Voces del Periodista Diario

Democracia participativa

La quiebra del Estado nacional, la crisis de confianza en las instituciones ?y el rompimiento del tejido social, hasta llegar a un país sin esperanzas, debe mucho de sus orígenes a las fallidas transiciones del poder desde que tenemos memoria hasta nuestros días. Las ficciones elaboradas al respecto por las camarillas de turno así lo constatan.

Pasa lista el engaño: un país maravilloso en el que lo único que cambió fue la cantidad de personas sentadas en las sillas de mando que antes ocuparon otras de diferente compromiso, pero idéntica catadura. Transferencia o sustitución, no alternancia, provocada por un fenómeno holístico en el que los medios de comunicación tuvieron demasiado que ver.
Hicieron creer a la población que de un día para otro iba a amanecer más rica, más democrática, más poderosa, más informada, gracias al empoderamiento de capillas políticas que sólo vinieron por lo suyo: a robar, según ha quedado demostrado hasta la saciedad, incluso por los mismos defensores de los diversos regímenes políticos.

Jamás cambió el truco, chango viejo no hace maromas nuevas, se perpetuo el sistema del engaño en el que más que el cambio de régimen, el país perdió la cabeza, la capacidad del árbitro, el negociador, el conciliador, la última instancia, el ejecutor mágico de lo que no admite posposicion o demora.

La estructura política del régimen siguió siendo la herencia de lo que habían logrado Juárez, Porfirio Díaz y Calles. No cambiaron las instituciones, pero se erosiono al grado máximo su credibilidad y se aterrorizó y victimizo la pobreza rampante.

No cambiaron las pautas ni las conductas de los gobernantes, sino que su visión del mundo pasó a depender de las pocas luces de gerentillos y lacayos de empresas transnacionales, anteriormente sus testaferros. No cambio el poder real, solamente se perdieron los controles y se pulverizó su contundencia contra la emergencia.

No cambio nuestra ubicación en el mundo, sólo se empeoraron y envilecieron las relaciones diplomáticas con nuestros socios y vecinos, reduciendo el toma y daca a una cuestión de moches y favores personales, de sumisión y entreguismo extremo por parte de los mandarines locales, más falsos que una moneda de quince pesos.

No cambio el régimen de partidos, sino que las organizaciones y franquicias se sumieron en un profundo descrédito?, librando innumerables guerras intestinas por la posesión de los presupuestos públicos y el apodo de entidades de interés público.

No se combatió jamás la corrupción, no se mejoró la seguridad, al contrario, los próceres se complicitaron con ambas ?,creció la irritación social y los grandes factores de inestabilidad, como la guerrilla, el narcotráfico, el crímen organizado, los ajusticiamienntos, las vendettas entre mafias autorizadas por el poder.

Hicieron retazos el país. El engaño agotó la esperanza. Hacía falta verdad, no los recurrentes papasales que llamaban planes de gobierno, pero que sólo eran unas aspirinas envenenadas a la conciencia popular. El anuncio de la rapiña y el anexionismo de siempre.

?Papasales y documentos bufos de ficción donde se escondieron ocurrencias de ignorantes, ambiciones de déspotas, pasividad de ciudadanos que nunca supieron lo que se fraguaba tras bambalinas, tras los próceres de turno, siempre ajenos al concepto Patria.

Desfilaron en esas sustituciones del poder todos los hampones, desde los desmanteladores del Estado, los importadores de chatarra, los depredadores de la producción agropecuaria, de la industria y los servicios, hasta los aniquiladores del mercado interno, en función de sus apetitos de mercachifles dependientes.

Pasaron los coyotes importadores de gasolinas, los hambreadores de las tiendas de departamentos y de conveniencia, los trasegadores de alimentos y los demandantes de moneda y sangre. También los asesinos que serán juzgados por delitos de lesa humanidad próximamente, cuando se descubran las verdades de los crímenes del narcotráfico.

Vienen dispuestos a todo. No como sus antecesores, pues la gente está harta y dice que de lengua se come un plato.

Enterremos el dolor y el terror político. Demos paso a los aires frescos de la democracia participativa.

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