Voces del Periodista Diario

La guerra que no puede ganar Estados Unidos

Sinfonía Telúrica

Por Abraham García Ibarra

Cuando los nuevos iluminados se convierten en apasionados publicistas de la Sociedad de la información, en pleno siglo XXI no nos deja de asombrar, sin embargo, el catálogo de disciplinas que abarcaron individualmente los tratadistas europeos surgidos del periodo de El Renacimiento.

Ocupados básicamente en las Ciencias Naturales y su amplio universo de asignaturas, aquellos pensadores no le hicieron asco a la Política, a la que aportaron teorías clásicas que condujeron al Estado moderno. Ciencias Políticas y Sociales son materia imprescindible en los programas de las universidades públicas y privadas, en México como en el mundo.

Albert Einstein -científico de tres nacionalidades- nos dio en la primera mitad del siglo XX La Teoría General  de la Relatividad, que en 1921 le mereció el Premio Nobel de Física y coloquialmente el título de Padre de la bomba atómica.

Alguno de los biógrafos de Einstein subrayó una de sus profundas preocupaciones: Que su teoría se convirtiera en coartada del relativismo moral, de lo que se colige su inquietud por la suerte de la Humanidad.

Los científicos sólo deben ocuparse en mirarse el ombligo

Mientras Einstein exploraba el Cosmos, un contemporáneo pretendía tener los pies en la tierra. Max Web asignaba un papel políticamente neutro al científico: Consagrado a la ciencia por la ciencia misma, le tiene sin cuidado lo que otros vayan a hacer con ella; triunfos técnicos, económicos, alimentarse, vestirse, alumbrarse o mejor gobernar. Conforme ese dictamen, la vocación del político es antitética a la del científico. Dicho a la mexicana, zapatero a tus zapatos.

1938: En los oscuros umbrales de la Segunda Guerra Mundial

Esa rueda de molino ha sido colocada en el menú mexicano de la pandemia de Covid-19, cuestionando en la praxis la simbiosis científico-político. No parece haber nada extraño en esa pretendida exclusión entre ambas disciplinas, pues como weberiano se nos presenta un Chicago boy que ha abordado la cuestión recientemente.

La jocosa identidad anterior nos remite, por supuesto, a la Universidad de Chicago; la de Milton Friedman. Entre los blasones que exhibe este plantel, está que las investigaciones auspiciadas en sus laboratorios derivaron en la creación del primer reactor nuclear autosuficiente. ¿Para qué sirven los reactores nucleares? Se lo podríamos preguntar al intendente del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares…

Con base en la misma fuente, las investigaciones habrían sido dirigidas por el científico italiano Enrico Fermi. Éste recibió en 1938 el Premio Nobel de Física. Un año antes, los compadres Benito y Adolfo le habían metido brazas a la Guerra Civil Española (Un millón de muertos.) En 1939, Mussolini y Hitler le entraron, con europea alegría, a la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién ignora cuál fue la acción culminante de ese conflicto en Hiroshima y Nagasaki y quién la acometió?

En código postal de Estados Unidos, Los Padres de la Guerra Fría

De ahí siguió otra estrategia político-científico-militar desde los Estados Unidos: Sus diseñadores son reputados como Los padres de la Guerra Fría.

Podríamos caer en el delirio de la teoría de la conspiración sufrido al calor del coronavirus, pero sobre el tema hay obras editoriales de sellos serios estadunidenses e ingleses. Desde Londres, una confiable cadena de noticias circuló un bien documentado tema en 2019.

No estamos necesariamente hablando de la secta Calaveras y huesos de la Universidad de Yale, tan entrañable para los tecnócratas mexicanos. Se trata de científicos de élite -de carne, hueso y vísceras cerebrales-, cuyas tareas se ocupan de arsenales nucleares, satélites espías, armas bacteriológicas, etcétera, cuyos diseños, planos, modelos y pruebas experimentales son material clasificado puestos en manos del Departamento de la Defensa, de El Pentágono  y de Agencias de Inteligencia en nombre de la Seguridad Nacional.

La primera generación de esos genios apareció en los años sesenta. Medio centenar fue reclutado en centros de investigación de todo el mundo. Pese al secretismo, se le conoció como Los Jasons.

Cinco universidades de los Estados Unidos son tributarias de los órganos de Estado que se encargan de la guerra. Entre ellas sobresale la Universidad de Chicago que, en 2015, alardeó que, por sus propios medios, etiquetó casi 500 millones de dólares a la investigación científica.

738 mil millones dólares y 4 millones de tropa… y no pueden

¿De qué tamaño es el presupuesto de que disponen los gobiernos que combaten el coronavirus y con qué personal cuentan a ese fin? Por lo que toca a Europa, el martes se dio a saber que en Bruselas 27 gobernantes de la Unión acordaron liberar 750 mil millones de euros en créditos y subvenciones para aplanar los impactos económicos provocados por el Covid-19. Repetimos, 27 Estados.

Sólo en los Estados Unidos, Washington dispone  en gasto militar, únicamente para el ejercicio fiscal 2020, de 738 mil millones de dólares. El Departamento de Defensa comanda una fuerza de dos millones 130 mil soldados, infantes de marina, marineros  y aviadores; así como 826 mil activos de la Guardia Nacional y reservistas,  más 732 mil civiles. En suma: Un contingente de 3 millones 688 mil individuos, con los científicos de élite en el pent-house del búnker.

Ni así pueden los Estados Unidos con un escurridizo e indomable virus que hasta anoche había provocado el contagio en cuatro millones de personas, matando a 143 mil 190 víctimas.

En sus ocultos y humeantes laboratorios y con sus cabezas ardiendo, ¿de qué le sirven a la atribulada sociedad estadunidense sus científicos políticamente neutros? Y todavía algunos quieren que Max Weber se domicilie en México. Es cuanto.

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