Voces del Periodista Diario

Es hora de rescatar el banco de sangre de manos de Drácula

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

Diez años después de que, en memorable discurso, el pensador tuxpeño don Jesús Reyes Heroles advirtió contra las pretensiones de la tecnocracia de constituirse en poder político, una edición auspiciada por la Secretaría de Programación y Presupuesto (Contextos/ SPP/ Miguel de la Madrid) publicó un ensayo filosófico en el que se previene contra el especialismo. De ese texto, rescatamos una conclusión: Conocimiento, no es sabiduría.

Nos colocamos en ese cuadrante, porque, después de la Reforma Administrativa promovida por José López Portillo, con el reclutamiento de nuevo personal para el sector público, los mandos debutantes se presentaron a sí mismos como cuadros de excelencia para distinguirse de la vieja burocracia. Lo que nos remite a otro diagnóstico.

La especialización define la creación de una minoría privilegiada

“La especialización progresiva que paulatinamente se va operando en todas y cada una de las funciones sociales, contribuye a aumentar más y más el grado de diferenciación social, pues sabido es que toda especialización determina la creación de una minoría privilegiada”.

A pesar de la palpitante actualidad de ese dictamen, el párrafo anterior data de 1931, en que el estudioso mexicano don Manuel M. Moreno publicó por primera vez su ensayo sobre La Organización Política y Social de los Aztecas. A él se debe también Orientaciones Sociológica de las Independencias Hispanoamericanas (1952).

Los referentes anteriores los rescatamos ahora que se prepara la conmemoración del V Centenario de la Caída de la Gran Tenochtitlan, un contexto en el que se proclama a la Ciudad de México como Capital Cultural de América Latina.

Al propósito del tema de hoy, nos sirve la consulta de la obra México profundo: Una civilización negada, de Guillermo Bonfil Batalla, descrita por uno de sus editores como un llamado a la conciencia nacional para formar un México nuevo que se forje en la multiplicidad de sus herencias culturales.

La tecnocracia neoliberal, obscena reproducción de Los Científicos

En esta recapitulación periodística concurren investigaciones recientes de la Antropología Social, que encuentran un subyacente y acusado grado de marginación y discriminación de supervivientes de pueblos originarios, refundidos -no voluntariamente- en territorios excluidos del desarrollo nacional y de aquellos sometidos a una política de tierra arrasada por concesionarios de la industria extractiva, dominada mayormente por el capital extranjero.

En diversos trabajos editoriales, hemos coincidido con la descripción de la actual tecnocracia neoliberal como una obscena reproducción de la generación de Los científicos, que operó como tanque pensante de la dictadura del mestizo oaxaqueño Porfirio Díaz.

De nuevo, como en otras oportunidades, acudimos a un texto que, desde su primera lectura, nos ha conmovido profundamente. Es la Carta a un amigo, escrita desde Londres en 1926 por don Manuel Gómez Morín: Una perspectiva personal de lo acontecido en México desde la Independencia:

Las consecuencias de nuestra enfangada querella política

“Cuantas veces, desde entonces, se han abierto nuestras ventanas, el contacto con el mundo exterior ha sido desagradable y poco provechoso. En 47, en 62, guerras extranjeras que ni siquiera nos dejaron la utilidad que a otros pueblos han dado unidad moral, depuración cívica, ennoblecida conciencia de un designio común; y no nos dieron ese beneficio porque nos manchamos de la traición; porque no fueron guerras contra el extranjero, sino contra gente nuestra, o porque, como en 47, no peleamos contra el extranjero sino que, ocupados en nuestra enfangada querella política, volvimos la espalda al invasor, utilizando su estancia allí para sacar provechos y ventajas personales”.

Después de la política juarista (…) el porfirismo pareció adoptar un sentido internacional. México en paz hizo propaganda mundial, lanzó y consolidó empréstitos, recibió extranjeros, intentó colonización; todo un simulacro de internacionalismo.

Simulacro, nada más, porque no estaba orientado a hacer de México un valor mundial, a dar a México la consideración como fuerza moral y económica en el mundo, sino que se limitó a poner a México en el mercado, a lanzarnos en el México de las imitaciones de pastiche, de desprecio o ignorancia de lo nuestro.

