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Opinión Óscar Tamez

Pancho Villa: 100 años de ausencia

Por Óscar Tamez

 

Francisco “Pancho” Villa fue personaje central en la Revolución mexicana, en torno a su personalidad se construyen historias, leyendas, mitos y hasta aspectos esotéricos, pocos conocen a Doroteo Arango Arámbula, pero todos saben de Pancho Villa.

Su muerte, ocurrida el 20 de julio de 1923, tiene como origen un complot en el cual participan diversos grupos de poder, hoy se sabe que EUA fue parte junto al presidente Álvaro Obregón y su segundo de a bordo Plutarco Elías Calles, quienes veían afectados sus intereses con la presencia de Villa y su potencial para organizar grupos armados, agregue entre los interesados en deshacerse de él a los terratenientes locales de Chihuahua (Terrazas y Creel), quienes vieron afectadas sus haciendas con las acciones sociales del caudillo.

En 1894, con apenas 16 años de vida, inicia la carrera delincuencial, se une a una banda de ladrones a la cual comandará tiempo después. Luego de esa etapa se asienta en Chihuahua, donde abre una carnicería y destaca como comerciante aceptado por la comunidad, al tal grado que al ser arrestado por la policía, derivado del disparo que dio al hijo del hacendado donde vivía, algunos miembros de la comunidad manifestaron apoyo en favor de Villa.

En 1910, a instancias de Abraham González se suma a la revolución convocada por Francisco I. Madero, siendo el segundo líder de grupo, apenas luego de Pascual Orozco.

Para explicar al caudillo revolucionario, debemos entender la transformación personal que sufrió en la cárcel entre 1912 y 1913; el Villa rupestre que entró a prisión, surge convencido del pensamiento democrático y la importancia de justicia social para los sectores desprotegidos. Su convivencia con Gildardo Magaña fue determinante en esta mutación ideológica.

Fue el último de los caudillos populares de la revolución pues a diferencia de los caudillos políticos no aspiraba a cargos públicos o en la administración gubernamental, quizá esto lo mantuvo en confrontación con Carranza, Obregón y Elías Calles, quienes veían en el movimiento revolucionario un espacio para el poder político.

Se puede especular sobre su presencia en la lucha armada, incluso algunos aseguran que el gran estratega era Felipe Ángeles, afirmar esto devalúa de un plumazo las cualidades militares del nacido en Durango.

Sin duda, Felipe Ángeles, al igual que otros grandes quienes acompañaron a Villa, fueron factor en los triunfos, pero no se puede negar su capacidad como estratega bélico.

El 13 de agosto de 1923, los gobiernos de EUA y México firman los tratados de Bucareli, apenas 24 días después de la emboscada en la cual pierde la vida Pancho Villa. Recientes investigaciones y documentos desclasificados en EUA revelan que el país vecino pedía “un castigo ejemplar” para el revolucionario, así lo expone Adolfo Arrioja Vizcaíno en su libro titulado La muerte de Pancho Villa y los tratados de Bucareli.

La muerte de Villa trajo paz a muchos. EUA cobra la afrenta a quien infirió la única invasión en tierra continental de esa nación. Álvaro Obregón logra el reconocimiento y legitimación a su gobierno, Plutarco Elías Calles se deshace de la piedra en el zapato que no veía en éste a un sucesor adecuado al gobierno del sonorense. Los Creel cobran venganza ante las afectaciones que le infligió el revolucionario.

Con su muerte alcanza la inmortalidad pública. Conocido como el Robin Hood mexicano por su nobleza al repartir dinero y alimentos entre los pobres, su persona trasciende al grado que hoy existen grupos que lo consideran digno de hacer milagros.

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