Voces del Periodista Diario

En Educación Superior, ganancia mata calidad

Ruta México

Por Álvaro Aragón Ayala

Producir cuadros gerenciales para la empresa privada -no necesariamente para el desarrollo-, es el objeto de las corporaciones privadas creadas para el negocio de la Educación Superior en México.

Con licencia oficial operan en el territorio nacional al menos mil 500 marcas que obtienen sus registros únicamente para cumplir con una normatividad bastante benigna, con independencia de la calidad de la enseñanza, que se supondría sintonía con los programas docentes que obligan a la universidad pública.

La pugna por el mercado de la matrícula nacional

En mercado abierto, conforme el plan de la cuarta transformación, la matrícula nacional para 2024 alcanzaría unos 5.5 millones de educación en ese nivel.

Ahora mismo, la participación de las instituciones particulares que forman el subsector del correspondiente al sistema público, es de 31.5 por ciento. En números absolutos, casi un millón 800 mil inscritos.

Acaso porque en los estados de la República la normativa es más relajada y se amplía el mercado potencial, los inversionistas prefieren entidades como Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, Puebla, Nuevo León y Estado de México. Le siguen Michoacán y Chiapas.

Un denominador común en ese proceso, es que la mayoría de esos centros son gestionados por órdenes religiosas que tienen como atractivo el crecimiento industrial, bancario y comercial, alternativa ocupacional de los egresados de dichos planteles.

Móviles ideológicos en el control del monopolio de espíritu

Existe, sin embargo, una tendencia más acusada en ese fenómeno: Desde que se promulgó la Constitución de 1917 y se legisló su artículo Tercero que dio forma a la Educación Pública, en aquellas regiones el clero cristero empezó a organizar y a movilizar a las primeras uniones de padres de familia, que proliferaron cuando el Presidente Cárdenas reformó la Carta fundamental para instituir la Educación Socialista.

Hacia la década de los cincuenta, aquellas uniones ya estaban integradas en una central nacional, que en aquellos años agitó a los padres de familia en contra de los Libros de Texto Gratuitos.

Sin disparar una proclama, la derecha ganó terreno

Sin “subvertir el orden”, al iniciarse el periodo neoliberal, al tiempo que se inició el reclutamiento de egresados de las instituciones de educación superior privadas, para confiarles la administración del sector público, a las firmas se les ensanchó el rentable negocio.

Durante los dos primeros sexenios del siglo XXI, las estructuras particulares ya estaban consolidadas. En la Cámara de Diputados federal, legislaciones de derecha esgrimieron iniciativas para cancelarle los subsidios públicos a la UNAM.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, los presupuestos federales empezaron a castigar las finanzas al conjunto de universidades públicas de todo el país.

Ese es el terreno en que ahora estamos parados: Al arrancar el actual sexenio, el subsecretario de Educación Superior de la SEP, Luciano Concheiro, salió al paso a las hostilidades políticas e ideológicas a las universidades de Estado y exclamó: Ya basta de ataques a las instituciones públicas, que son el ente social con mayor credibilidad en el país. Contra ese funcionario se empezaron a lanzar filosos dardos desde la iniciativa privada.

Hace unos días, en ocasión de conmemoraciones del centenario de la aparición en México de la Cuarta Internacional (Partido Comunista), Concheiro aceptó la invitación a comentar la efemérides. Fue amonestado por la superioridad por sus comentarios. La resistencia contra la educación pública también es centenaria.

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