será el espectro más temible que planeará sobre los resultados de la próxima elección presidencial. Es cuanto.

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