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Argentina, un caso de estudio

El resultado electoral en Argentina, que dio el triunfo al polémico candidato Javier Milei, con el 56% de los votos, tiene que ser un caso de estudio desde diversos ángulos. Ante todo, ya es una advertencia para las “izquierdas” latinoamericanas: queda claro que el hartazgo ciudadano tarde o temprano cobra las facturas a los políticos demagogos y corruptos, de la tendencia que sean.

Muchos desde la oposición ideológica -dentro y fuera de ese país-, dudan del electo presidente, economista de profesión, autodefinido como libertario y ubicado en la extrema derecha de la oferta electoral.

Otros personajes de la comunidad internacional -de los identificados ideológicamente- se apresuraron a darle el beneplácito. El expresidente y aspirante a volver a la Casa Blanca, Donald Trump, fue explícito: “Estoy muy orgulloso de ti. Cambiarás por completo tu país y harás que vuelva a ser grande”.

El 10 de diciembre del feneciente año 2023 –establecido para el cambio de poderes- podría marcar, con Milei, un antes y un después. Si el entrante mandatario logra imponer su ley, como fonéticamente advierte su apellido, el país podría estar en la antesala de una revolución literal.

Habrá que ver  para creer en las pretendidas reformas de Milei; son tan increíbles, como improbables: reducir la inflación –superior al 140% en los últimos meses-, al promedio internacional y en el menor tiempo, unos 18 meses; suprimir el control de cambios; eliminar el banco central, dolarizar la economía, cancelar subsidios, reducir el gasto público, privatizar todo lo que pueda; entre otras.

Los biógrafos políticos del nuevo mandatario lo simplifican como un político de extrema derecha, ubicado entre la anarquía y el populismo mesiánico. Durante la campaña usó los recursos más conocidos de la retórica teatral y conquistó votantes. En los debates con su adversario del régimen saliente, exhibió serías limitaciones, según observadores. Prometió mucho sin decir cómo; despertó esperanzas entre los 46 millones de argentinos.

Algunos de los planteamientos del entrante mandatario están en contra de tendencias y conquistas democráticas, como el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

Por principio, Milei afirmó que iniciará sus reformas de inmediato: “No hay tiempo para el gradualismo ni para tibiezas”. Le asiste la razón en el sentido de que sus votantes piden reformas urgentes. La hiperinflación es insostenible.

A final de cuentas, la realidad siempre tiene la última palabra. El nuevo mandatario carece de mayoría legislativa en el Congreso. Esto lo obligará a buscar alianzas y en esa tarea podría paralizarse.

Lo que estamos presenciando con el caso de Argentina es la repetición de la historia, que como maldición tiene anclada a Latinoamérica. Los gobernantes de todas las tendencias ideológicas han sido incapaces de poner orden y detonar el crecimiento sostenido. Esto ha dado pie a la persistente inestabilidad regional.

Sea como fuere, una amplia mayoría de electores decidió apoyar a Milei. Desde una perspectiva democrática, lo menos que se le debe desear al nuevo presidente y al pueblo hermano es que puedan encontrar las soluciones anheladas y encarrilarse sobre las vías del desarrollo económico y social.

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