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Ya no queremos realidades, queremos promesas

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Desde la temporada de la sedicente Generación del cambio, nunca escuchamos a sus exégetas hablar de neoliberalismo. Sí, de mercado, crecimiento hacia afuera, “libre” comercio. Puro eufemismo aplicado, contrario sensu, al populismo.

El neoliberalismo, pues, nunca ha estado en el discurso tecnocrático: Se le puede, entonces, eliminar en la retórica. Pero el neoliberalismo está en la obra depredadora: En los hechos; en la realidad,

En alguna ocasión, en uno de tantos montajes mediáticos, creímos oír decir a Enrique Peña Nieto (se respeta la sintaxis): Yo no creo que nadie despierte; no creo que un presidente se levante ni creo que se ha levantado pensando en cómo joder a México.

La duda razonable es si, desde Vicente Fox, se puede sospechar que los presidentes mexicanos piensen por sí mismos.

Minería, industria de la muerte

Cambio de página: Tenía Peña Nieto apenas nueves meses en Los Pinos cuando Voces del Periodista nos publicó (agosto de 2013) una investigación bajo los siguientes títulos: Minería, industria de la muerte/ corporaciones canadienses trasladan a México sus métodos de exterminio indígena.

(Por aquellos días, los Cabildos indígenas de Colombia encabezaban contra el gobierno de Juan Manuel Santos movimientos de huelga animados por demandas agrarias. El material referido fue reproducido allá por redes sociales operadas por formaciones civiles de oposición.)

El reportaje hizo referencia a la contrarreforma minera asestada por nuestro Congreso de la Unión en 1992. Daba cuenta de la liberalidad con la que desde entonces se han venido expidiendo a granel casi gratuitas concesiones mineras.

Reforzamos el contenido de ese material con la nómina de depredadores mineros -empezando por el Grupo México– y más de medio centenar de marcas extranjeras, con predominio canadiense.

Bandas de sicarios, como los rangers de hace un siglo

Denunciamos que, a manera del estilo de los rangers que, por ejemplo, a principios del siglo XX pretendieron aplastar la Huelga de Cananea, las trasnacionales mineras contrataban ahora bandas de sicarios para reprimir la resistencia indígena y eliminar a activistas sociales y dirigentes de movimientos ambientalistas.

En no pocos casos -el más visible, el del Grupo México- se dio poder de fuego a esos concesionarios al través de la Policía Federal y corporaciones policiales de los gobiernos de los estados.

En el seguimiento del tema, posteriormente hemos consignado cuantificaciones oficiales de la entrega de dominio territorial a capitales extranjeros, potenciado ese expolio con la Reforma Energética y licencias o permisos para la irracional explotación de áreas naturales -incluso protegidas- en favor de empresas turísticas y promotoras de fraccionamientos residenciales, verdaderos paraísos de tentación, etcétera.

La criminal tendencia se potenció con la reciente creación de la Zonas Económicas Especiales (ZEE), puestas a caballo por el peñismo.

Esa es la marca de la casa del neoliberalismo como política de Estado en México.

Gana comunidad nahua amparo contra Almaden Minerales

Nos convoca de nuevo al tema la reciente sentencia (445/2015) del juzgado segundo de distrito en materia de amparo civil, administrativo, de trabajo y juicios federales con sede en Puebla, por la que se da protección a la comunidad indígena nahua de Tecoltem de esta entidad contra dos concesiones mineras otorgadas a la trasnacional canadiense Almaden Minerales.

La resolución jurisdiccional tiene como demandada a la Secretaría de Economía. No solo: También al Congreso de la Unión y la Presidencia de la República por actos anteriores perpetrados por los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón. Por supuesto, la presidencia de Peña Nieto nada hizo para reparar el entuerto.

La sentencia está en línea con las dictadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cuya causal ha sido repetidamente la falta de consulta previa a las comunidades afectadas por la acción depredadora de los concesionarios aupados por el gobierno.

Por las peculiaridades del juicio de amparo en México, la resolución favorece específicamente al núcleo nahua demandante. Si una golondrina no hace verano, por lo menos queda la constancia judicial.

Choque de trenes entre Justín Trudeau e Ildefonso Guajardo

Desde hace un año en que se inició la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los negociadores mexicanos, encabezados por el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, recibieron instrucciones presidenciales de encontrar, de lo perdido, lo que aparezca.

Guajardo tuvo en el cuarto de junto en Washington a los más pesados de las cúpulas empresariales mexicanas. Una de las cuestiones aún controvertidas fue la de la Reforma laboral en México. Nuestros representantes como que la tomaron a broma: Es un asunto de política interior que abordarán después los factores de la producción oakland high school illinois.

El más pugnaz gestor, “en defensa de los trabajadores mexicanos” fue el primer ministro canadiense Justin Trudeau.

A Ildefonso Guajardo, obviamente, ni por accidente se le ocurrió plantear el asunto de la minería concesionada en México, a pesar de que es la Secretaría de Economía la responsable de regular esa industria y de administrar los títulos de concesión.

Al menos desde hace una década, el gobierno canadiense ha recibido denuncias (la Policía Montada ha recibido algunos expedientes) sobre las atrocidades perpetradas por las mineras de aquel país que operan en el nuestro. Concretamente, de familiares de víctimas en el estado de Chiapas.

El señor Justin Trudeau, hasta ahora, no se da por enterado. Qué le vamos a hacer, así es el neoliberalismo en acción. No el de la retórica. Es cuanto.

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