Internacionalismo de pastiche igual al del reyezuelo negro

Este es un retrato, tan grotesco como humillante: Política igual a la del reyezuelo negro, que abre las fronteras de su tribu a los delegados de un poder europeo, les entrega su marfil y sus plumas y viste desde entonces, sobre su cuerpo desnudo, un frac de opereta, encantado de sus grandes y poderosos amigos nuevos, creyéndose su protector y concibiendo la idea de ser ya el ombligo del mundo, el más fuerte, el más rico, el más bello. (Hemos dicho de esas líneas que son un retrato hablado de la tecnocracia neoliberal que se ha sentido jugadora en las Grandes Ligas.)

Continuamos con don Manuel: ¿Cómo olvidar el espectáculo de aquellos buenos y tontos señores, vestidos con sus grises levitones mandados a encargar a Londres o a Le belle Jardiniére (…), hablando en falsete mal inglés, mal francés y mal español, mientras en sus haciendas se trabajaba aún en el régimen de hace 300 años, con peones esclavos, de vida infrahumana, y ellos mismos en su vida privada, a pesar del valet y del chef, conservaban todos los vicios del más crudo criollismo?

La persecución contra el calzón blanco; sólo en la ciudad

Recuerdo a algunos de nuestros amigos de clase -da testimonio don Manuel-, perfectamente estúpidos, bebiendo en inglés y emborrachándose mexicanamente. Recuerdo también de aquel tiempo admirable, de persecución contra el calzón blanco, pero sólo en la ciudad y sólo el calzón blanco. No importaba el calzón de las haciendas. Allí estaba bien. No importaba la pobreza, no la ignorancia, no la mugre siquiera. El calzón blanco nomás

No se buscó la ayuda internacional para el desarrollo de nuestros recursos; lo que se hizo fue vender cuanto teníamos, cuanto nos querían comprar: Un imperialismo al revés. En vez de recibir, dimos; en vez de llamar para que vinieran a cooperar con nosotros en la tarea de hacernos una economía. Entregamos lo que teníamos y todavía nos frotábamos alegremente cuando los compradores se apresuraban mucho a llevarse nuestras cosas.

Sobre regalar nuestras riquezas, dar algo en efectivo

El internacionalismo porfiriano fue la sistemática propuesta de México en el mercado para quien quisiera tomarlo. Y todavía dábamos algo en efectivo sobre regalar nuestras riquezas y gravar nuestro porvenir.

Los párrafos anteriores son una vomitiva descripción del porfiriato. Pero don Manuel Gómez Morín escribió su carta a un amigo ya en 1926.

El bisturí abre nuestra “pobre ensangrentada humanidad y viviendo en el lodo”: No hay política sino escatología o teratología, enfangamiento de corrupción, de ignorancia y de pasiones, o manifestación de monstruosos y disformes fenómenos colectivos.

Dos años después -seguimos nosotros- en julio de 1928 fue asesinado el general reelecto Presidente, Álvaro Obregón. Se anunció al año siguiente el fin de la era de los caudillos para hacer de México un país de instituciones y de leyes.

El partido fundado por Gómez Morín y la Docena Trágica

Después del mandato del general Lázaro Cárdenas y la inauguración del presidencialismo civilista en 1946, contendieron por la presidencia de México un candidato socialista y dos comunistas: No rompieron el ciclo de hegemonía priista. Lo hizo el Partido Acción Nacional, no por accidente fundado precisamente por don Manuel Gómez Morín en 1939. El PAN ejerció, hasta 2012, dos periodos tipificados como La docena trágica.

En conclusión, de 1926, data de la carta de Gómez Morín, hasta 2020, ¿qué ha cambiado sustancialmente en México?

Un ruego en la “posmodernidad”:  No nos defiendas, compadre

Nuestro mexicano, corresponsal confidencial amistoso en Londres, resume un texto del Daily Mail de aquellos días: “Un pobre país con 15 millones de habitantes, tiranizados y asesinados a mansalva por un grupo armado, sin escrúpulos y sin plan, merece la atención del mundo civilizado y (ojo) de los Estados Unidos, su vecino, tienen ante ese mundo el deber de ayudarlo a ganar su independencia y su paz”.

Desde nuestra conseja popular, en respuesta a aquella prescripción del diario londinense de hace 94 años, podemos rogar: No nos defiendas compadre. No insistas en poner el banco de sangre en manos de Drácula. Es cuanto.

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