Voces del Periodista Diario

México-USA: El síndrome de Estocolmo

La Piedra en el Zapato

Por Abraham García Ibarra

(Para las primeras semanas de 2003, la dirección de Imagen y Opinión Pública de la presidencia de la República percibía con inquietud que Vicente Fox empezaba a agotar el bono democrático que le endosaron los votantes en 2000. Una corriente intelectual concluía ya que el guanajuatense había abdicado a su compromiso de acabar con las tepocatas, víboras prietas y otras alimañas, y a su principal promesa de campaña: Combatir la corrupción.)

Cuando se acaban las ideas se empieza a fabricar manías

Existe en sicología y siquiatría un diagnóstico por el cual se sabe que, cuando las neuronas dejan de producir ideas, el individuo fabrica manías, asunto grave cuando se ejercen responsabilidades de Estado.

En Filosofía moderna, que trata cuestiones del especialismo académico-tecnocrático, una tesis establece que, conocimiento, no es sabiduría; don el segundo que se sustenta en la experiencia vital por el cual el hombre orienta sus pensamientos y decisiones que, en Política, repercuten en el todo social.

A propósito de siquiatría, tenemos un fenómeno: El mimetismo, proceso mental que induce a las personas a asimilarse a formas de conducta de terceros, que reproducen en su medio social de manera maquinal. En este caso, se habla del impulso a actuar bajo dictados extralógicos.

Cuando los chicos de los dieces tomaron el poder político

Pretenderíamos ilustrar el dato anterior con el cambio de los códigos de comunicación en uso. Verbigracia: Cuando los chicos de los dieces, que se autopresentaron cuadros de excelencia al tomar por asalto la Administración pública, tipificaron como mitos y dogmas los contenidos ideológicos y programáticos que guiaron los grandes movimientos sociales y políticos desde el movimiento de Insurgencia de 1810, hasta la Segunda Independencia de México -la económica-  en la década de los treinta del siglo XX.

En ese ciclo histórico, los mexicanos pasaron de la sociedad fluctuante, al Liberalismo; de aquí, al Estado Social de Derecho, idea-fuerza abandonada por los tecnócratas para dar paso al neoliberalismo; que no es más que mercantilismo salvaje recalentado.

En lo sucesivo, ya no se habló desde lo alto del poder político de futuro, sino de posmodernidad; no de pueblo, sino de sociedad; país, no Patria o Nación, Federación, no República; los compatriotas no lo son más; son simplemente, las y los. A la miseria la codifican ahora los estadígrafos como “pobreza extrema”.

No se privatiza el patrimonio nacional: Se “desincorpora” 

Al arbitrario y selectivo proceso de privatización del patrimonio nacional se le pretende disimular bajo el término, desincorporación. A los discrecionales poderes administrativos paralelos de la estructura de gobierno, se les propone como órganos autónomos del Estado.

En cuanto a Política exterior, en la que se ha dejado de lado la diplomacia, no se habla más de concierto de las naciones, sino de Grandes Ligas. Al Nuevo Orden Feudal Mundial se le maquilla como globalización.

En el reciente cuarto de siglo, en el que subyace el espectro de la impresentable democracia “representativa”, se publicita la transición democrática, que no es más que mera alternancia de denominaciones partidarias en ejercicio del Poder Ejecutivo, sin un verdadero y profundo cambio de régimen, socialmente justiciero.

A los pactos grupales, alianzas y complicidades contractuales en la gestión gubernamental se les conoce ahora como asociaciones público-privadas.

Entrega en abonos de la Soberanía Nacional y la dignidad

Lo destacable, en esa incesante y disolvente involución, es la entrega en abonos de la soberanía nacional -dogma, le llaman los que tienen vocación de súbditos-, sepultada bajo las pesadas lápidas de leoninos tratados internacionales, en los que México, como pariente pobre, queda en calidad de tributario, actuando compulsivamente de parte débil en una forma de inadmisible protectorado.

Estado fallido, es el nuevo marbete del Estado neoliberal. Volvemos otra vez a la sicología, no de las masas, sino del grupo dominante y de su representación política formal.

Puesta la clase “dirigente” mexicana en la condición de rehén, es fácil diagnosticar el Síndrome de Estocolmo. Perdido el sentido de identidad y de defensa propia, los que recibieron en las urnas la delegación del poder popular se han identificado progresivamente con las manías de sus secuestradores y mansamente han rendido su dignidad. Es cuanto.

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